Homilía de Mons. Enrique Rojas Obispo Aux. de Mérida, en la Eucaristía de Acción de Gracias a Dios por el cierre del Año Jubilar Arzobispal y los 30 años de Arzobispo del Cardenal Baltazar Porras

Homilía de Mons. Luis Enrique Rojas Ruiz, Obispo Auxiliar de Mérida, en la Solemne Eucaristía de Acción de Gracias a Dios por el cierre del Año Jubilar Arzobispal y los 30 años de Arzobispo de S.E.R. Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardozo, Arzobispo Metropolitano y Administrador Apostólico de Caracas.

Queridos hermanos, hoy se clausura el Año Jubilar Arzobispal, y se une a esta celebración el Trigésimo Aniversario de Arzobispado en Mérida del Cardenal Porras Cardozo. Es para mí motivo de alegría y gozo el haber sido elegido como predicador en tan importante momento, gracias a quienes así lo decidieron por tan inmerecida misión.

Me corresponde hablarles de un gran personaje que durante el tiempo y de manera especial en Mérida, ha logrado ganarse el respeto, el aprecio y el amor sincero de todos los merideños, no sólo por lo que representa, sino porque su trabajo incansable y logros obtenidos desde la Iglesia le dan ese sitial que le corresponde, se trata de nuestro querido Padre y Pastor de esta Iglesia local S.E.R. Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardozo, puesto que forma parte de los hombres más insignes, académicos e intelectuales de nuestro país y de la Iglesia no sólo latinoamericana, sino universal, porque bien nos ha sabido representar en distintos ambientes nacionales e internacionales y con mayor razón, ahora como príncipe de la Iglesia.

Hoy el salmo 125 El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres, me permitirá describir a través de él y de manera resumida, los logros que hasta el momento ha obtenido el Arzobispo actual de Mérida. Este estribillo de la Palabra de Dios, debe resonar en lo más profundo de nuestro corazón, cuando hacemos memoria del recorrido que nuestro Padre y Pastor ha realizado con grandes obras en esta Iglesia particular. Llega a mi mente la primera misión que a él fue encomendada y ha sabido cumplir con amor, pasión y entrega desmedida, ante lo que ha representado, la estructura física de nuestra Iglesia merideña y no puedo dejar de mencionar el cuidado que, de manera muy especial, el Cardenal Porras, ha demostrado con los bienes patrimoniales en general de esta Arquidiócesis. Vale la pena mencionar, la edificación en la que se celebra en estos momentos la Solemne Eucaristía, es decir, la Santa Iglesia Catedral de Mérida; no ha sido fácil y menos en estos momentos en un país marcado por la crisis económica, política y social, mantener, preservar y cuidar un ícono tan representativo como este y exigente en su permanente mantenimiento, más aún, cuando vemos con dolor el deterioro y destrucción de otras edificaciones y estructuras importantes en nuestra geografía merideña, sin hacer mención de muchas otras a nivel nacional.

El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Porque el Arzobispo Metropolitano de Mérida, que hoy arriba a sus treinta años en la Cátedra Merideña, ha logrado sostener en el tiempo estructuras que otros construyeron, pero que a él le fueron encomendadas, no sólo para protegerlas, sino para hacer de ellas lugares de relevancia e importancia, a través de la Evangelización de la cultura y de la historia; me refiero al imponente y majestuoso Palacio Arzobispal, sede de la Curia Arquidiocesana, representado por diferentes dependencias, entre ellas, el Archivo y Museo Arquidiocesanos, como lugares referentes de donde emana de nuestra Iglesia, el pensamiento y la memoria histórica que desde siempre nos ha acompañado. Ha sido Usted, el motor que impulsa todos estos proyectos, y los mantiene vivos y vigentes, muestra de ello lo que viviremos seguidamente de la Eucaristía, en el Solemne Acto Académico, donde se darán a conocer 28 publicaciones desde la Editorial del Archivo Arquidiocesano, signo del trabajo Sinodal continuado que la Iglesia merideña ha sabido administrar y gerenciar en la persona de Su Eminencia, y la dirección de la Dra. Ana Hilda Duque, y su equipo de trabajo, felicitaciones doctora por su excelente labor. Hoy puedo decir con propiedad, que el Cardenal en Mérida, sí tiene quien le escriba.

