Guerra avisada no mata soldados, y si los mata es por descuidados

Desde que se decretó la pandemia del coronavirus, hasta hoy han pasado aproximadamente seis meses, tiempo en que la población ha sido informada suficientemente a través de los medios de comunicación, redes social, notificaciones gubernamentales, despachos internacionales, no solamente del peligro que representan los contagios con el COVID-19, sino también las medidas de protección adecuadas para evitar ser víctima de este virus, silencioso, muy contagioso y en ocasiones letal.

Sin embargo, vemos con asombro y desconcierto que el comportamiento ciudadano, está cada vez más desbocado, más anárquico, más peligroso. Es como como si decir “flexibilización de cuarentena” es sinónimo de “haga lo que quiera, todo está bien. Interpretan , erróneamente, que el virus cual dócil animalito, en estos días decretados como flexibles, no debe atacar a las personas que andan por la calle casi desesperadas, en busca de gasolina, gas, alimentos, medicinas, o simplemente , aprovechando al máximo la libertad de tránsito que ofrecen los siete días en que hay menos trabas para el intercambio social.

La gente se olvida del tapabocas o hace mal uso del mismo. No guardan la distancia entre personas de al menos 2 metros, recomendada por la OMS. Nadie está por saber si están cumpliendo con el lavado frecuente de manos. Salen a hacer sus diligencias, y llevan a sus niños. En fin un verdadero relajo como decimos coloquialmente .Se observa por aquí y por allá, falta de conciencia y sentido común, actitud, que no tiene una explicación lógica. ¿O es que la gente que actúa de esa manera irracional, no aprecia su vida o se cree invulnerable? Lo peor es que con ese comportamiento indolente pueden propagar el virus a otros que sí se cuidan, que sí atienden las indicaciones. Es más, los síntomas, del Covid-19 por lo general, no aparecen hasta que la persona infectada ha estado trasmitiendo el virus durante varios días. La persona infectada continúa viéndose y sintiéndose bien, mientras contagia la enfermedad a nuevos huéspedes y tan tranquilo hasta que comienza a sentirse enfermo cuando el virus ya ha logrado cumplir con su meta evolutiva: propagarse.

Como medios de comunicación responsables y que nos preocupa la salud de los merideños, casi desde el mismo momento en que se supo de este nuevo virus emprendimos una campaña de prevención e información sobre la pandemia. Sabemos, nos consta, que nuestros lectores y radioescuchas son de las personas que al estar bien informadas, se está protegiendo adecuadamente, pero el peligro está en los otros, en los que actúan irracionalmente. En este sentido, sea usted, amigo lector, el que, ponga los límites. A estas alturas ninguna persona puede ofenderse si usted le dice: Por favor, mantenga la distancia. Póngase el tapabocas. Ante el coronavirus no hay salvoconducto que valga. Todos podemos caer ante su ataque.

Para aquellos que contestan socarronamente “de algo hay que morirse”, podríamos contestar, sí es verdad, la muerte es parte de la vida misma, pero fallecer a causa del coronavirus, es algo realmente espantoso, y si de nuestra conducta inteligente y obediente depende evita enfermarnos, pues bien vale la pena hacer todos los esfuerzos para que el COVID -19 no se aloje en nosotros.

No nos cansaremos de insistir en las medidas de prevención. Cuídese mucho, usted, su familia, los vecinos y el entorno. El coronavirus no ha podido ser contenido. No hay vacunas, tampoco tratamientos específicos. No se arriesgue. No podemos dejarnos llevar por una falsa sensación de seguridad.

La flexibilización es una decisión humana por razones de índole económica, política, social, pero eso, al virus le da igual. Como los refranes no se equivocan y provienen de la sabiduría popular; “guerra avisada no mata soldados y si los mata es por descuidados”.

Redacción CC