El más reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura alertó que el país sigue registrando indicadores preocupantes de malnutrición, especialmente entre mujeres y niños, y figura entre las pocas naciones de América Latina sin datos disponibles sobre inseguridad alimentaria basada en experiencias y el costo de una dieta saludable
 

Aunque Venezuela registra una disminución sostenida en los niveles de subalimentación, el nuevo informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026, presentado este martes por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), advirtió que persisten importantes desafíos relacionados con la calidad de la alimentación, la nutrición de los grupos más vulnerables y la ausencia de información oficial sobre indicadores clave.

El documento, en conjunto por la FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), concluyó que el hambre continúa disminuyendo lentamente en América Latina y el Caribe. Sin embargo, alerta que el mundo sigue lejos de cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible de Hambre Cero para 2030.

En el caso venezolano, la principal mejora se observa en la prevalencia de la subalimentación. Según las estimaciones del organismo, la proporción de personas que padecen hambre pasó de 7,8% entre 2004 y 2006 a 5,3% en el período 2023-2025. En términos absolutos, esto representa una reducción de aproximadamente 2,1 millones de personas subalimentadas a 1,5 millones.

La FAO señala además que Venezuela fue incluida entre los 78 países priorizados para la actualización de las hojas de balance de alimentos hasta 2024, una revisión técnica que permitió mejorar las estimaciones sobre disponibilidad alimentaria y calcular nuevamente los indicadores de hambre.

Aunque estos datos reflejan una evolución favorable respecto a dos décadas atrás, el organismo insiste en que la subalimentación constituye apenas uno de los componentes de la seguridad alimentaria. La nutrición adecuada depende también del acceso económico a alimentos saludables, de su diversidad y de la capacidad de los sistemas alimentarios para garantizar dietas equilibradas.

Venezuela por encima del promedio suramericano en prevalencia de hambre

Pese a la reducción observada, Venezuela mantiene una prevalencia de subalimentación superior a la de buena parte de América del Sur. Mientras el país registra una tasa estimada de 5,3%, el promedio suramericano se ubica en 3,5% y el de América Latina y el Caribe en 4,8%.

La diferencia resulta más evidente al comparar las cifras con algunos países vecinos. Brasil y Guyana presentan niveles inferiores a 2,5%, mientras Colombia registra 4,1%. Perú, por su parte, reporta una prevalencia ligeramente superior, de 5,7%.

No obstante, la situación venezolana dista considerablemente de la observada en el Caribe, donde la prevalencia de la subalimentación alcanza 16,6%, la más alta de todas las subregiones analizadas por la FAO.

Estos resultados muestran que, aunque Venezuela ha logrado disminuir el hambre respecto a años anteriores, todavía enfrenta un panorama más complejo que el promedio de Suramérica.

Los datos también evidencian que la recuperación del acceso a los alimentos no necesariamente implica una mejora equivalente en la calidad de la alimentación. El propio informe insiste en que la seguridad alimentaria debe analizarse desde una perspectiva más amplia que incluya la nutrición y la capacidad de las familias para acceder a dietas saludables.

La ausencia de datos limita una evaluación completa

Uno de los aspectos que más llama la atención del informe es que Venezuela continúa siendo uno de los pocos países de América Latina para los cuales no existen estimaciones oficiales en varios indicadores fundamentales sobre seguridad alimentaria.

La publicación no presenta cifras para el país sobre la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (FIES), utilizada internacionalmente para medir la proporción de personas que enfrentan inseguridad alimentaria moderada o grave a partir de sus propias experiencias.

Tampoco dispone de información sobre el costo diario de una dieta saludable ni sobre el porcentaje de la población que no puede permitirse adquirirla, indicadores considerados esenciales para comprender el acceso real a una alimentación adecuada.

Esta ausencia de datos impide establecer comparaciones completas con el resto de la región.

Mientras países como Colombia reportan una prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave de 28% y Perú de 33,6%, Venezuela permanece sin estimaciones oficiales en esta categoría.

La misma limitación ocurre con el costo de una dieta saludable. El informe recuerda que América Latina y el Caribe sigue siendo la región donde una alimentación saludable resulta más costosa del mundo, con un promedio de 4,91 dólares diarios medidos en paridad de poder adquisitivo (PPA). Sin embargo, Venezuela, junto con la Guyana Francesa, son los únicos territorios suramericanos sin información disponible para este indicador.

La FAO explica que estas brechas pueden responder a distintos factores, entre ellos la falta de encuestas actualizadas, limitaciones técnicas, dificultades de financiamiento para los sistemas estadísticos y los procesos de validación institucional que requieren las estimaciones antes de su publicación.

El organismo advierte que la ausencia de información limita la formulación de políticas públicas, ya que dificulta identificar con precisión cuáles grupos de población enfrentan mayores riesgos y en qué territorios se concentran las principales necesidades alimentarias.

