La natividad del Señor
Hemos conocido en la tierra la claridad de Cristo, porque, aunque caminemos en tinieblas vemos esa gran luz; con ella Dios engrandece a los pueblos y hace insigne su alegría. La presencia de Dios en el corazón de los hombres, por medio del Niño Jesús, quebranta la opresión, la dominancia, pues el Señor ama la libertad de sus hijos, ya que habiéndola en ellos también hay justicia.
Probamos día tras día el amor de Dios. Experimentándolo realmente saltamos de gozo, y cuando percibimos esto demostramos la renuncia a la poca, o, mala fe, pues el amor de Dios, evidenciado en su pequeño recostado en el pesebre junto a José y María, posibilita el robustecimiento de un corazón sabio, justo y fiel.
Tal robustecimiento nos instala aún más en una entrega generosa a la práctica del bien; éste conviene abrigarlo con el regocijo y el calor del corazón y la mente, porque en ellos el bien ha de contar con un sencillo pero notable lugar. Por eso, requerimos ser vigilantes, pues la práctica de la benevolencia que alienta la fe, la esperanza, es una buena noticia a la cual permitimos brillar en las tinieblas.
Esa práctica es una ofrenda agradable al Omnipotente, y, a la vez, una festividad, ya que compartimos con el Niño Jesús su divinidad, no para imaginarnos, ni siquiera por chiste, ser Dios, sino más bien para que le reconozcamos el generoso y humilde hecho de haberse dignado en compartir nuestra humanidad.
Anunciemos la paz, y recordémonos y recordémosle a todo hombre y mujer la salvación; porque, prorrumpir en un grito de alegría por ella, es librarnos del pecado que arruina la vida, y posibilitarle a esa maravilla, la salvación obrada por Dios, el destello de su amor y su lealtad.
El nacimiento de Jesús también rememora que somos imagen del ser del Padre celestial, imagen a la cual mantenemos en nosotros porque leemos, practicamos y nos alimentamos con su palabra poderosa. Del que obsequió su Verbo que ilumina, somos testigos con el fin de recibirlo y darlo a conocer, y de este modo lleguemos a ser nacidos de Dios, hijos de Dios.
Bramón, Diócesis de San Cristóbal, 25-12-24
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com
25-12-2024



