Por: Fernando Luis Egaña…
Fidel Castro, desde que entró victorioso en La Habana en enero de 1959, siempre le quiso poner la mano al petróleo venezolano. Pero no pudo, porque los líderes de la República Civil, encabezados por los presidentes Betancourt y Caldera, no lo permitieron. Venezuela y Cuba llegaron a establecer relaciones diplomáticas, políticas y económicas de variable importancia, a lo largo del período democrático venezolano, después, claro está, de la derrota política y militar de la guerrilla auspiciada por la “revolución cubana”. Pero sin que Fidel le pusiera la mano a nuestro petróleo.
Todo eso cambió rápidamente con Chávez. Los hermanos Castro Ruz llegaron a mandar sobre Chávez, es decir a mandar en Venezuela. Y lo que les interesaba era conseguir lo que no habían podido: financiarse con el petróleo venezolano. De hecho, el vacío dejado en Cuba por el colapso del mundo soviético a finales del siglo XX, fue compensado, y con creces, por el aprovechamiento del fisco petrolero venezolano del siglo XXI. Esa es la historia. La trágica historia del dominio fidelista sobre Venezuela en estos largos años de mengua nacional.
Su muerte, a la vuelta de los 90 años, también supone un gran vacío para la hegemonía instaurada en Venezuela, porque su estratega principal fue, no me cabe duda alguna, Fidel Castro. Un estratega de insuperable experiencia, de creativas intuiciones, de una observación realista de las cosas, y de una disposición implacable para lograr sus objetivos. Chávez, muchas veces, se refería a todo ello como la “estrategia perfecta de Fidel”. Lamentablemente para Venezuela, tenía razón.
En el caso del sucesor, la situación fue todavía de mayor dependencia, porque Fidel y Chávez –quizá en ese orden, habían resuelto que Maduro se quedara en Miraflores. Fidel deja a Cuba en ruinas, luego de casi 60 años de mando supremo, con la asistencia de su hermano Raúl, llevado a la presidencia cuando su grave enfermedad de hace unos años. Y por obra de su capacidad para favorecer el continuismo de la hegemonía despótica y depredadora que ha imperado en Venezuela en el siglo XXI, también ha contribuido decisivamente con la ruina de nuestra patria.
Fidel tomo para sí a una frase que Adolfo Hitler había popularizado mucho antes: la historia me absolverá…Sería una gran injusticia que ello ocurriera. Tan sólo el prolongado sufrimiento del pueblo cubano sería suficiente para que no se le absolviera en términos históricos. Y a ese sufrimiento hay que añadir la catástrofe en que está sumida Venezuela.
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