En las venideras elecciones presidenciales del 28 de julio, no pocas encuestas se han dado la tarea de proyectar los eventuales resultados dadas las fuentes de información con las que cuentan o tienen a la mano. Esto además tiene un significado en el elector, pues valora su elección al ponderarla en función de la elección colectiva según la tendencia ganadora, es decir, se genera un proceso de confirmación de la preferencia sobre si la elección individual es parte de la tendencia mayoritaria o no. De allí la importancia que tienen las encuestas y sondeos de opinión pública sobre las preferencias políticas en un evento electoral de tales características.
Sin embargo, aunque pueda tenerse cierta claridad sobre la tendencia de los resultados globales según las encuestas que llevan a cabo estos estudios en el país, quizá sea pertinente hacer una exploración de los posibles escenarios a considerar por regiones, sobre todo si se toma en cuenta la variabilidad en el ingreso medio y condiciones socioeconómicas que hay entre las principales ciudades y el resto de regiones del país. Según la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (ENCOVI) 2023, existe una marcada desigualdad territorial, que se puede constatar en dos variables críticas: Pobreza Multidimensional y Pobreza de Ingresos. El presente artículo busca analizar los posibles impactos de esta realidad sobre los resultados electorales.
Al respecto, la ENCOVI define 8 ciudades principales como las de mayor incidencia de actividad económica. En promedio la pobreza multidimensional en la Gran Caracas se sitúa sobre el 33.5%, y sobre 51% para las otras ocho ciudades, mientras que la pobreza de ingresos extrema se ubica en 47.4% para la ciudad capital y aproximadamente 50.5% para las demás ciudades de la muestra. Estos datos son bastante llamativos cuando los contrastamos con el resto del territorio nacional, comprendido por ciudades secundarias, pueblos y zonas rurales. Donde se evidencia, en el caso de la pobreza multidimensional en promedio, casi un 70%, y para la pobreza extrema de ingresos, un 66.4%. Es decir, mientras que en las ciudades principales del país 4 de cada 10 personas están en pobreza extrema, este número asciende a casi 7 de cada 10 en el resto de la geografía nacional.
Cabe pues aquí la pregunta, ¿qué impacto tiene esta situación en los posibles resultados de una elección presidencial?, entendiendo que el rol que juegan las políticas públicas y el modelo económico, que configuran tal desigualdad de ingresos entre regiones, son impulsados por el ejecutivo nacional como un política de Estado, donde la variables políticas y económicas se funden en una misma cosa para el ciudadano venezolano.
Al respecto podemos partir de dos escenarios:
El primer escenario, en que aquellas regiones con mayor presencia del Estado en cuanto a atención de los servicios públicos y en la vida económica en general, donde la recuperación económica se ha visto más favorecida, como es el caso de la Gran Caracas y ciudades centrales, haya mayor propensión marginal a votar por el continuismo de las actuales políticas de gobierno. Y, por el contrario en aquellas regiones periféricas más olvidadas, con mayores dificultades de acceso a los servicios públicos, donde impera la pobreza y la recuperación económica es casi inexistente se dé mayoritariamente el llamado voto castigo. Quedando así configurada una situación donde el margen de diferencia de votos en las regiones centrales es más corto y en las regiones periféricas es más amplio.
El segundo escenario sería uno donde esta diferencia entre la distribución del ingreso por regiones no tiene incidencia electoral, es decir, en las regiones periféricas de mayor incidencia de pobreza se mantiene la misma distribución de porcentajes electorales que en las regiones centrales del país, o bien porque la brecha entre el voto castigo y voto continuista sea de un margen corto, o bien por que en ambas regiones, tanto la de altos como la de bajos ingresos el margen de votos entre oficialismo y oposición se vea amplio y tenga un impacto significativo en los resultados de la elección presidencial.
Siguiendo este análisis centro-periferia a lo interno de la geografía política-económica venezolana, veamos que dicen los datos, dados los dos escenarios planteados. Según el Consejo Nacional Electoral (CNE) y diversas encuestadoras con estudios realizados a fecha 15/07/2024, existe un total de 21.392.464 electores registrados, de los cuales hay 4.500.000 en el exterior que no pueden votar, lo que nos deja un universo electoral de 16.892.464 neto de electores. En promedio se estima una abstención del 30%, con lo cual podríamos decir que al menos 11 millones de personas en todo el territorio nacional votarán.
¿Qué sucede si se analiza estos mismos datos estadísticos por regiones?, se encuentra algo muy interesante. Si tomamos las 8 ciudades centrales con mejores condiciones de vida según la ENCOVI: Caracas, Miranda, Valencia, Maracay, Barcelona, Puerto La Cruz, San Cristóbal y Ciudad Guayana; encontramos que la población electoral correspondiente a los estados de estas ciudades según el CNE, y ya descontados los electores fuera del país y la abstención, es equivalente a aproximadamente 5.600.000 electores efectivos, es decir, casi la mitad de la población total que se estima votará el 28 de julio.
La otra mitad se encuentra distribuida en el resto del territorio, las regiones periféricas, donde están incluso Zulia, Lara, Falcón, Monagas, Mérida o Barinas, que si bien tienen una población electoral importante, no salen bien paradas en términos económicos y de distribución de ingresos, donde se evidencia mayor incidencia de pobreza, falla de servicios públicos y desidia o falta de políticas públicas adecuadas.
De acuerdo a estos datos, podríamos concluir que de darse el primer escenario planteado, los resultados de cara a las elecciones presidenciales serían más cerrados, es decir una brecha menor entre oficialismo y oposición , dado que tendría incidencia en la mitad de los electores los privilegios económicos de las llamadas “zonas burbujas” de las ciudades centrales. Tendría un efecto derrame sobre el elector medio como percepción de mejoras en sus condiciones socio-económicas y ganaría enteros la opción del continuismo, es decir, prevalecería la tesis de “Venezuela se Arregló”, a pesar de las sanciones. En la práctica esto sería el equivalente a que la brecha mayor de votos en las regiones periféricas sería compensada por una menor brecha en las regiones centro.
Por otro lado, si se da el segundo escenario estaríamos en presencia de que una brecha amplia entre el voto castigo y el voto continuista no es compensada. Esto es, el efecto ingreso de las regiones centrales sobre las preferencias electorales sería nulo o poco significativo, aún con una mejora sustancial en sus condiciones medias de vida en relación al resto de regiones periféricas del país, no tendría repercusión en un sentido de mejora general y prevalecería la tesis del plan “Venezuela Tierra de Gracia”, ganando así, el sentimiento de que un cambio de rumbo político-económico para el país es necesario y es lo que la gente quiere.
Econ. Adalberto Alvarado
Profesor e Investigador IIES-ULA
24-07-2024
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