IIES-FACES-ULA

La sostenibilidad alimentaria constituye uno de los grandes desafíos de la sociedad contemporánea, es decir en un mundo donde millones de personas enfrentan dificultades para acceder a alimentos suficientes y nutritivos, resulta necesario preguntarse si es posible garantizar la alimentación de la población sin comprometer los recursos naturales de los que dependerán las generaciones futuras. La respuesta es afirmativa, pero requiere transformar profundamente los sistemas agroalimentarios, desde la producción hasta el consumo.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO,2004) ha planteado que la agricultura sostenible debe satisfacer las necesidades presentes y futuras, garantizando simultáneamente la rentabilidad económica, la protección ambiental y la equidad social, desde esta perspectiva, la sostenibilidad alimentaria no consiste únicamente en producir más alimentos, sino en asegurar su disponibilidad y accesabilidad a largo plazo.

Sin embargo, las condiciones actuales evidencian importantes contradicciones, esto puede observarse en el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2024, elaborado por la FAO y otros organismos internacionales, advirtiendo que el planeta no avanza al ritmo necesario para erradicar el hambre y la inseguridad alimentaria hacia 2030 (FAO et al., 2024). Esta situación demuestra que la producción de alimentos, por sí sola, no garantiza una alimentación adecuada para toda la población, todo ello aunado a condiciones como la pobreza, las desigualdades económicas, los conflictos y las dificultades de distribución que también condicionan el acceso a los alimentos.

En este contexto, se suman los impactos ambientales, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, 2022) ha estimado que los sistemas alimentarios generaron aproximadamente el 31 % de las emisiones antropogénicas mundiales de gases de efecto invernadero en 2018, asimismo, avanzar hacia la sostenibilidad exige mejorar las prácticas agrícolas, proteger los suelos, gestionar responsablemente el agua, conservar la biodiversidad, reduciendo además las emisiones asociadas a la producción y distribución alimentaria.

Del mismo modo se presenta otro desafío fundamental que es el desperdicio de alimentos, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, 2024) estimó que para el año 2022 se desperdiciaron alrededor de 1.050 millones de toneladas de alimentos en los hogares, los servicios de alimentación y el comercio minorista, desde esta cifra se evidencia la necesidad de fortalecer la planificación del consumo, mejorar la conservación de los productos aunado a la promoción de estrategias para el aprovechamiento de excedentes.

En este sentido, la sostenibilidad alimentaria es posible, aunque no constituye un resultado automático del desarrollo tecnológico ni del incremento de la producción. Para ello se requieren políticas públicas coherentes, innovación agroalimentaria, participación de los productores, responsabilidad empresarial además de cambios en los hábitos de consumo, asimismo, demanda sistemas de distribución más eficientes y oportunidades económicas para las comunidades rurales.

En todo caso, garantizar una alimentación sostenible implica reconocer que producir, distribuir y consumir alimentos son procesos interdependientes. El desafío consiste en construir sistemas agroalimentarios capaces de alimentar a la población, proteger los ecosistemas, distribuyendo sus beneficios de manera equitativa, del mismo modo más que una meta inalcanzable, la sostenibilidad alimentaria representa una posibilidad real cuya concreción dependerá de las decisiones colectivas y de la capacidad de transformar las prácticas económicas, sociales y ambientales que sostienen nuestra alimentación.

MSc Daniel García.

IIES. FACES. ULA.

10-10-2026