El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Porque desde el semillero de vocaciones: El Seminario Arquidiocesano San Buenaventura, donde se forman hombres de bien, para la Iglesia y la sociedad, el Cardenal Baltazar Porras, ha sido el primer maestro y el gran conductor de esta obra maravillosa de Dios. Ha sido Él, quien a través de proyectos y sus buenas relaciones nacionales e internacionales, mantiene esta obra viva con una formación integral, que abarca todas las dimensiones de la vida sacerdotal. En estos momentos, se cuenta con una de las bibliotecas de investigación teológica y filosófica más completas del país, sin sumar la suya personal, referente importante a nivel nacional. Gracias querido Pastor porque Usted siempre se ha preocupado por la formación permanente de su clero, muestra de ello todos los que hemos tenido la oportunidad de visitar otras latitudes, como Italia, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Chile, Argentina, Panamá, Puerto Rico, y México, para adquirir nuevos conocimientos en Universidades Pontificias, y luego ponerlos al servicio de esta Iglesia.

El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Porque en Mérida, se imparte educación de calidad en los Colegios Arquidiocesanos y a través de institutos para la vida religiosa y laicos, como es conocido a través del CEAR, y del Secretariado Catequístico, los cuales juntos a las pastorales arquidiocesanas funcionan en el Edificio “Centro de Pastoral Siervo de Dios Miguel Antonio Salas Salas”, edificación que se la debemos a Usted. Actualmente esta formación se ha acrecentado y fortalecido, por medio de las redes sociales y las plataformas digitales, las cuales permiten tanto al laico como al formando, recibir cursos y capacitación en diferentes temas relacionados con la vida y la formación del clero, incluyendo diáconos permanentes y colegio de monaguillos.

El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Ya que contamos con un Pastor con olor a oveja, el cual lo ha demostrado con las visitas pastorales, la dedicación, entrega y servicio, de manera muy especial a las comunidades más lejanas sin descuidar las periferias y todas las parroquias en general. En este sentido, el Cardenal ha sido ejemplo vivo para su presbiterio y para nosotros los obispos auxiliares, que hemos vivido esta escuela inicial en el episcopado junto a él.

Hoy en nombre de todas las comunidades que Usted ha visitado y continuará acompañando, quiero expresarle el más sincero agradecimiento que ellos me comunican cuando les visito, por la atención que desde siempre les ha brindado, siendo uno más con ellos, sumado a todo esto le manifiestan la gratitud por las construcciones de capillas y templos, hasta en los sitios más lejanos de la ciudad. Usted ha sabido entrar en el corazón del humilde, del anciano, del niño, del joven, del agricultor, del danzante de San Benito, en fin, de todo aquél que se le acerca simplemente para saludarlo o pedirle la bendición. Este legado nunca podrá dejar de existir mientras tengamos en Mérida pastores según el corazón de Dios, como Usted nos lo ha enseñado.

El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Porque contamos con un hombre de Dios, con una calidad humana desbordante, que es el resultado de su espiritualidad y encuentro permanente con Cristo en la oración y la Eucaristía.

El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Porque esa alegría de Dios la vemos en Usted, cuando comparte con nosotros espacios para el buen humor y se desprograma para hacernos reír y mostrarnos al ser humano, al Jesús terrenal, que ríe con el que ríe, y que llora con nosotros cuando ha sido necesario, bien sea por logros importantes o por momentos de crisis y de derrota de alguna de sus ovejas. Es Usted el Pastor que conoce a cada una y las llama por su nombre, y nosotros somos el rebaño que conocemos la voz del Pastor cuando nos llama.

