Solemnidad de Corpus Christi
(Juan 6, 51-58)
Este versículo evoca el término theosis, muy apreciado y profundizado por los Padres Orientales.
El término nos coloca frente a la Eucaristía, y de ella nos ayuda a derivar tres elementos esenciales:
- Ella es el vehículo de nuestra “divinización”;
- La divinización no es la presunción del hombre “que se hace Dios”; al contrario, Jesús afirma, “este es el pan que ha bajado del cielo”, y así subraya el realismo de la Encarnación y contemporáneamente certifica que el pan y el vino no contienen su espíritu de manera abstracta, sino que se convierten sustancialmente en su cuerpo, sangre, alma y divinidad; y,
- Cuando frecuentamos la escuela, el bachillerato, la universidad, en las clases de biología aprendimos el llamado “orden biológico natural”, el cual consiste en el proceso por el que “lo superior asimila a lo inferior”; por ende, se nos esclareció que, al comernos un trozo de pan, el cuerpo lo descompone y lo transforma en sustancia humana, músculos, sangre, energía.
Ahora bien, al adentrarnos en el seno de la Iglesia, en la participación activa de la catequesis, de la pastoral a través de un grupo de apostolado, en la escucha de las predicaciones de sacerdotes, obispos, enseñanzas de religiosas o religiosos, en el aprendizaje de la teología en el seminario, hemos entendido que “lo Superior asimila a lo inferior”; esto es, como seres humanos comemos el Pan de vida bajado del cielo, y con ello no transformamos a Cristo en nosotros mismos; es Él quien nos transforma, cristificándonos. En consecuencia, recalco, «la divinización no es la presunción del hombre “que se hace Dios”».
Por supuesto, el versículo “este es el pan que ha bajado del cielo”, además nos impulsa a la pregunta, ¿de dónde ha bajado?, y a la vez a la respuesta, del cielo, a donde queremos ir. Así, en este momento de nuestra historia esas palabras de Jesús responden a lo que Viktor Frankl denominó el “vacío existencial”. Los hombres deseamos llenar tal vacío temporalmente con los bienes materiales, estatus, poder, sin embargo, al rato volvemos a tener hambre.
Cierto, al reiterarnos tal expresión e invitarnos a comer su carne, Jesús reencamina la pulsión de consumo más profunda del aparato psíquico hacia el Único capaz de colmarla: el Creador. Entonces, la Eucaristía obra en nuestra mente y corazón como el principio que pacifica nuestros deseos. De este modo, el Absoluto que nos colma, no es el mundo, no es el deseo, es Cristo, Hijo del Dios vivo, Pan de Vida.
Hoy, solemnidad de Corpus Christi, concluye la Santa Visita Pastoral de Mons. Gerardo Ernesto Salas Arjona a la parroquia Santa Elena. Un recorrido de bendición, alegría y esperanza, en el que a través de Mons. Gerardo la voz del Buen Pastor, ha llegado a muchos corazones.
La Visita de Mons. Gerardo alecciona a no temerle a la conversión, al cambio, a la esperanza, a contar siempre con Dios en dicha tarea. Por eso, sus enseñanzas, tanto en la Eucaristía, la celebración de los sacramentos, bautismo, penitencia, primera comunión, confirmación, encuentro con los niños, jóvenes, hombres, mujeres, adultos mayores, en las escuelas, en las instituciones, en los sectores, en los caseríos, en la Parroquia Santa Elena, han resaltado que la Palabra de Dios, Dabar, no sea solo un sonido, algo que exclusivamente llegue al oído físico, sino una fuerza dinámica, —puedo indicar “casi personificada”— que ejecuta humana, social, familiar, cristiana, parroquial, diocesana, universalmente, lo que dice.
En fin, sigamos su consejo: acompañar, animar y amar.
07-06-26
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com



