A la comunidad de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales y a los profesores de la Universidad de Los Andes:

Somos hijos del pasado y, algunas veces, también prisioneros de nuestro tiempo. La verdad, cuando el poder intenta administrarla, suele adquirir una curiosa elasticidad: se acomoda a las circunstancias, a los intereses y a las narrativas de quien tiene capacidad para imponerlas. Precisamente por eso existe la Universidad: para preguntar cuando otros prefieren el silencio, para contrastar cuando se pretende imponer una única versión, para incomodar cuando callar resulta más conveniente. Para pensar, eso somos en escencia.

La Universidad de Los Andes se encuentra nuevamente ante uno de esos momentos. Después de dieciocho años sin renovación de sus autoridades rectorales, la comunidad universitaria transita un proceso que contempla para el próximo 7 de octubre la elección del cogobierno profesoral y, posteriormente, para el 11 de noviembre, la elección de las autoridades rectorales y decanales. No estamos, por tanto, frente a una elección rutinaria. Estamos frente a varias generaciones de profesores que nunca han conocido una Universidad en la que la renovación periódica de sus órganos de gobierno y cogobierno forme parte de la normalidad institucional.

Y allí comienza nuestra primera contradicción. Durante casi dos décadas aprendimos a resistir. Aprendimos a enseñar con salarios que dejaron de representar el valor del trabajo académico; a investigar con pocos recursos; a buscar otros empleos para poder seguir siendo profesores; a acompañar estudiantes; a cuidar instituciones y a continuar produciendo cuando abandonar parecía, económicamente, la decisión más racional. Resistir haciendo también ha sido una manera de construir Universidad.

Pero, no deberíamos confundir resistencia con destino. Muchos de quienes hoy aspiramos por primera vez a participar en espacios de cogobierno éramos profesores jóvenes cuando comenzó esta larga interrupción institucional. Si este proceso volviera a frustrarse, algunos podríamos estar próximos a la jubilación cuando llegara una nueva oportunidad. Hay algo profundamente generacional en ese hecho: una generación universitaria no debería pasar de joven a jubilada esperando la próxima elección. Por la democracia se lucha, no solo se escucha desde nuestro metro cuadrado.

Desde el Ministerio de Educación Universitaria se habría planteado una suspensión o prórroga del proceso alegando «situaciones cautelares» que hay que resolver. Una universidad seria no actua como si nada estuviera ocurriendo, se sientan en nuestra casa sin haber sido invitados y, ¿No vamos a protestar?

Aquí aparece uno de los problemas que da título a estas líneas: la intervención. La autonomía no significa que la Universidad esté fuera de la ley ni que sus actuaciones sean inmunes al examen jurídico. Significa algo más duro de practicar: que ante cualquier controversia debe resolverse respetando las competencias, los procedimientos y las garantías que hacen posible su autogobierno y así debemos demandarlo. Si existen objeciones jurídicas al proceso, deben conocerse. Si existen irregularidades, deben precisarse. Si existen argumentos, deben exponerse. Las objeciones que se nos hacen deben ser por todos conocidas.

Sin embargo, queridos colegas, existe otra amenaza, la apatía. Mientras discutimos una eventual intervención externa roja, deberíamos preguntarnos también qué ocurre dentro de nuestra propia casa. ¿Dónde están nuestras voces? ¿Dónde están quienes aspiran a gobernar o cogobernar esta Universidad? ¿Dónde están las facultades, los gremios y los candidatos cuando la institucionalidad que pretenden conducir entra en una zona de incertidumbre?

No pedimos unanimidad. Sería absurdo pedirla en una Universidad. Pedimos algo mucho más elemental: Fijar posición. Un «Yo propongo, Yo apoyo, Yo cuestiono o Yo me opongo». no caería mal. Y es que también existe una forma universitaria de abdicar: esperar prudentemente para conocer el desenlace antes de decidir qué pensábamos sobre él y participar en el proceso.

Esta reflexión adquiere una dimensión particular en nuestra propia casa. FACES tiene un Decano, un candidato único a Decano, cinco candidatos a cargos de autoridad universitaria y aproximadamente el diez por ciento de los candidatos al Consejo Universitario. No se trata solamente de una estadística electoral. Es una expresión del peso que nuestra Facultad tiene en este momento y, por ello mismo, de la responsabilidad institucional que le corresponde asumir.

Creemos necesario que FACES pueda pronunciarse como comunidad frente a lo que está ocurriendo en nuestra Universidad. Los caminos electorales podrán separarnos. Cada candidatura representa proyectos, sensibilidades, trayectorias y concepciones diferentes de la institución; eso forma parte natural de cualquier proceso democrático. Pero, hay circunstancias en las que la historia y la responsabilidad de una Facultad deberían ser capaces de ponerse por encima de las diferencias electorales. Creemos que esta es una de ellas.

Somos una Facultad de la que han surgido rectores y vicerrectores; una Facultad de profesores preparados para comprender la economía, las organizaciones, las instituciones y el poder; una Facultad de investigadores y de estudiantes que históricamente han sabido cuestionar la realidad que les corresponde vivir. Precisamente por esa tradición, mal podríamos mirar hacia otro lado cuando nuestra Universidad atraviesa una circunstancia de esta naturaleza.

La paradoja sería particularmente incómoda para FACES. Enseñamos economía, organizaciones, instituciones, comportamiento, incentivos, poder y toma de decisiones. Sería extraño que pudiéramos explicar todos esos fenómenos dentro de un salón de clases y permaneciéramos mudos cuando aparecen, con toda su complejidad, delante de nosotros.

No todos hemos tenido la oportunidad de ejercer cargos de dirección. Algunos hemos conocido la Universidad desde otros lugares: desde el aula, la investigación, el gremio, la protesta, la administración cotidiana y el acompañamiento de nuestros maestros y estudiantes. No reclamamos heroicidades ni pretendemos desconocer el trabajo realizado por quienes han asumido responsabilidades institucionales durante estos años. Reconocemos a quienes lograron construir y preservar espacios en circunstancias extraordinariamente adversas. No obstante, el reconocimiento del pasado tampoco puede convertirse en una licencia para la inmovilidad presente.

Por eso, este momento trasciende cualquier candidatura. El 7 de octubre, conforme al cronograma establecido por la Comisión Electoral Central, los profesores están llamados a escoger representantes ante las distintas instancias del cogobierno universitario. La pregunta incómoda es ¿Defenderemos juntos este proceso o las parcelas identitarias se apoderarán nuevamente de nosotros? Después de tantos años, quizá el desafío no sea demostrar nuevamente que sabemos resistir. Eso ya lo hemos hecho. El desafío es comprobar si todavía sabemos construir consensos políticos.

La autonomía no se conserva pronunciándola en los discursos ni invocándola únicamente cuando está amenazada. Se conserva ejerciéndola, y en ese sentido, creemos que un apoyo masivo de la FACES al proceso y a la comisión electoral sería demostrarle a los colegas lo que somos capaces de hacer en momentos donde nos aprietan el bolsillo, el alma y el corazón.

Atentamente,

Prof. Luis Oviedo

Departamento de Economía
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
Universidad de Los Andes

Prof. Jorge Bastidas
Departamento de Contabilidad y Finanzas
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
Universidad de Los Andes
Mérida, Venezuela

2 de octubre de 2026