¿Es lícito o no pagar el tributo al César?

(Mateo 22, 15-21)

Los secuaces de los fariseos y los herodianos intentan atrapar a Jesús con la pregunta que hoy titula la siguiente reflexión, y desde la cual podemos comprender las relaciones entre la autoridad terrenal, la conciencia y la soberanía de Dios.

Hoy la Iglesia celebra el DOMUND, acrónimo de Domingo Mundial de las Misiones. De esta obra, nacida bajo el pontificado de Pío XI en 1926, celebramos todos como Iglesia Católica 100 años de feliz existencia, y así entendemos que durante un siglo el DOMUND nos ha recordado que el compromiso del bautizado va más allá de las fronteras nacionales o políticas.

Esto nos lleva a las OMP —las Obras Misionales Pontificias—, esto es, la institución oficial de la Santa Sede encargada de sostener la actividad misionera de la Iglesia en el orbe.

Dije: “el compromiso del bautizado va más allá de las fronteras nacionales o políticas”; es decir, sin desestimar ni demonizar el trabajo de la autoridad terrenal, el Señor nos reprocha nuestra falta de amor hacia Él y la dispersión de nuestra espiritualidad bíblica y católica en múltiples elementos mundanos. Por eso, es sumamente provechoso salir a misión, “para abrir ante él [el Señor] los portones y que no quede nada cerrado” (Primera lectura: Is 45, 1.4-6).

En la larga trama de la misión libramos largas y duras batallas —volvamos a pensar en la trampa en la que pretendían enfrascar a Jesús fariseos y herodianos— y, sin embargo, Él mismo afirma: “den al César lo que es del César”. Con esto, de ninguna manera Él promueve la anarquía o invita al desconocimiento de las estructuras cívicas y de nuestros deberes, pero sí define su alcance; o sea, la autoridad política tiene una jurisdicción temporal, limitada y relativa. De hecho, claramente entona el salmista: “pueblos del orbe”, al Señor “tribútenle honor en su nombre” (Salmo 95).

Para la misión, Dios nos nutre el espíritu y en ella dejamos que su soberanía nos conduzca; ello no lo procuramos por nuestra propia cuenta, porque hay que “dar a Dios lo que es de Dios”. Por consiguiente, pregunto: ¿qué lleva la imagen de Dios? El hombre. En consecuencia, el Señor no pide un denario: pide nuestra dignidad, nuestro corazón y nuestra vida. En efecto, ningún poder civil puede reclamar la soberanía absoluta sobre la conciencia.

El ser humano lleva la imagen de Dios; así, la labor de la misión, tanto en nuestra geografía como fuera de ella, radica en velar para que esa imagen no sea pisoteada por la injusticia, la indigencia o la falta de fe. Apoyar la misión, tanto religiosa como económicamente, es presentarle a Dios la dignidad de sus hijos en todo el mundo.

En estos 100 años del DOMUND enaltecemos en nuestra Diócesis Acarigua-Araure, en cada una de sus parroquias, en toda Venezuela y en el mundo el lema: “Uno en Cristo, unidos en la misión”, puesto que el mismo nos llama a la unidad universal, y también a profundizar y hacer realidad que el Evangelio no busca el dominio político, sino la transformación de las estructuras de “los pueblos de la tierra” desde la caridad y el testimonio. En fin, repitamos y hagamos invocación por todos los misioneros con estas palabras de Pablo: “En todo momento damos gracias a Dios por ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones” (Segunda lectura: 1 Tes 1, 1-5).

Agradecidos con todos ustedes por su plegaria por la salud del Papa León XIV y de todos los enfermos. A la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto, de San José Gregorio Hernández Cisneros y Santa Carmen Rendiles.

18-10-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com