La reducción del hambre no elimina otras formas de malnutrición

La FAO recuerda que el hambre representa solo una de las manifestaciones de la inseguridad alimentaria. Paralelamente pueden coexistir otras formas de malnutrición, como la anemia, el sobrepeso, la obesidad o las deficiencias de micronutrientes.

En Venezuela, precisamente, varios de estos indicadores muestran una evolución menos favorable que la observada en la prevalencia del hambre. El informe refleja un deterioro nutricional que afecta principalmente a mujeres y niños, considerados por el organismo como los grupos con mayor vulnerabilidad frente a todas las formas de malnutrición.

En el caso de las mujeres en edad reproductiva, el documento señala un incremento sostenido de la anemia, uno de los indicadores que más preocupa a escala mundial y que también registra un comportamiento desfavorable en Venezuela.

La prevalencia de anemia entre mujeres de 15 a 49 años pasó de 19,1% en 2012 a 25,2% en 2023. Esto equivale a aproximadamente 1,7 millones de mujeres afectadas y sitúa al país por encima del promedio de América Latina y el Caribe, que se ubica en 19,9%.

La diferencia también resulta evidente frente a algunos países de la región. Chile registra una prevalencia de 15,7%, mientras Guatemala reporta 10,5%, cifras considerablemente inferiores a las estimadas para Venezuela.

La FAO advierte que la anemia constituye uno de los principales obstáculos para alcanzar las metas mundiales de nutrición fijadas para 2030, debido a sus consecuencias sobre la salud materna, el embarazo, el desarrollo infantil y la productividad económica.

A este panorama se suma otro desafío relacionado con la calidad de la alimentación. Durante el período 2021-2025, solo 63,1% de las mujeres venezolanas alcanzó la diversidad alimentaria mínima recomendada, un indicador que mide el consumo de diferentes grupos de alimentos necesarios para cubrir los requerimientos de vitaminas y minerales esenciales.

La cifra equivale a cerca de 4,4 millones de mujeres, pero también implica que aproximadamente 4 de cada 10 venezolanas no alcanzan una dieta suficientemente diversa.

En comparación, el promedio regional alcanza 77,5%, lo que evidencia una brecha significativa respecto al resto de América Latina y el Caribe.

El informe también refleja un ligero incremento de la obesidad en la población adulta venezolana, cuya prevalencia pasó de 22,7% en 2012 a 23% en 2024. Aunque este porcentaje continúa por debajo del promedio regional de 31,5%, la FAO recuerda que el aumento de la obesidad constituye una de las principales tendencias mundiales y representa otra manifestación de la malnutrición.

Por otra parte, el retraso del crecimiento —conocido internacionalmente como stunting— mostró una leve mejoría al disminuir de 12,2% en 2012 a 11,7% en 2024. Aun así, el organismo estima que alrededor de 200.000 niños venezolanos continúan afectados por esta condición, que refleja deficiencias nutricionales crónicas durante los primeros años de vida y puede tener consecuencias permanentes sobre el desarrollo físico e intelectual.

Otro indicador que preocupa a la FAO es el bajo peso al nacer. En Venezuela la proporción aumentó ligeramente de 9% en 2012 a 9,3% en 2020, una cifra cercana al promedio regional de 9,6%, pero que continúa reflejando factores de riesgo asociados a la nutrición durante el embarazo y a las condiciones de salud materna.

Nuevamente, la falta de información oficial no permite conocer con precisión la situación nutricional de la infancia venezolana. Entre los indicadores sin información disponible figuran la prevalencia de la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y la diversidad alimentaria mínima en niños de entre 6 y 23 meses.

Ambos parámetros son considerados fundamentales para evaluar la calidad de la alimentación durante los primeros mil días de vida, etapa que los organismos internacionales identifican como decisiva para el crecimiento y el desarrollo cerebral.

FAO: el mundo sigue lejos de cumplir el objetivo de Hambre Cero

Más allá del panorama venezolano, el informe de la FAO alertó que el mundo no avanza al ritmo necesario para cumplir las siete metas de nutrición y seguridad alimentaria establecidas en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

Aunque algunas regiones han registrado progresos en determinados indicadores, estos siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del desafío.

Uno de los mayores obstáculos continúa siendo el acceso económico a una alimentación saludable. El informe estima que alrededor de 2.700 millones de personas en el mundo no pueden costear una dieta sana, mientras que los alimentos con mayor valor nutricional —como frutas, hortalizas y productos de origen animal— representan cerca de 70% del costo total de ese tipo de alimentación.

La FAO advierte que el incremento sostenido de los precios de los alimentos ha agravado esta situación. Para 2025, el costo de una dieta saludable se ubicaba aproximadamente 40% por encima del umbral internacional de pobreza extrema, lo que limita el acceso de millones de familias a alimentos nutritivos aun cuando logren cubrir sus necesidades calóricas básicas.

El organismo recuerda que la inseguridad alimentaria no depende únicamente de la disponibilidad de alimentos, sino también de la capacidad económica para adquirirlos de manera sostenida.

