¿Hace falta estudiar para ser influencer?

Por: Rocío Márquez…

Quizá su respuesta a la pregunta que da título a este texto sea “no”. Y tendría sentido. Estamos acostumbrados a pensar que para crear contenidos en las redes sociales basta con tener un teléfono, creatividad, algo que contar y la capacidad de conectar con una audiencia.

Durante años, hemos visto crecer a creadores que aprendieron su oficio sobre la marcha, lejos de las aulas universitarias. ¡Pero algo está cambiando!

Antes de continuar, conviene hacer una precisión. Aunque en la conversación cotidiana solemos utilizar “influencer” y “creador de contenidos” como si fueran sinónimos, no son exactamente lo mismo. Un creador produce contenidos para una audiencia; un influencer, además, ha desarrollado una capacidad para influir en las opiniones, decisiones o comportamientos de su comunidad. Una misma persona puede desempeñar ambos roles, pero no todo creador de contenidos es necesariamente un influencer.

Creación de contenidos como carrera universitaria

La Universidad Estatal de Arizona acaba de incorporar una Licenciatura en Creación de Contenidos dentro de su Escuela Walter Cronkite de Periodismo y Comunicación de Masas.

Antes, en Irlanda, la South East Technological University había creado una titulación en Creación de Contenido y Redes Sociales.

Ello parece indicar que no se trata de una simple moda. Además, Goldman Sachs estimó la economía global de los creadores en unos 250 mil millones de dólares y proyectó que podría acercarse a los 480 mil millones en 2027.

Sin embargo, su importancia no se mide solamente en dinero. Los creadores recomiendan qué comprar, explican acontecimientos, entrevistan, opinan y construyen comunidades. Algunos reúnen audiencias superiores a las de muchos medios tradicionales.

Así que, nos guste o no, esta es una realidad que ya está aquí, y desde la universidad no podemos obviarla. Por el contrario, nos corresponde observarla, comprenderla y preguntarnos cómo actuar frente a ella.

Creación de contenidos: ni está peleada con el periodismo ni es periodismo

Urge hacer otra aclaratoria, especialmente para quienes puedan interpretar la incorporación de estas nuevas áreas de formación como una manera de restarle espacio o importancia al periodismo. 

No se trata de eso. Reconocer la creación de contenidos como un nuevo campo profesional no significa desconocer el valor del periodismo ni mucho menos sustituirlo.

La llegada de la creación de contenidos a la universidad abre, más bien, una conversación interesante para nuestra profesión. No porque una tenga que competir con la otra, sino porque ambas conviven hoy en un mismo ecosistema comunicativo.

Periodistas y creadores utilizan las mismas plataformas, producen videos, realizan entrevistas y conversan con sus audiencias. Incluso pueden emplear formatos muy parecidos. Por eso, para el público, la línea que los diferencia puede resultar cada vez menos evidente. Sin embargo, compartir herramientas, formatos y espacios no significa desempeñar la misma función.

El periodismo conserva métodos, principios y responsabilidades propios. La creación de contenidos, por su parte, ha desarrollado lenguajes y nuevas formas de relacionarse con las audiencias que también merecen ser estudiados.

Reconocer una nueva realidad profesional no debilita al periodismo. Puede ser, por el contrario, una oportunidad para reafirmar aquello que lo distingue.

Quizá la universidad tenga allí una tarea especialmente importante: no enfrentar ambos campos ni intentar convertir uno en el otro, sino comprender sus diferencias, hacerlas visibles y estudiar también sus puntos de encuentro.

El periodismo puede incorporar nuevas narrativas y maneras de conectar con las audiencias, mientras que la formación de creadores puede enriquecerse con ética, pensamiento crítico y responsabilidad comunicativa, tan necesarios en tiempos de desinformación y bulos.

Una universidad que responda a nuevas realidades

Y aquí vale la pena mirar hacia nuestra propia universidad.

La Universidad de Los Andes, particularmente desde su Escuela de Comunicación Social en el Táchira, puede observar experiencias como las de Arizona e Irlanda. No para copiarlas, sino para preguntarnos qué podemos aprender de ellas y cómo adaptarlas a nuestra realidad.

Más aún en un momento en el que la Universidad se prepara para elegir nuevas autoridades y, con ellas, también comienza a discutir su futuro.

Estas discusiones deberían servir para preguntarnos qué universidad queremos construir frente a las nuevas realidades globales. Innovar no significa abandonar lo que hemos hecho bien, sino tener la capacidad de revisarlo cuando el entorno cambia.

Eso puede traducirse en nuevas carreras, pero también en la actualización de los planes de estudio, cambios curriculares, nuevas asignaturas y programas que incorporen creación de contenidos, narrativas digitales, inteligencia artificial, ética y otras competencias que hoy demanda el ejercicio profesional.

La universidad tiene la responsabilidad de preparar profesionales capaces de desenvolverse y competir en un escenario cada vez más global. Arizona e Irlanda están ensayando sus propias respuestas ante una realidad comunicativa que ya cambió. Tal vez este sea un buen momento para preguntarnos: ¿qué cambios debemos comenzar a impulsar nosotros para que nuestra universidad también forme parte de esa transformación?

08-09-2026

“Comunicación Continua no se hace responsable por las opiniones y conceptos emitidos por el articulista”