Introducción: La higiene menstrual es frecuentemente ignorada en el ámbito de la salud y los derechos sexuales y reproductivos. De hecho, ni siquiera forma parte de la Agenda 2030 de desarrollo sostenible, pero es una carga financiera mensual que afecta de manera diferenciada a las mujeres, e inviable para las personas más empobrecidas. Así, Acción Solidaria (2023) sostiene que en Venezuela 1 de cada 4 mujeres no cuenta con productos de higiene menstrual en su hogar; mientras que la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (AVESA, 2020) afirma que 9 de cada 10 mujeres son pobres menstruales y 1 de cada 10 tiene una condición de pobreza menstrual extrema. Vale denotar que, la falta de acceso a productos y servicios de salud e higiene menstrual puede tener consecuencias graves, especialmente en la salud reproductiva de las mujeres.
Ahora bien, aunque varias organizaciones no gubernamentales nacionales trabajan en prácticas menstruales, existen pocos antecedentes similares a los dos estudios pilotos desarrollados por Agenda Social Asociación Civil entre 2023 y 2025, cuyo objetivo ha sido determinar los factores que influyen en la gestión de la higiene menstrual de las mujeres en Mérida, Venezuela, localidad que no contaba con datos ni investigaciones respecto al tema antes de 2023, de ahí la relevancia de estas pesquisas para explorar las prácticas menstruales de las mujeres en contextos de escasez.
Hipótesis: Existe relación entre el poder adquisitivo y la salud menstrual, especialmente en los contextos de crisis económica persistente, donde 500 millones de mujeres no pueden gestionar su menstruación a nivel global (UNICEF, 2023); mientras que en Venezuela la precarización estructural sumada a la disponibilidad de recursos económicos va a definir si las mujeres pueden costear los productos de higiene menstrual adecuados, pero no siendo ello posible, se ven obligadas a recurrir a métodos improvisados e inseguros que podrían afectar su salud.
Metodología: El primero fue un estudio piloto exploratorio y descriptivo realizado de agosto a noviembre de 2023, con una muestra no probabilística intencional de 1137 mujeres menstruantes de 18 a 55 años de edad; mientras que el segundo también fue un estudio piloto exploratorio y descriptivo realizado de octubre 2024 a julio 2025, con una muestra no probabilística intencional de 1140 mujeres de 18 a 55 años de edad. La muestra poblacional de ambas investigaciones representa el 1 % de la población femenina en el rango etario mencionado (114.000 hab. según proyección para 2025 del Instituto Nacional de Estadísticas-INE), de los municipios Campo Elías (urbano, 3 de 7 parroquias), Libertador (urbano, 13 de 15 parroquias), Rangel (rural, 4 parroquias) y Santos Marquina (rural, 1 parroquia) del estado Mérida. Los datos fueron recopilados con Kobo Toolbox a través de una encuesta cuyos resultados fueron sometidos a un análisis estadístico descriptivo mediante frecuencias y porcentajes para abordar las variables, explorar las relaciones entre ellas, visualizando su distribución en tablas y gráficos. Ante de aplicar la encuesta, se informó a las participantes sobre el contenido del cuestionario, su finalidad, el consentimiento voluntario y sin contraprestación económica, el anonimato de sus respuestas así como que éstas serían eliminadas en diciembre de 2024 y 2025 respectivamente.
Resultados/Conclusiones claves: En 2023 se determinó que un 22,96 % de las mujeres encuestadas vivía en pobreza menstrual, es decir, no podían gestionar su ciclo por carencia de recursos económicos. No obstante, para 2025 se registró un leve descenso a 22,59 % en estado de vulnerabilidad, por lo que 3,24 % nunca puede costear los productos de higiene menstrual, frente a un 19,35 % que sólo a veces cuenta con la capacidad económica para tal fin. A pesar de ello, el 65,5 % de quienes no pueden costear los productos de higiene menstrual, se muestran dispuestas a optar por alternativas como la copa menstrual para mitigar los efectos de la pobreza menstrual. Por su parte, en 2023 el 91,38 % de las mujeres prefería el uso de toallas sanitarias y apenas un 5,45 % se decantaba por la copa menstrual. Sin embargo, para 2025 aumentó un 37 % el uso de copas menstruales, así como la disposición a emplear otras alternativas.
Es de hacer notar que en 2025 el 19,6 % de las mujeres encuestadas se declaró como sostén económico de sus hogares, siendo que un 63,5 % de ellas puede costear su gestión menstrual y la de sus dependientes, pero el 31,5 % puede lograrlo a veces. A tenor de este dato, es importante acotar que según ACNUR (2023), en crisis humanitarias, como la venezolana, las mujeres asumen el 83% de la carga económica familiar.
