En Venezuela el periodismo ya nos es el cuarto poder

A los medios de comunicación se les llama el “cuarto poder”, por su papel crucial en el funcionamiento del Estado de Derecho y la Democracia. El término “cuarto poder” es un juego de palabras con respecto a la separación de poderes. Los tres poderes básicos: el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Los medios de comunicación no son un poder del Estado, pero dada su gran importancia para el funcionamiento de los otros tres poderes y de la sociedad hace tiempo que se les denominó como “cuarto poder”, como si fuera un poder más allá del Estado.

Lamentablemente, en Venezuela, especialmente por la censura, la desaparición de medios: impresos, radiales, televisivos .Por la persecución a comunicadores social y la detención, injusta por demás, de todo aquel que, en cumplimiento de su deber se atreve a denunciar, la profesión de Periodismo, se ha convertido en una tarea muy complicada, peligrosa y de pocas posibilidades para un ejercicio sano, bien retribuido económicamente, y con todas las ventajas para trabajar tanto en la calle como desde nuestras computadoras. Incluso hemos visto imágenes lamentables y detestables como la de una periodista esposada, como si de una delincuente común se tratara. Su crimen: informar sobre una situación irregular.

Se nota, se percibe en el ambiente. Los comunicadores sociales, estamos en medio de la diatriba política, donde no se nos ve con buenos ojos. Incluso, muy a nuestro pesar, hemos tenido que autocensurarnos para no ser objeto de asechanzas, amedrentamientos, ofensas, amenazas en contra nuestra integridad física y la de nuestras familias.

En más de una ocasiones sentimos deseos de expresarnos con vehemencia sobre un asunto que le afecta al país, pero tenemos que detenernos ante nuestro teclado. Pensar concienzudamente cómo vamos a emitir una idea. Revisar una y otra vez los contenidos. Intentar no herir susceptibilidades, para que lo que decimos no sea catalogado como “incitación al odio”, una frase que da para mucho y que es interpretada a discreción del que lee, con buena o mala intención. Ingeniárnosla para poder formular lo que queremos, pero de tal manera que nuestra integridad personal no sea vulnerada. Este no es el deber ser. No tendríamos por qué temer a represalias al ejercer con criterio y responsabilidad la profesión que escogimos, más cuando estamos amparados por nuestra Carta Magna en su artículo 57, donde establece:” Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura”. Sin embargo, la realidad que vivimos, no se compadece con el texto constitucional . Sí hay censura, a veces extrema. Y no es que nos hayamos vuelto “light”, como mencionó una periodista que vive en el extranjero y goza de todas las garantías para ejercer su profesión. Se trata, más bien de una actitud inteligente, de dejar una ventana abierta para que salga a la luz una noticia importante, sin que la “censura” nos cierre esa ventana de un solo golpe y para siempre. Porque, entre otras cosas, sabemos que llegarán mejores tiempos, con vientos de libertad, y las voces de los comunicadores podrán surcar los aires de nuestra patria, sin más obstáculos que los que nos impone nuestra ética profesional.

Sin nada qué celebrar, pero sí comunicar.

La colega Elsy Manzanares en un interesante artículo llamado Tiempos oscuros para el periodismo venezolano (eneltapete.com / 23-03-2019), escribe: “La censura, la autocensura, la represión contra periodistas, robos de sus equipos, deportaciones, allanamientos a medios, cierres definitivos y un sin fin de daños y acoso en contra de medios y periodistas han hecho que, en los últimos años, ejercer el periodismo en Venezuela sea una profesión de alto riesgo”… El escenario descrito por Elsy, es así, tal cual. Un escenario oscuro, preocupante y limitador para los que estudiamos a fin de ser mensajeros de la información que se produce en el devenir nacional e internacional.

Nuestro deber es continuar con coraje, fuerza, y creatividad. Tal vez pasando necesidades, con los zapatos rotos y los bolsillos vacíos. Ahora con mascarillas que nos tapan la boca peor no la conciencia. Seguir nuestra preparación constante. Leer, informarnos; no abandonar la literatura, el aprendizaje y la práctica en el uso correcto del idioma.

Los comunicadores sociales no solamente sabemos responder las cinco famosa preguntas de: ¿qué, cómo, cuándo, dónde, por qué? Por el contrario, debemos responderle a la sociedad misma que está pendiente de nuestra labor, y no podemos fallarle: ética, veracidad, compromiso, integridad para seguir en este camino donde las palabras bien expresadas son nuestro aval.

Desde Comunicación Continua y la Ciudad en la Radio, un abrazo fraterno a todos los colegas, pero muy especialmente a nuestro equipo de colaboradores: Laura Sobral (Táchira), Maria Virginia Venegas (Barinas), Marcos Moring (Caracas) , Marian Molina (Argentina), Daniel Vásquez (Argentina), Gabriel Labrado(El Vigía), Adan Contreras (Tovar), María Paris Angulo, Lawrence Parra, Judith Vega, Benjamin López, Freddy Criollo, Giovanni Cegarra, Arinda Engelke, Eduardo Castro, María Araque  y Franco Della Prugna, Gian Franco Dávila (Operador-asistente de producción), y a nuestra practicante Marcela Castro que aun cuando sin título en la mano todavía, ya lo tienen en su corazón lleno de pasión reporteril.

Tal vez, algún día, cuando un sol de emancipación brille para nosotros el periodismo venezolano vuelva a ser “un cuarto poder”.

A.E. L.L. C.C.

27-06-2020