Gran celebración de la Iglesia merideña. La Misa por el Centenario Arquidiocesano

Por: Ricardo R. Contreras…

Este domingo 11 de junio de 2023, la Iglesia merideña se llenó de alegría al celebrar el centenario de la elevación de la Diócesis emeritense a la condición de Arquidiócesis de Mérida. Los preparativos ya llevaban más de un año, pues el 19 de marzo de 2022 se produjo el decreto episcopal por el cual se había hecho un llamado a realizar diversas actividades dirigidas a estimular en la grey católica el sentido de pertenencia a una Iglesia local que ha hecho un recorrido centenario desde que el Pio XI con la Bula papal “Inter praecipuas Sancta Sedis” del 11 de junio de 1923, daba formalidad a la elevación arquidiocesana de la otrora Diócesis de Mérida de Maracaibo, fundada el 16 de febrero de 1778, que tuvo en el Excmo. Mons. Fray Juan Ramos de Lora O. F. M. a su primer obispo propietario (1782-1790), y que ahora se convertía en cabeza de una provincia eclesiástica, teniendo la condición de Arquidiócesis Metropolitana de Mérida, bajo la dirección del Excmo. Mons. Antonio Ramón Silva García, su undécimo obispo (1894-1923) y primer arzobispo (1923-1927).

Varias actividades se han venido desarrollando a lo largo de este año, las cuales han tenido como escenario las distintas parroquias, el Seminario San Buenaventura, el Museo y el Archivo Arquidiocesano. Sin embargo, la más esperada era, sin lugar a dudas, la celebración eucarística del domingo 11 de junio de 2023. Esta actividad fue preparada con esmero por la comisión central organizadora de los actos por el Centenario Arquidiocesano, que desde el primer momento comenzó a diseñar una compleja logística con un objetivo claro: reunir en la Plaza de Toros “Román Eduardo Sandia” a feligreses procedentes de todas las parroquias de la geografía arquidiocesana.

Las semanas previas a la solemnidad fueron especialmente intensas. Las distintas vicarías de la Curia Arquidiocesana comenzaron a trabajar desde sus diversos ámbitos de acción, uniendo esfuerzos para organizar cada detalle. Además, contaron con el apoyo de todas las parroquias eclesiásticas, de los responsables de la Plaza de Toros, los organismos estatales de seguridad, los bomberos, los medios de comunicación social y la Universidad de Los Andes. Esta última, a través del decanato de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES), brindó la oportunidad de utilizar sus estacionamientos para la comodidad y seguridad de los asistentes.

La mañana del domingo 11 de junio comenzó de manera inusual. Desde muy temprano, decenas de autobuses repletos de fervientes católicos llegaron desde diversos puntos de encuentro ubicados dentro y fuera de la ciudad. A las ocho de la mañana, el júbilo reinaba en las gradas de la Plaza Monumental. La actividad previa de animación logró una excelente disposición de los asistentes y, puntualmente, a las once de la mañana, con la solemne procesión de entrada, el Arzobispo metropolitano Mons. Helizandro Terán Bermúdez O.S.A., el Obispo auxiliar Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz y el Obispo auxiliar emérito Mons. Luis Alfonso Márquez Molina C.I.M., junto con los obispos de las diócesis sufragáneas de la Arquidiócesis de Mérida y las diócesis vecinas, y el clero en general, dieron inicio a la celebración.

La admiración de todos los asistentes era patente; la Plaza Monumental estaba completamente llena, como solo se ha visto en contadísimas ocasiones. La Iglesia merideña en pleno, con sus obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y el pueblo católico, convirtieron el lugar en una gran asamblea de creyentes. Según algunos conocedores de la historia de la Plaza de Toros (de su proyecto, su construcción y ampliaciones), podría haber alrededor de 17.000 personas en el recinto. Si tomamos en cuenta los cientos de personas que no pudieron entrar y permanecieron en las afueras, así como el voluntariado, el personal de apoyo logístico, los bomberos y la seguridad, podríamos estar hablando de un número cercano a las 20.000 personas. Todos ellos se convirtieron en testigos presenciales y participantes directos de un acontecimiento eclesial histórico, que también fue presenciado por las autoridades civiles y militares, así como por la máxima representación de la Universidad de Los Andes, pues el vínculo entre la arquidiócesis y la universidad es indisoluble.

No solo llamó poderosamente la atención el número de personas, sino también el orden y la excelente disposición con la que miles de participantes se involucraron en la celebración. Además, es destacable que no se registró ningún incidente de consideración. Durante los momentos de recogimiento previstos en la liturgia, se logró el anhelado silencio en medio de una multitud tan grande, demostrando así una auténtica piedad cristiana.