En el caso de la anemia, lejos de reducirse, como plantean los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la prevalencia mundial podría alcanzar 32,6% entre las mujeres de 15 a 49 años para 2030, ampliando la distancia respecto a la meta de disminuir este problema a la mitad.

La obesidad también continúa aumentando. Según la FAO, la prevalencia mundial alcanzó 16,2% en 2024, el nivel más alto registrado hasta ahora.

El organismo advierte que esta tendencia refleja una doble carga de la malnutrición, pues mientras millones de personas siguen padeciendo hambre o deficiencias de micronutrientes, otras enfrentan enfermedades relacionadas con dietas poco saludables y el consumo creciente de alimentos ultraprocesados.

En cuanto a la población infantil, el informe señala que el retraso del crecimiento, la emaciación y el bajo peso al nacer muestran avances, pero a un ritmo demasiado lento para alcanzar las metas internacionales antes de finalizar la década. Al mismo tiempo, el sobrepeso infantil aumenta en diversas regiones del mundo.

Conflictos, inflación y cambio climático agravan la inseguridad alimentaria

La FAO atribuye el lento progreso hacia el Hambre Cero a una combinación de factores estructurales y coyunturales que afectan los sistemas agroalimentarios. Entre ellos destacan los conflictos armados, el cambio climático, las perturbaciones económicas, la inflación alimentaria y las deficiencias en la producción y distribución de alimentos nutritivos.

El informe dedica un apartado especial al conflicto en Medio Oriente durante 2026, al que identifica como uno de los principales riesgos para la seguridad alimentaria mundial. Las tensiones en esa región han afectado los mercados internacionales de energía y fertilizantes, elevando significativamente los costos de producción agrícola y transporte.

Durante el primer trimestre de 2026, los precios de la energía y los fertilizantes aumentaron más de 50%, según el documento.

La FAO explica que este incremento repercute especialmente sobre frutas, hortalizas, lácteos y otros alimentos perecederos, cuya producción y distribución dependen en mayor medida del transporte refrigerado y de cadenas logísticas eficientes.

El informe plantea que los mercados internacionales logran estabilizarse durante los próximos años, el número de personas que padecerán hambre rondaría los 511 millones.

Sin embargo, si el conflicto se prolonga y continúan las interrupciones en el comercio energético, la cifra podría elevarse hasta 522 millones de personas, alejando aún más al mundo del objetivo de erradicar el hambre.

La FAO también alerta sobre el impacto creciente de fenómenos meteorológicos extremos asociados al cambio climático, como sequías prolongadas, inundaciones y episodios de El Niño, que afectan la producción agrícola, incrementan la volatilidad de los precios y dificultan el acceso a alimentos saludables.

Transformar los sistemas agroalimentarios, la principal apuesta de la FAO

Frente a este panorama, el informe sostiene que reducir el costo de una dieta saludable requiere transformar los sistemas agroalimentarios mediante políticas diferenciadas y adaptadas a la realidad de cada región.

La FAO descarta la existencia de una solución única y plantea un conjunto de intervenciones dirigidas tanto a aumentar la disponibilidad de alimentos nutritivos como a disminuir los costos que se generan a lo largo de toda la cadena de producción y distribución.

Entre las principales recomendaciones figura la reorientación de la inversión pública en investigación y desarrollo agrícola. El organismo considera necesario ampliar el apoyo destinado a frutas, hortalizas y legumbres, en lugar de concentrarlo principalmente en cereales básicos, ya que estos alimentos representan buena parte del costo de una dieta saludable.

Asimismo, propone fortalecer el acceso de los productores a semillas mejoradas, sistemas de riego, financiamiento y asistencia técnica, con el objetivo de incrementar la productividad y reducir los precios para los consumidores.

La FAO también hace énfasis en la necesidad de invertir en infraestructura. El informe señala que entre 70% y 75% del precio final de muchos alimentos corresponde a actividades posteriores a la cosecha, como almacenamiento, transporte, procesamiento y comercialización. Por ello recomienda ampliar las redes de carreteras rurales, mejorar las instalaciones de almacenamiento e impulsar cadenas de frío que reduzcan las pérdidas de alimentos perecederos.

El organismo plantea reorientar parte de los recursos públicos que actualmente favorecen productos básicos de bajo costo hacia alimentos con mayor valor nutricional, con el propósito de facilitar el acceso a dietas equilibradas.

A estas medidas se suman recomendaciones para fortalecer la competencia en los mercados, reducir barreras comerciales que encarecen los alimentos nutritivos y promover políticas de protección social que incrementen el poder adquisitivo de los hogares más vulnerables.

Estas acciones, señala la FAO, deben complementarse con programas de protección social y políticas que permitan a los hogares acceder efectivamente a alimentos saludables, ya que disminuir los costos de producción no garantiza por sí solo una alimentación adecuada.

https://www.elnacional.com/2026/07/que-revela-el-informe-2026-de-la-fao-sobre-venezuela/

22-07-2026