Simultáneamente, es posible afirmar que se está frente a una crisis en salud ginecológica si se toma en consideración que en 2023 45,7 % de las mujeres encuestadas no había asistido a una consulta médica ginecológica en más de 1 año, cifra que aumentó a un 61,7 % en 2025, más aún cuando es de conocimiento público y notorio que el sistema público nacional de salud no es suficiente para recibir toda la demanda poblacional en medio de la emergencia humanitaria compleja que experimenta el país desde hace más de 8 años, y dado que la disponibilidad económica de las mujeres afecta la gestión de su higiene menstrual en términos de acceso regular a los productos necesarios, bajo el principio de la menor capacidad (quien no puede lo menos no puede lo más) resulta lógico aseverar que ello también condiciona sus posibilidades de costear un chequeo ginecológico privado. Es vital acotar que el 96,9 % de las encuestadas que nunca ha tenido un control ginecológico son jóvenes de 18-25 años de edad, lo que agrava la perspectiva si se toma en cuenta que es un rango etario en el que se presume una vida sexual activa.
De lo expuesto, se identificaron ciertos patrones causales: persiste un círculo vicioso basado en que sin recursos menstruales hay 3 veces más probabilidades de no tener un control ginecológico; mientras que se presenta también una paradoja sostenible ya que 65,5 % de las encuestadas están dispuestas a optar por alternativas, pero sólo el 10,7 % las usa actualmente. También, ha sido posible advertir que existen barreras que limitan empleo de métodos sostenibles, entre las que cuentan el costo inicial elevado de la copa menstrual, por ejemplo, que equivale a 10 salarios mínimos; pero también hay una falta educación práctica por la ausencia de guías sobre el uso de alternativas menstruales, junto a la existencia de estigmas culturales que las asocian con tabúes sociales como la pérdida de la virginidad en el caso particular de la copa menstrual.
En definitiva, la pobreza menstrual se constituye en una violación multidimensional de los derechos humanos como salud, educación, agua, saneamiento, no discriminación y dignidad humana. Así, vale subrayar que el acceso a la salud menstrual es un derecho básico que es parte del mínimo vital, pero la imposibilidad de su gestión adecuada limita el derecho de las mujeres a aprender, e incluso las puede someter a procesos sistemáticos de violencia económica de género cuando son dependientes de alguien más en el hogar para costear sus necesidades, teniendo que acudir a opciones como usar trapos o materiales inseguros para gestionar su menstruación, lo que a todas luces se constituye en un trato degradante e indigno.
Frente a este panorama, resulta menester recordar las obligaciones del Estado venezolano en torno a esta materia, las cuales residen, entre otras cuestiones, en la eliminación del impuesto al valor agregado (IVA) sobre productos menstruales, regular sus precios y garantizar su abastecimiento; medir la pobreza menstrual oficialmente, apoyar productos sostenibles, a la vez que previene y sanciona la discriminación en virtud del género. Existen algunos ejemplos claves de países que ya han tomado ciertas medidas al respecto, como India que en 2023 empezó a entregar productos de higiene menstrual gratis en las escuelas; Colombia que en 2022 eliminó el IVA sobre estos productos por considerarlo discriminatorio; mientas que, en 2021 la Corte Interamericana de Derechos Humanos estableció el agua menstrual como derecho en las cárceles.
Asimismo, es posible hacer mención de una propuesta tridimensional que pudiera ayudar a mitigar los efectos de la pobreza menstrual, fundada en aspectos como la entrega de kits menstruales gratuitos para jóvenes de 18-25 años en pobreza extrema; guías multimedia para métodos alternativos en comunidades rurales; y subsidios a emprendimientos locales de productos de higiene menstrual como política pública.
En resumen, se concluye que 1 de cada 5 mujeres sostiene económicamente a otras menstruantes; hay una generación en riesgo de jóvenes de 18 a 25 años de edad que son las más afectadas en salud ginecológica, así como en el acceso a ella; pero persiste una brecha de implementación definida por el hecho de que si bien 65,5 % de las mujeres encuestadas están dispuestas a usar métodos menstruales alternativos, ello no se traduce en su uso por la falta de acceso a los mismos debido a sus altos costos.
Acción Solidaria (2023). La pobreza menstrual es un desafío ignorado en Venezuela. Caracas: Autor. Disponible en: https://accionsolidaria.info/la-pobreza-menstrual-es-un-desafio-ignorado-en-venezuela/
Agenda Social A.C. (2023). Factores que influyen en la gestión de la higiene menstrual de las mujeres en Mérida. Mérida: Autor. Disponible en: https://drive.google.com/file/d/1FgNoUZ67yF9TnN9YPqjXG_lOP42ksnrD/view?fbclid=PAY2xjawJuMklleHRuA2FlbQIxMQABp3SXYq6crKdq_v5vjL7NqLs2pE3q7mONbihfow1Zns8FW9t3jnZbTpD1tGo5_aem_J7GRzEGES8aVS9KOs-56aw
Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (2020). Higiene menstrual, salud sexual y demanda de anticoncepción. Situación diferenciada de las mujeres en la emergencia humanitaria en Venezuela. Caracas: Autor. Disponible en: https://avesa.blog/2020/08/19/higiene-menstrual-salud-sexual-y-demanda-de-anticoncepcion-situacion-diferenciada-de-las-mujeres-en-la-emergencia-humanitaria-en-venezuela/
Pltga Anagabriela Centeno
Agenda Social A.C.
03-08-2025



