Estamos en el fondo y seguimos cayendo

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

 Los países siempre pueden estar en una posición peor a la que viven en la actualidad. A pesar de que pareciera que nuestra nación puede llegar a tocar fondo, las dificultades que vivimos los venezolanos nunca se agotan; por el contrario, la posibilidad de un rebote surge cada día más lejana. La experiencia traumática que vivimos es consecuencia de decisiones diferidas, apostando a la Providencia. El gobierno no cambia de actitud, tampoco realiza un proceso reflexivo para comenzar a luchar por corregir el camino. El descuido experimentado por la clase gobernante nos metió en el foso, lugar oscuro, subterráneo, calificado por el propio presidente Maduro como “el pueblo en las catacumbas”. Hay señales que muestran la gravedad de los problemas presentes, por lo tanto es urgente realizar los ajustes necesarios inmediatamente. Existen desilusionantes resultados en el año 2016 en lo económico y social que apuntan a la continuidad de la caída.

Un examen más detenido da motivos para alarmarse y en consecuencia es necesario exigirle al gobierno la adopción de medidas económicas que permitan la corrección del rumbo. La simplificación del sistema cambiario luce impostergable pues la unificación es la única opción viable en este momento; la grave escasez de alimentos y medicinas que azota a la población es una consecuencia de las desviaciones y errores de la política económica. Adicional a la unificación cambiaria, es fundamental la sustitución de subsidios indirectos por subsidios directos a las familias de menores ingresos, vulnerables a cualquier programa de ajuste económico necesario. La unificación establece una sola tasa de cambio, sustentando en un solo parámetro el proceso de arbitraje de precios, con lo cual la planificación financiera se hace más confiable y predecible, minimizando los riesgos de las decisiones. El esquema de control de las divisas ha producido corruptelas inimaginables: desde los 25 mil millones de dólares de Giordani, hasta los últimos casos ventilados, reflejan las “bondades” del sistema de control para permitir el enriquecimiento feroz de una clase privilegiada, en perjuicio de las grandes mayorías. El ensayo experimentado con las casas de cambio de frontera demostró la avería de la medida y la incapacidad de la clase gobernante para adoptar medidas que busquen corregir los males presentes en la economía; el tanteo sirvió para que una calaña obtuviera provecho de la improvisación.

En los primeros años del control de las divisas y fundamentado en la renta petrolera, el gobierno logró la distribución del ingreso realizando transferencias, sin importar la destrucción experimentada en el aparato productivo nacional, las importaciones socavaron la capacidad competitiva de nuestra industria, afectando la sustentabilidad de las iniciativas. El incentivo perverso de adquirir dólares baratos en un mercado controlado y colocarlos en un mercado secundario, con el transcurrir del tiempo en la aplicación del control motivó la voracidad insaciable de la cúpula cívico militar gobernante, ya que las diferencias entre las tasas producían rentabilidades escandalosas.

Para evitar las presiones inflacionarias de la expansión monetaria recurrente realizada por el gobierno, es esencial eliminar el financiamiento monetario del BCV al Ejecutivo, evitando la tentación malsana del gobierno de incrementos salariales hemorrágicos.

La reciente encuesta sobre condiciones de vida en Venezuela (Encovi), realizada a 6.500 familias por las principales universidades del país reveló que 82 % de los hogares venezolanos vive en pobreza, lo que nos convierte en el país “más pobre de América Latina”. Este estudio corrobora la profundidad del daño generado por la revolución. La disminución de la frecuencia diaria para alimentarse y la ausencia de proteínas en los servicios, deriva en la pérdida de peso no controlada. Los niveles de escasez y desabastecimiento en alimentos y medicinas, amén de la inflación, presionan la existencia de esos niveles de pobreza que se traducen en un indicador que registra la “crisis humanitaria”. Solamente el 18 % de los hogares se consideran no pobres: con toda seguridad la frágil elite gobernante de la llamada unión cívico militar se encuentra en esos cobijos protegidos.

Para lograr un rebote es indispensable: la unificación cambiaria, la eliminación de la expansión monetaria y el ataque decisivo a la inflación, con la necesaria implementación de medidas adicionales para recuperar la confianza de los actores económicos y de los ciudadanos; además, la inseguridad debe atacarse con fuerza institucional, excluyendo la impunidad.

Debemos gestionar nuevas fuentes de financiamiento para hacerle frente a las inversiones requeridas, para la recuperación de la infraestructura física, para un programa de soporte de la política cambiaria, para un programa de subsidios directos y para sentar las bases del desarrollo sin exclusión. Con convenios, acuerdos y procesos de privatización transparentes, públicos y sujetos a auditorías ciudadanas, en condiciones financieras aceptables y justas. No podemos consentir quedarnos en el fondo y morir en la desgracia.

@germanrodri

@germanoveja