El título de la reflexión es un versículo constitutivo de la última estrofa del Salmo de este Domingo de Resurrección del Señor (117).

La obra de Dios solicita búsqueda. En ésta afrontamos nuevos desafíos, y en éstos, aferrarnos a la mano del Señor para no dejar inconclusa la tarea, es absolutamente irreemplazable.

Por lo tanto, la espléndida obra de abrazar con la fe la esperanza en la resurrección de Cristo, requiere:

  1. Nutrir una meditación ponderada: «Él nos manda —exclama Pedro— predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido [a Jesús] juez de vivos y muertos» (Hch 10, 34.37-43).
  2. Seguir con fidelidad una convicción profunda entusiasta y coherente: «continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho» (117).
  • Sin una mística que nos consolide espiritualmente, la resurrección se nos quedaría sólo en un elemento añadido a una programación religiosa; en consecuencia, esta recomendación paulina es ineludible: «pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra» (Col 3, 1-4).

Este año 2025 la Iglesia católica en la persona del papa Francisco nos convoca a caminar con la mirada puesta en este mensaje central y armonizador: Peregrinos de la Esperanza.

Y, caminar en comunión implica una fidelidad dinámica y creativa.

De este modo, con la enseñanza asimilada en el seno de la Iglesia, madre y maestra, aprendemos no un formulario de sobrevivencia, sino vivir, en lo personal y comunitario, vida nueva, pues, ella «está escondida con Cristo en Dios».

Esta frase, fruto de la contemplación paulina, ante el ajetreo de la Magdalena, de Pedro y Juan, frente a la prueba del sepulcro vacío, con todos los signos y gestos narrados por Juan, (20, 1-9), nos posibilita acudir a esta diferenciación razonable de J. Derrida (1997): entre el futuro y el porvenir.

En efecto, el futuro podemos predecirlo y planificarlo, mientras que el porvenir nos sorprende.

Tal distinción recalca a la vez una profunda y completa renovación en costumbres, estilos, lenguaje, etc.; por consiguiente, al igual que la Magdalena, Pedro y Juan, «no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros tiempos» (EG 15); así pues, permitamos la caída de las convenciones, del movimiento sin propósito, y más bien consolidemos la confianza:

«Porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos».

 

Referencia:

Derrida, Jacques. (1997). Mal de archivo: Una impresión freudiana. (Paco Vidarte, Trad.) Trotta Editorial.

20-04-25

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.