¿Han visto a mi amado? (Cantar de los Cantares 3, 4)
Inicio esta meditación con la pregunta, ¿han visto a mi amado?, coherentemente emparentada a estos momentos del transcurso de una vivencia de búsqueda angustiosa y expectante, «“se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto”» (Jn 20, 2); «“se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”» (v.13). La comprensión de estas tres locuciones bíblicas no es de modo aislado, porque entre las tres definen y co-implican, no un lenguaje técnico, burocrático, políticamente grosero, discriminatorio, sino justamente el del amor probado en el corazón, aparentemente frágil, pero destinado a durar para siempre.
Este amor es en movimiento, —el evangelio señala, fue al sepulcro de mañana (v.1), vio (v.1), fue corriendo (v.2), se inclinó para mirar dentro (v.11), y vio (v.12), y se dio vuelta (v.14), pensando que fuese el cuidador del jardín (v.15), le dice (v.15), ella se volteó y le dijo (v.16), se fue y dijo a los discípulos (v.18)—, porque no está programado para un próximo instante, sino para “un realizándose y experimentándose de inmediato”.
Ahora, algunos, y quizá muchos, apoyados en este versículo, «de ella salieron siete demonios» (Lc 8, 2), han conferido a la Magdalena la profesión más antigua del mundo: la prostitución. Sin embargo, los estudiosos sostienen que en sentido bíblico “siete” significa “plenitud”, a partir de lo cual determinan que la Magdalena pudo haber padecido un gravísimo mal físico o moral, pero liberada por Jesús (Card. Gianfranco Ravasi). Razón por la cual, tampoco debe confundirse la identidad de María Magdalena con la mujer pecadora (cf. Lc 7, 36-50); mucho menos con María de Betania, hermana de Marta y Lázaro, quien ungió los pies de Jesús con aceite costoso y los secó con sus cabellos.
A la “patrona de los penitentes”, a la que y a los que dedicamos este verso del Salmo 62, «oh Dios, tú eres mi Dios, desde la aurora te busco, tiene sed de ti el alma mía», el Card. Gianfranco Ravasi, que cita al Card. Pierre de Bérulle (1627), la llama no una exprostituta, al contrario, “figura evangélica”, “mujer evangélica”, “discípula de Cristo”; además, a la originaria territorialmente de Magdala, «un pueblo de pescadores sobre el litoral occidental del lago de Tibiríades», la celebran la Iglesia Católica, las Iglesias de Oriente, desde las ortodoxas bizantinas a las sirias hasta las coptas de Egipto y Etiopia.
La consideración “patrona de los penitentes” tiene un significado emblemático, concreto, ya manifestado en Lucas 8, 1-3, porque en este pasaje Lucas anota el servicio prestado a Jesús y a los suyos por María Magdalena y otras mujeres (vv.1-2), quienes «los atendían con sus propios recursos» (v.2). Así, en «“el apóstol de los apóstoles”», título dado a la Magdalena por Santo Tomás de Aquino y luego por San Juan Pablo II (Gerardo di Fazio), encontramos un modelo de fe profunda, madurez humana y de un amor para nada reducido a simple “cosa por hacer” en medio de las otras.
La fe profunda de la Magdalena, su amor probado por la tumba vacía, por «la piedra quitada del sepulcro» (Jn 20, 1), pero inquebrantable en el apoyo de su Señor, colmado en el momento en el que el Raboní (Maestro v.16) la llama por su nombre, María (v.16), es la anticipación a ser animada verdaderamente por el «entusiasmo apostólico» (Papa Francisco), «“ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre y el Padre de ustedes; a mi Dios y el Dios de ustedes”» (v.17); en efecto, concreta San Juan, «fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que Él le había dicho estas palabras» (v.18).
La vida de esta “mujer bíblica” es un ejercicio asequible, necesario, que consiente el testimonio de una presencia irrevocable, la de Cristo, en nuestra historia personal y social, la cual, escuchando «la sabiduría sale de la boca del Altísimo» (Sir 24, 3), en medio de las variadas búsquedas de cada día, evitamos la exagerada pérdida de tiempo en las abstracciones inconclusas y frustrantes, pues, mejor, confesemos con asiduidad, «tu amor vale más que la vida, mis labios te adorarán» (Salmo 62).
Bibliografía:
Di Fazio, Gerardo, «María Magdalena, la mujer estigmatizada como prostituta que fue más valiente que los apóstoles cuando crucificaron a Jesús», en: https://www.infobae.com/sociedad/2021/04/10/maria-magdalena-la-mujer-estigmatizada-como-prostituta-que-fue-mas-valiente-que-los-apostoles-cuando-crucificaron-a-jesus/ (visto 20-07-24).
Ravasi, Gianfranco, «Gli equivoci sulla Maddalena», en: Il Sole 24 Ore, 21-07-2013; https://st.ilsole24ore.com/art/cultura/2013-07-21/equivoci-daddalena-084359.shtml?uuid=AbXFk6FI (Visto 19-07-24).
22-07-24
Pbro. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com



