Por Germán Rodríguez Bustamante…
El financiamiento actúa como impulso para el desarrollo económico, al canalizar los recursos desde los sectores que conservan ahorro, hacia aquellos que necesitan invertir. Sin crédito, la economía depende únicamente de flujos financieros corrientes, lo que limita de forma drástica la capacidad de crecimiento, la innovación y la generación de empleos. El sistema financiero, integrado por bancos, mercados de capitales, fondos de inversión y otras instituciones, concentra pequeños ahorros dispersos y los transforma en grandes volúmenes de capital, dirigidos a proyectos productivos. Existen formas distintas de apalancarse, dependiendo de la orientación de los recursos. Las tasas de interés o costos de oportunidad según sea el caso, actúan como bisagras. El equilibrio se alcanza cuando la cantidad de dinero que los ahorradores están dispuestos a prestar es igual a la cantidad que los prestatarios están dispuestos a demandar, evitando el exceso de liquidez, o la escasez de crédito.
En economías con baja bancarización, alta informalidad o con bancas reducidas como la venezolana, el crédito no llega al sector productivo real y queda atrapado en la especulación o el consumo básico. Beneficiando a un grupo muy pequeño, sin extenderse a toda la economía. Son sectores específicos que en la coyuntura que vive el país, pueden acceder a los fondos disponibles en la banca. Disponen de bolívares en exceso, compran dólares a tasa preferenciales protegen sus inversiones repatriando divisas y reciben adicional prestamos en bolívares, aunque sea indexados, pueden traer las divisas alimentado el paralelo, a través de plataformas cripto. Un esquema perverso que deja por fuera a la pequeña y mediana empresa, a los emprendedores y los trabajadores en general.
Garth y Joseph Stiglitz identificaron las fallas del mercado, para explicar cuándo la palanca funciona y cuándo falla. Para que el crédito actúe como motor, se requieren instituciones sólidas, marcos regulatorios eficaces y seguridad jurídica. Cuando el marco institucional es débil, el financiamiento se desvía hacia la especulación o el consumo ineficiente en lugar del desarrollo productivo. Condiciones estructurales e institucionales presentes en Venezuela, que impiden que el financiamiento sea una palanca para el desarrollo. De acuerdo a estos investigadores, en el ámbito económico y financiero, el riesgo moral ocurre cuando un actor, cambia su comportamiento e incrementa su exposición al riesgo, porque sabe que las consecuencias negativas de sus acciones o un eventual fracaso serán asumidas, total o parcialmente, por un tercero bien sea el prestamista, el Estado o los contribuyentes. Triste la realidad de la deuda externa venezolana, que en definitiva deberá ser asumida por los venezolanos. El régimen convertido en Estado endeudo al país por arriba de su capacidad de pago de forma deliberada, saqueando los recursos del endeudamiento, con nula inversión. Los precios petroleros y las reservas certificadas, facilitaron el endeudamiento del régimen, sin monitorear perfectamente los proveedores de capital, todas sus acciones, una vez otorgado el dinero por los acuerdos o por la colocación de títulos.
El FMI y la CEPAL abordan el financiamiento para el desarrollo de las naciones, desde posturas y visiones distintas. Mientras el FMI prioriza la estabilidad macroeconómica y el equilibrio fiscal, la CEPAL pone el foco en el cambio estructural, la desigualdad y las políticas de desarrollo productivo. El FMI considera que ningún financiamiento promueve el desarrollo, si desequilibra el espacio fiscal. Su prioridad es el ajuste fiscal gradual, para contener los altos niveles de deuda pública y tasas de interés globales elevadas. De igual manera afirman que el financiamiento público o multilateral debe servir para corregir distorsiones de mercado y actuar como sello de garantía, para los flujos financieros internacionales privados. Su marco se concentra en el control de la inflación, la flexibilidad del tipo de cambio y la solvencia del sistema bancario como requisitos para que el crédito sea productivo. Por otro lado, la CEPAL interpreta el financiamiento como el combustible para cerrar brechas estructurales productivas, sociales y ambientales e interpelar las limitaciones del sistema financiero internacional. Para la CEPAL, la austeridad excesiva ahoga el crecimiento y reduce, a largo plazo, la capacidad real de pago de los países. Prioriza la canalización de recursos hacia políticas de desarrollo productivo industrialización verde, electromovilidad, tecnología y el cierre de brechas en infraestructura.
Desde el enfoque de la nueva economía institucional, el riesgo país y la exclusión de los mercados de capitales no son fallas accidentales o puramente macroeconómicas, como un déficit fiscal temporal, sino el resultado de la arquitectura institucional de una nación. En otras palabras, sin instituciones fuertes, los inversionistas exigen mayores garantías, ante la eventualidad de cambios en reglas de juego. De igual manera la prima de riesgo es elevada por el riesgo de incumplimiento institucional. Tristemente en Venezuela se diseñó una institucionalidad extractiva, para concentrar el poder y las rentas en manos de una élite. Esto produce inseguridad sobre los derechos de propiedad y riesgo de expropiación. Y de igual manera instrumentar una política de expulsión del capital privado a largo plazo. Ante ello los mercados internacionales restringen las líneas de crédito, o cobran tasas elevadas, debido al alto peligro de default o incautación. En Venezuela se ligaron las dos orientaciones, una elite secuestro la institucionalidad, aplicaron expropiaciones y nacionalizaciones, poniendo en riesgo la propiedad privada, y cerraron de forma intencionada la participación de los mercados financieros internacionales, evitando los controles, auditorías y mecanismos de transparencia. Escenario ideal para que un grupo sometiera al país a un pillaje, saqueo y robo de recursos, derivados de la actividad petrolera, del endeudamiento y la recaudación fiscal.
@germanrodri
10-08-2026
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