Una plantilla con poca profundidad, un desempeño altamente irregular y una manera bastante cuestionable de mover el banco cortó un ciclo que empezó en 2017 con el regreso del académico al concierto del fútbol suramericano.
Año 2017. El DT de Estudiantes de Mérida, Nabor Gavidia, sellaba con su propuesta el regreso del equipo a las competencias internacionales. Se abría en ese diciembre la puerta de la Copa Suramericana y la oncena venezolana volvía a saborear luego de varios quinquenios lo que significa volver a aparecer en el radar de la prensa deportiva del continente.
Era un equipo que se gustaba sobre el campo de juego, con un Jesús “Pulga” Gómez en la plenitud de la madurez de su carrera que junto a “Chiki” Meza desplegaban el fútbol al que tienen acostumbrado a su afición. De toque a ras de suelo, de asociación, de ida y vuelta, de buena pegada de media distancia y de alguna fantasía, pero sobre todo fiel a su idea de llegar al arco contrario con un orden preestablecido.
Esa nueva incursión de Estudiantes de Mérida en copas internacionales, esta vez ante el modesto Deportes Temuco de Chile, dejó un sabor agridulce entre la afición, pues si bien los focos volvían a la ciudad, un empate en casa y una derrota de visitante en esa llave precipitarían la despedida de la competición durante el año 2018.
El año 2019 traería mejores cosas para el rojiblanco pues el buen juego en el torneo local se mantendría y de nuevo el cuadro andino volvería por segundo año consecutivo a la Copa Suramericana, ahora contra Argentinos Juniors. Para la historia del club el importante número de hinchas venezolanos que se dieron cita en el Estadio Diego Armando Maradona del Barrio de La Paternal en la ciudad de Buenos Aires.
Esta vez tampoco se pudo trascender. Una derrota de visitante y una corta victoria de local no alcanzaron para seguir soñando con avanzar en la Copa. Sin embargo, ya la directiva le tomaba el gusto a viajar a la ciudad de Luque en Paraguay para asistir a la sede de la Conmebol y presenciar in situ los flamantes sorteos cada año.
Sería entonces en el segundo semestre de ese importante año 2019 cuando Estudiantes de Mérida se reencontraría con su mejor versión futbolística, al punto de hacerse con el título del torneo clausura ya bajo la tutela del argentino Martín Brignani, gloria de la institución.
Se abrían entonces otras puertas, las que cualquier club suramericano quiere ver abiertas, las de la Copa Libertadores con lo que eso significa. Se presagiaba así que habían razones para pensar en una destacada participación en la mayor vitrina del fútbol continental.
Entonces acudieron a la mente de los aficionados y de la prensa local la importante actuación de Estudiantes de Mérida en la Libertadores de 1999, donde además de Brignani y Nabor, descollaron Emerson Panigutti o Jesús “Chuy” Vera.
El sorteo para la edición 2020 de la Copa Libertadores no depararía sorpresas. Racing Club de Avellaneda, Nacional de Montevideo y Alianza Lima serían los rivales del grupo. Los dos primeros poseedores ya del trofeo en sus estantes y el otro uno de los clubes más ganadores en tierras incas. Nada fácil el desafío.
Llegaría entonces la inexplicable decisión de la directiva de prácticamente no reforzar al equipo a pesar del enorme compromiso que se venía, copa internacional y torneo local.
Ahora bien, si nadie se imaginaba la aparición del covid-19 y su posterior transformación en pandemia mundial con las implicaciones que eso conlleva; el no reforzar las líneas derivó en un descalabro donde el equipo se desdibujó por completo pues los rivales, los horarios, los viajes, la ausencia temporal de Cristian Rivas, el calendario, los casos positivos y demás se convirtieron en los factores protagonistas.
Mención especial a la cuestionable forma como Brignani y su cuerpo técnico movieron las piezas desde el vamos y desde el banco. Con un Araque en punta que poco o muy poco tiene en su arsenal ya, con un Wilson Mena que fue juntado con José Rivas sólo al final del torneo local, con un mediocampo donde sólo “Chiki” Meza no puede con todo el peso de la generación de juego y con un Ayrton Páez relegado a los minutos finales de los encuentros desperdiciando así su formación en las inferiores de clubes europeos.
Deja atrás Estudiantes de Mérida un año 2020 por demás particular, donde disputó ocho (08) partidos en copas internacionales, seis (06) por Libertadores y dos (02) por Suramericana, estos últimos ante Coquimbo Unido de Chile.
Deja atrás un año donde cada merideño hizo lo imposible (con cortes eléctricos incluidos) por sintonizar las cadenas FOX o ESPN para ver al equipo pelear ante los más grandes de Suramérica.
Deja atrás un año donde las redacciones deportivas escribieron y pronunciaron esos nombres de una institución que aspira a seguir creciendo en todos sus órdenes, más aún cuando en 2021 la misma cumplirá cincuenta (50) años de vida en el balompié nacional con su mismo nombre, Estudiantes de Mérida F.C.
Luis A. Morales
13 de diciembre de 2020



