Por: Gerard Páez Monzón…
Hay tanta información en el Internet que ya un profesor NO puede escribir, en un pizarrón, algo que NO exista en Google, y peor aún para el profesor, es que quien escucha tiene disponible en segundos, en sus dispositivos portátiles, una mejor explicación. La juventud de hoy grita con bostezos en las clases, y protesta con sus inasistencias a las aulas. El desfase de realidades que se está viviendo dentro de las paredes universitarias, y escuelas en el mundo entero es un impresionante choque cultural con sabor a un apartheid educacional.
Estamos en un período de transición en la educación ante la realidad mundial de la información y tecnología: disponibilidad en segundos de cualquier información; presentación de la información en diferentes medios, idiomas, perspectivas u orientaciones; cubrimiento total del dominio de cualquier conocimiento; progreso exponencial de la tecnología, que genera un crecimiento de información exorbitante.
La herramienta de formación que sigue siendo usada es la explicación. Es un «llevar de la mano a un niño a la escuela sin pensar», fiel a lo referido originalmente como ‘Pedagogía’. Canaliza y limita la formación, forma mentes para responder preguntas de textos, de empleos; NO para enfrentar lo nuevo, los cambios impredecibles, pensar «out of the box», actuar rápidamente ante la complejidad. La explicación está tan fuertemente arraigada en los docentes tradicionales que la defienden de manera incuestionable. Petrificados en sus conceptos, acusan a sus estudiantes de inmaduros, incapaces, falta de formación, que terminan agotados por la frustración motivacional en clase. Saben inconscientemente que quien enseña es quien más y mejor aprende, que solo se puede explicar lo que se sabe. Ven las tecnologías y Google como algo personal para comunicarse con su gente, escribir textos, recordatorios, mensajes. Rechazan conversar sobre nuevas ideas y experiencias. Sus consciencias les ofrecen una sola conclusión lapidaria: «¡No son como los estudiantes antes!»
En lo único que la realidad mundial concuerda con el profesor tradicional es en su conclusión, es verdad que no son los estudiantes de antes. Son personas muy diferentes, son individuos digitales. Tienden a lo visual, con gran ansiedad en crear, en solucionar, los aburre detenerse en la explicación. Odian la memorización de antaño, adoran la memorización de Google, lo ven como una prótesis electrónica adherida a su biología cerebral. Saben que los acompaña un Einstein a donde vayan, por lo que no resisten una explicación de más de treinta minutos. En fin, toda respuesta la tienen en sus manos, es una juventud hyper-talentosa. Llegamos entonces a la misma conclusión que los estudiantes de hoy no son como los de antes, son diferentes, especialmente neuronalmente.
La tecnología e información han empujado a toda la generación digital a montarse sobre un plano de desenvolvimiento cotidiano y profesional donde el mayor reto es la confrontación constante a la complejidad. Especificamos que la complejidad es una situación de caos que se le debe dar solución inmediata, a pesar que algunas veces supera los conocimientos del individuo que la enfrenta. Para esto la persona debe contar con unas cualidades que la universidad tradicional de la explicación no se lo ofrece. Estas cualidades entre otras son: la serenidad, la valentía, la atención de su alrededor, la disciplina, la imaginación, la integración de conocimientos, la búsqueda y manejo de información. El hábitat y lo social exige agregar a estas cualidades, una dosis de densidad humana. Todo esto es para responder correctamente a las complejidades que aparecen constantemente por todas las esquinas de las vidas profesionales. Son tomas de decisiones inmediatas, donde el individuo debe mantenerse concentrado en lo esencial a pesar de la dinámica de cambios. Un médico en una operación es un individuo enfrentando la complejidad, es una cadena de tomas de decisiones instantáneas.
Las industrias son las que han estado enfrentando a la complejidad. Hoy el dique de la complejidad lo ha quebrado la disponibilidad de las herramientas tecnológicas e información haciendo que sus aguas lleguen a los pies de todos, especialmente a los de la juventud. Estas aguas tienen una fuerza de crecimiento exponencial. Son las universidades las que deben acelerar el trote hacia las montañas formativas de la juventud para que desde la altura enfrente su mayor reto como profesional, la complejidad.
Hoy se requiere, de modo urgente, que el profesor teórico, magistral vaya cediendo tiempo académico al profesor emprendedor, al hombre fundador de empresas. Estos son los Ph.D.s que buscan desesperadamente en silencio, las instituciones de formación en todo el mundo.
En la Universidad de Los Andes, el Grupo radixPuntoEDU predica la palabra de la nueva universidad con la estrategia RAIS (Reproducir el Ambiente de Innovación en el Salón de clases), siendo parte del Programa Startups Estudiantiles (creaciones de empresas tecnológicas), y la actividad evangelizadora de la llegada de la Edad de la Creación por la juventud mundial.
*Miembro del Grupo radixPuntoEDU.
@gerardpaezm


