
En medio de la devastación que dejaron los terremotos del 24 de junio en el estado La Guaira, Caracas y otros estados del país, la Hermana Adianez Fuenmayor, Directora de Obras Misionales Pontificias de la Arquidiócesis de Mérida, ofreció este lunes un conmovedor testimonio desde el terreno durante una entrevista con el periodista Leonardo León en el programa La Ciudad en la Radio (ULA 107.7 FM).
Con la voz entrecortada por la emoción y el cansancio acumulado, la religiosa describió la realidad que se vive en la zona más afectada del litoral venezolano, donde su congregación se ha convertido en un faro de esperanza en medio de lo que ella misma califica como «un apocalipsis».
«Esto es indescriptible. Yo lo he llamado un apocalipsis, y también pronto saldrá una reflexión mía acerca de que La Guaira se ha convertido en el Arca de Noé. Algunos hemos sido elegidos para quedar vivos y otros, lastimosamente, han partido a la casa del Padre de la manera más dolorosa que hay», expresó la hermana con profunda sensibilidad.
Fuenmayor destacó que, aunque ya se han retirado la mayoría de las comisiones de rescate internacionales y nacionales, el sufrimiento y la necesidad siguen vigentes. «Hemos pedido a los rescatistas que hemos encontrado de fuera que por favor no nos dejen solos. Seguimos insistiendo en esto. Pero el cansancio físico, las fuerzas humanas son difíciles», confesó.
La religiosa fue enfática en su solicitud de apoyo continuo «yo insisto, no nos dejen solos, porque ahora es cuando la tragedia continúa», afirmó. Y añadió, «me atrevería a decir que aún el 60% del estado está acabado totalmente y va a empezar la demolición. La gente no quiere que boten los cuerpos en la basura, insiste en buscarlos. De hecho, yo ahora mismo voy a intentar sacar a mi prima de entre los escombros».
A pesar del dolor y la adversidad, la congregación que lidera la hermana Adianez mantiene activa su labor humanitaria. «Estamos haciendo 100 desayunos en la mañana, 300 almuerzos al mediodía y 100 cenas. Lo seguimos manteniendo acá», detalló.
Pero más allá de la alimentación, Fuenmayor subrayó el valor simbólico de su presencia. «No queremos hacer una presencia de ser un donador así por la nada, sino que nuestra vida sea un símbolo de esperanza», explicó.
En un gesto que refleja la profunda fe de la comunidad damnificada, la hermana hizo un llamado público para recolectar rosarios y camándulas. «Las personas me lo piden. Me dicen: ‘por favor, mándennos un rosario, que podamos pedir a Dios’. Aquí en el estado es difícil conseguirlos porque todo está cerrado», señaló.
La religiosa habilitó un punto de recepción en su congregación, ubicado en la «cuarta casa a la derecha, subiendo por la avioneta», en Mérida. También se puede hacer llegar la donación a la emisora ULA 107.7 FM, desde donde se coordinará el envío para el próximo viernes.
La Hermana Adianez dedicó palabras de profundo agradecimiento al personal de rescate que llegó desde Mérida para salvar vidas. «Quiero agradecer infinitamente, no tengo palabras para agradecer, al Cuerpo de Bomberos del Estado de Mérida, al Cuerpo de Bomberos de la ULA, a Protección Civil, a todo aquel merideño que se acercó aquí a salvarnos la vida», expresó con emoción.
«Los he visto en sus noches oscuras, cansados, agobiados por el calor insoportable. Son unos hombres y mujeres nobles, generosos. Eso lo tengo en mi corazón», añadió.
La religiosa concluyó con un mensaje de gratitud y esperanza, pero también con una advertencia clara, la emergencia no ha terminado. La Guaira sigue de pie, pero herida, y necesita del acompañamiento de todo el país y del mundo.
Redacción C.C.
06-07-2026