La organización de la Misa fue la expresión de la catolicidad, y en su homilía, Mons. Helizandro Terán comenzó citando un epígrafe tomado de la carta del apóstol Pablo a los Efesios (Ef 4,3-4). Luego, recordó que “Somos y nos sentimos miembros del único cuerpo que es Cristo, por la acción de su Espíritu. Hemos sido llamados a una vocación específica: la de ser discípulos de Cristo, continuadores de su obra de instaurar el Reino, sabiendo que Cristo mismo es nuestra única esperanza”.

En este punto, el Arzobispo destacó que la Iglesia, en su conjunto y en este caso la Iglesia particular que se congrega en torno a la mitra merideña, es una obra en construcción. Cada bautizado es una piedra viva (Cf. 1Pe 5) que, unida a través del vínculo del Evangelio, ocupa su lugar en la construcción de una Iglesia que avanza enfrentando los desafíos apremiantes de una sociedad llena de carencias, dificultades y contradicciones.

Más adelante, el Prelado emeritense afirmó: “Cien años de recorrido histórico como arquidiócesis lleva consigo ver el pasado con el discernimiento del presente y proyectarnos hacia un futuro fecundo, que se hará realidad en la medida en que nos comprometamos a ser una auténtica Iglesia misionera y en salida”. La Iglesia merideña, en su centenario como sede metropolitana, se encuentra frente a varias encrucijadas. Una de ellas nos lleva por el camino en el que el Papa Francisco ha insistido: “la Iglesia debe ser una Iglesia en salida”. Esto implica adquirir el compromiso de convertirse en un auténtico lugar de encuentro para todos los creyentes, tanto para aquellos que están alejados como para aquellos que se encuentran en las “periferias existenciales” (Cf. Documento de Aparecida, Nº 65). Todos ellos comparten un denominador común: la buena voluntad y la disposición para comprometerse con los auténticos valores que dan sentido al cristianismo.

Mons. Helizandro Terán hizo un esbozo de los 245 años de historia arquidiocesana, haciendo énfasis en los últimos cien años y los seis arzobispos que le precedieron: Mons. Antonio Ramón Silva, quien hizo tanto por la modernización de la arquidiócesis y fue “caminero y civilizador”; Mons. Acacio de la Trinidad Chacón Guerra, quien proyectó con obras concretas la visión de la “ciudad de Dios”; Mons. José Rafael Pulido Méndez, destacado por su “espíritu conciliador” y preocupación por el clero merideño; Mons. Ángel Pérez Cisneros, reconocido como un “obispo catequista”; Mons. Miguel Antonio Salas Salas, considerado como el “santo arzobispo merideño”; y el Emmo. y Rvdmo. Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardozo, actualmente Arzobispo de Caracas, quien se destacó “por sus desvelos, luchas y obras de bien en esta Iglesia merideña; su preocupación por la formación permanente del clero, su vocación de evangelizador de la cultura, su permanente diálogo con el mundo universitario, junto a su pasión por Mérida y su gente, dejando un legado de fina pluma y ejemplo de pastor atento a los nuevos signos de los tiempos”.

Mons. Terán Bermúdez, reflexionando sobre su responsabilidad, señaló: “Me toca a mí, como nuevo arzobispo, continuar andando sobre el legado fecundo de estos pastores, para que podamos caminar todos, como iglesia emeritense, por las sendas del evangelio en la fe y la esperanza, manifestando al mundo la alegría y la confianza de estar cimentados en Cristo Jesús”.

La celebración destacó por la presencia singular y magnífica del Santo Cristo de Aricagua, quien fue llevado en una peregrinación especial hasta la Plaza Monumental para ocupar un lugar prominente en el altar. Esta imagen, considerada un valioso tesoro del arte religioso, fue traída a estas tierras por los Padres Agustinos a mediados del siglo XVIII. La preciosa escultura impresiona a los creyentes al evocar los misterios y sufrimientos de la Santa Pasión del Señor, además de recordar los pasajes del inspirador libro de espiritualidad cristiana, la ‘Imitación de Cristo’ de Kempis.

También la imagen de la Virgen Inmaculada, patrona de la Arquidiócesis, peregrinó por la geografía arquidiocesana durante este año centenario y, en la celebración, ocupó un lugar destacado en el altar. Mons. Helizandro Terán dirigió sus palabras finales de la homilía a Santa María, Madre de Dios, diciendo: “Haz, oh Madre, que esta Iglesia merideña, que celebra sus 100 años como arquidiócesis, pueda mantenerse virgen como tú, en la integridad de su fe a Cristo Jesús, su Señor y esposo. Que podamos tener un corazón puro que mantenga incorruptible la fe en tu Hijo Jesús”.

19-06-2023