Entre la salud y el hambre

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

Las contracciones económicas están contribuyendo a prolongar y agravar las crisis alimentarias por alteraciones climáticas, que debilitan la seguridad alimentaria y la nutrición, especialmente, donde las desigualdades socioeconómicas son mayores. Las perturbaciones económicas, también han extendido y empeorado los efectos de los conflictos y de los fenómenos sociales. En estos tiempos de Pandemia la situación ha tendido a gravarse, sobre todo en Naciones donde los sistemas políticos, sociales y económicos son más frágiles.

En Venezuela la desaceleración y contracción de la economía, así como la mala administración y la corrupción ha provocado el empobrecimiento masivo de la población, inseguridad alimentaria de grandes proporciones y situaciones de hambre que impulsaron la salida de los venezolanos hacia otros países, en multitudes, nunca antes vistas en América Latina. Este éxodo masivo, produjo serios problemas económicos y sociales en los países vecinos, que no estaban preparados para recibir 4,5 millones de migrantes venezolanos. El coronavirus está afectando severamente a muchos de los países receptores, forzando a muchos connacionales a regresar, en condiciones peores a las preexistentes. Venezuela se encuentra en los últimos tres puestos a nivel planetario, entre los países con alto riesgo de una emergencia o un deterioro significativo, de su seguridad alimentaria y la agricultura, con efectos severos, de acuerdo a informes de la FAO/ONU.  

La inseguridad alimentaria en Venezuela desempeña un papel importante como factor determinante de la malnutrición que afecta a la población. Las características son particulares, en cuanto a una distribución desigual geográfica, social, económica y del grado de severidad, moderado o severo. En ambas circunstancias la capacidad de las personas para obtener alimentos y mantener, la calidad y la cantidad de la dieta que consume está muy limitada, se alteran los hábitos alimentarios normales y omiten comidas debido a la falta de dinero u otros recursos. Cuando la inseguridad es grave, ya las personas no tienen alimentos, han pasado varios días sin comer, lo cual pone en peligro su salud y bienestar. Esta situación genera el incremento de la malnutrición en todas sus formas y del hambre oculta en la población más vulnerable, niños, mujeres embarazadas y adultos mayores, siendo su impacto mayor en los más pobres. Descripciones confirmadas por la última encuesta de condiciones de vida ENCOVI-2020.

La situación política, económica y social, en los últimos 7 años, ha provocado el quiebre de la institucionalidad de la salud, lo social y de la infraestructura productiva del país, que gradualmente han derivado en un grave deterioro de la dignidad y del bienestar de los venezolanos. La situación sucede en medio de la opacidad de información sobre las condiciones de vida, acceso, disponibilidad alimentaria, estado nutricional, cuidado de la salud, y de las severas consecuencias que la prolongada carencia ejerce en la población. El coronavirus obviamente profundizo los males, sin embargo, lo que se sufre es la consecuencia de un modelo inservible, profundamente corrupto y violador de derechos fundamentales. La deficiencia en los servicios de agua, energía eléctrica, gas y transporte, es otra de las causas que vulnera la inocuidad y seguridad de los alimentos e incumple con una de las dimensiones de la seguridad alimentaria.

La crisis humanitaria en Venezuela y el colapso del sistema de salud han generado una peligrosa situación que favorece una rápida propagación del virus en la población en general, condiciones de trabajo inseguras para el personal de salud y un alto índice de mortalidad entre pacientes que necesitan tratamiento en hospitales. Las cifras recientes de fallecidos exponen la vulnerabilidad del personal de salud, ante agresividad y letalidad del COVID-19, por la ausencia de material de bioseguridad. El sistema de salud de Venezuela ha colapsado. La escasez de medicamentos e insumos médicos, la interrupción del suministro de servicios públicos básicos en centros de salud y la emigración de trabajadores sanitarios han provocado una reducción acelerada de la capacidad de proveer atención médica. El País está entre los últimos lugares del Índice de seguridad sanitaria global, ubicándose así entre los menos preparados para mitigar la propagación de una epidemia.

Los ciudadanos ante las condiciones de genocidio impuestas por el régimen se debaten entre comer o medicarse, lo cierto es que la gran mayoría no puede hacer las dos cosas. Los jubilados y pensionados asumen los riesgos en su salud, originados por la interrupción de sus tratamientos médicos, los fármacos para hipertensión, diabetes y antidepresivos son inalcanzables con la miseria que reciben. Escasamente existe programas muy disminuidos para pacientes con cáncer, quienes deben mendingar para lograr conseguir sus tratamientos, algunos languidecen en el camino.

Es urgente una respuesta humanitaria a gran escala, liderada por la ONU que llegue al interior del país, permitiendo el acceso pleno del programa mundial de alimentación de la ONU y sus socios, para brindar un volumen importante de asistencia humanitaria en todo el territorio. Permitir que los trabajadores de salud puedan realizar su trabajo, sin represalias y que circulen libremente con salvoconductos y suministro prioritario a combustible. Es urgente y prioritario asegurar la provisión de alimentos y medicamentos, para una población abandonada a la deriva, por quienes recibieron el beneplácito para ejercer el poder en sus distintas instancias. Tanta desidia es inaceptable e insoportable.           

gguillermorb@yahoo.com

@germanrodri

@germanoveja