Entre miedos

Por: Rosalba Castillo…

Dando una mirada a nuestros tiempos recientes encontramos que el temor se apoderó de nuestros días y de nuestro ser. Uno de los miedos más grandes que padecemos como humanidad es el de estar solos, por ello nos han enseñado a cubrir nuestros espacios con cosas que vienen de afuera. Siempre nos estimula querer sentirnos seguros: dinero, inmuebles, autos, comida, afectos, personas, simbolizan esa estabilidad que nos brinda seguridad. Afortunadamente, logramos descubrir cuan solos estamos al estar rodeados de objetos. Sin embargo, nuestra batalla por ese bienestar superficial se mantiene.  El aislamiento, nos produce miedo, tristeza, agobio. Tenemos una cantidad de momentos que nos dejan una sensación de estar en situación de temor. Y el miedo a estar solos es un factor común en los humanos.

De una forma maravillosa estamos acompañados por nuestros afectos y relaciones, durante la permanencia en diferentes espacios de tiempo. Algunos durante veinte, quince, diez cinco o un año, o tan solo un día. Independiente de cómo nos sentimos, contamos con la presencia de personas.  En ocasiones estamos muy bien, con esas figuras, pero en otras no. Es normal que tengamos momentos de inconformidad, malestar, de incertidumbre, pero no, que hagamos normal esa realidad. Siempre conocemos que nos pasa cuando tenemos un quiebre en nuestras vidas, en nuestros trabajos, en nuestras comunidades, en nuestras relaciones personales y con nosotros mismos. Somos sabios al diagnosticar nuestro sentir, pero también al conocer cuál es la decisión que nos hará mejorar. Sin embargo, nos falta la fuerza para hacerlo. Ese instante de coraje.

En estos días oscuros de pandemia nos hemos logrado ver en retiro, dada las circunstancias que vivimos nos han llevado a ese viaje interior donde comprendimos la magia de la soledad. Ahora sabemos dónde no queremos estar y con quien si deseamos compartir. Se nos hace necesario de manera urgente que esa nueva manera de observarnos podamos llevarla a la realidad, a nuestra realidad.  Estos días, en los que hemos pasado una de nuestras más grandes crisis, la lección que nos ha dejado, es poder saber que la vida hay que dejarla fluir. Quien no quiere estar, se va. Quien no quiere hablar, hace silencio. Quien desea amar, solo se entrega al amor: sin forzar, sin restricciones, sin presiones. Necesitamos ser los conductores de nuestra propia existencia. Retornar a nosotros mismos, en esa vuelta al ser. San Agustín, proponía con insistencia, el retorno a uno mismo, la vuelta al corazón.

Estamos diseñados para llegar a nuestra mejor versión. No nos desgastemos en sufrimiento, en angustia, en dependencia. Dejemos de acostumbrarnos a estar mal.  Es normal tener situaciones difíciles. solo no quedarnos pegados en ellas. No nos dejemos atrapar en estados negativos que solo se van a visibilizar en dolores de cabeza, de espalda, insomnio, angustia, tristeza. La vida es la gran aventura. Nuestra gran aventura, nuestra gran batalla. Si no podemos tomar decisiones para salir de nuestros agujeros, tenemos el riesgo de quedarnos en la queja, en lugar de la pasión. Estamos en momentos de cierre de un año, busquemos la plenitud. Si no lo logramos pidamos ayuda. Siempre hay alguien que nos quiere escuchar. Siempre hay profesionales que tienen herramientas para ayudarnos a encontrar ese momento de fuerza para tomar el GPS en nuestras manos.

Vivamos las decisiones. Tomémoslas diariamente de manera feliz. Hagámonos cargo de ellas.  Encontremos ese segundo de fuerza para dejar de lado aquello que nos impide disfrutar esta breve vida. Cuando tomamos el campo de la elección, cambiamos la actitud frente a nuestra inteligencia más allá de lo emocional, logramos la espiritualidad. Cada encomienda del universo trae secretos. Siempre seremos capaces de caminar solos o en compañía. De la calidad como nos conectemos con nuestros deseos interiores dependerá la calidad de nuestra existencia. Para trascender requerimos de lo mejor de nosotros mismos.

Si en definitiva nos resulta imposible enfrentar el cambio por circunstancias externas, nos queda asumirlo desde una actitud diferente, frente a las situaciones que atravesamos. Siempre podemos ir con más alegría, fuerza y resiliencia al camino de vivir. Lo importante es encontrar la paz en nuestro andar y sobre todo disfrutar de cada instante de esos que la conforman. No estamos solos, nos tenemos a nosotros mismos. Abandonemos los miedos, vivamos con alegría. Elijamos ser felices.

rosaltilloyahoo.com

18 11 20221