El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Porque viendo y estudiando durante estos días encomiendas y encargos, que hoy hace treinta años le fueron entregados en sus manos, por su maestro y tutor, el Siervo de Dios Miguel Antonio Salas Salas, cito textualmente alguna de ellas:

“Antes de traspasar el ocaso de mi ministerio episcopal, vengo a usar, por última vez, como pastor de esta Arquidiócesis, la cátedra arzobispal, para decir a mis queridos merideños mis últimas palabras…me voy con la complacencia de dejar en sus manos el cayado y la mitra de esta Iglesia Arquidiocesana”. Siervo de Dios Miguel Antonio Salas Salas. 05-12-1991

El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Puesto que el Obispo académico, intelectual y letrado, llegó hace más de treinta años a Mérida, y hoy por hoy, ha sabido mantenerse fiel al mundo universitario desde el primer momento en que la Ilustre Universidad de los Andes, abrió las puertas para él. Cito las palabras de su Eminencia el Cardenal José Alí Lebrún, Arzobispo de Caracas, pronunciadas en esta misma Catedral Metropolitana, el día de la Consagración Episcopal del Cardenal Porras Cardozo, el 17 de septiembre de 1983:

“A tu celo juvenil, entusiasta, contagioso, se abre el apostolado de la Universidad. Ella debe formar verdaderos líderes, constructores de una nueva sociedad, y esto implica por parte de la Iglesia, dar a conocer el mensaje del Evangelio en este medio y hacerlo eficazmente”.

De igual manera, aprovecho el espacio para felicitar a los honorables profesores universitarios venezolanos, hoy en su día, efeméride que desde el año 1958, rinde honor a su excelsa labor, y a la Coral de la Catedral “Cantus Mensurabilis”, en sus 31 años de fundación. Esta obra musical también es su creación, Sr. Cardenal.

El mensaje de este segundo domingo de Adviento, nos llama y nos exhorta a la invitación y convocatoria universal que el Santo Padre Francisco, recientemente, ha hecho a la Iglesia a través de un camino sinodal. Experiencia que en la práctica nos exige caminar juntos. De esta manera nos lo narra la primera lectura del profeta Baruc. Como Iglesia, pese a las deficiencias humanas, debemos reconocer que todos como pueblo de Dios, en estos treinta años, hemos caminado juntos y con la conducción y dirección de un Pastor que, desde el monte más alto de nuestro país, ha logrado cumplir con amor de Padre. Parafraseando la Palabra de Dios, del capítulo quinto de San Mateo, puedo atreverme a decirle, Señor Cardenal, que Usted ha sido y seguirá siendo la luz para esta Arquidiócesis, y para todos sus habitantes, independientemente de su credo.

Agradezco en nombre del homenajeado, del Clero Merideño, de la Curia Arquidiocesana, del Museo y Archivo Arquidiocesanos, y del Comité Organizador, la respuesta que ustedes respetables autoridades civiles, universitarias, académicas, y pueblo de Dios, han dado a la invitación que les hicimos en un primer momento. Muestra de ello su presencia en medio de esta Ceremonia y Acto Académico que le seguirá.

Pedimos la bendición de Dios y protección, por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada Concepción, y del Beato José Gregorio, para todos los aquí presentes y aquellos que nos siguen en transmisión en vivo, a través de la Televisora Andina de Mérida, las redes sociales, y las emisoras que se unieron.

Finalizo citando una de las “Bienaventuranzas del Obispo”, que el Papa Francisco compartió con el Episcopado Italiano, con motivo de su Asamblea General Extraordinaria, inaugurada en Roma, el pasado 22 de noviembre de 2021:

Bienaventurado el obispo que trabaja por la paz, que acompaña los caminos de la reconciliación, que siembra en el corazón del sacerdote la semilla de la comunión, que acompaña a una sociedad dividida en el camino de la reconciliación, que toma de la mano a cada hombre, y a cada mujer de buena voluntad, para construir la fraternidad: Dios lo reconocerá como su hijo.

Que así sea.

05-12-2021

Fotos Leo León-@leoperiodista