Estamos en camino

La frase del título indica dos aspectos básicos de nuestra vida: Uno, la comedida autoridad inspira un querido recorrido a través de un temor respetuoso; y dos, en este recorrido podemos topar lo confuso y lo absurdo como tendencias conservadoras, ¿de qué?, de proyectos sin ninguna orientación definida, a los cuales ansían mantener indefinidamente sin causar el menor impacto de santidad en quienes los forjan ni a quienes los dirigen.

Estamos en camino, no es una broma, pero, en el camino tampoco debe faltar el buen humor; éste no es forzoso, mucho menos controlado. Así, el camino es llevadero y transgrede las fronteras del odio, de la hipocresía, porque quien camina, en el fondo siente la nostalgia, positiva pues le impulsa hacia adelante, de llegar a un fin; entonces, ¿será aún posible pensar y comunicar que “llegar a un fin”, tiene como la mejor de las motivaciones, indistintamente a todo ser humano, la de la santidad?

Esta palabra “santidad”, algunos la han ridiculizado, incluso en ambientes en donde indiscutiblemente debería ser “proyecto de vida”, y, por ende, viendo tal actitud otros la han considerado una simple construcción lingüística y social.

Cierto, en el camino de la vida hay unos saltos muy desconcertantes, y entre estos está el de quien anhela comprarse los hábitos de un emperador, con lo cual oscurece su personalidad entre los intrincados laberintos de las hegemonías de poder, pidiendo a la vez no sea revelada su identidad; un itinerario así hacia la santidad hace mucho ruido y es, por lo demás, intencionadamente fantasioso.

Volvamos a lo humanamente genuino, a la llamada de Jesús a sus cuatro primeros seguidores, —por ende, Santiago es llamado “Mayor” porque  figuraba en este grupo—, y descubramos que esta llamada no fue hecha a estatuas puestas en las plazas, sino a persona reales que han creído, sufrido, llorado, reído, esperado. Han dejado todo y han seguido el itinerario de un seguimiento radical al Nazareno; y Santiago, pescador de carácter “impetuoso” (hijo del trueno, lo llama Jesús, o sea, “alborotador”), supo demostrarle a Cristo, (fue asesinado a espada por Herodes Agripa), que de frente a la santidad la charlatanería, la indiferencia, la hipocresía, la violencia, no dicen nada; más bien, con estas acciones nos abstenemos de dar buen ejemplo.

Desde luego, la santidad implica toda la humanidad, y la esperanza en un “cambio a lo mejor” sea personal o social, elude la tentación de apreciarlo cual fraude consciente o autoengaño; con la esperanza y en ella hacia la santidad, de ningún modo nos aventuramos en un terreno desconocido; al contrario, por ella sobresale el empeño de nuestro espíritu de evitar ocultar sus debilidades, sino, más bien, con alegría asumirlas, superarlas y avanzar.

En fin, la vivencia de la esperanza en los seres humanos no es homogénea, pues cada quien desvela su inmutable significado en el lenguaje de sus palabras y de sus obras.

Pbro. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com

25-07-24