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jueves, abril 16, 2026

Homilía de Mons Enrique Rojas obispo aux de Mérida en la misa «Por la Libertad de Venezuela»

HOMILIA MISA POR LA LIBERTAD DE VENEZUELA Mons. LUIS ENRIQUE ROJAS RUIZ

Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Mérida

Estimados hermanos y amigos, pueblo de Mérida y de Venezuela entera,soñadores y luchadores de una misma causa. Hoy nos congregamos aquí ante el altar de Dios, unidos en la FE y la ESPERANZA de que él acompañe siempre a su pueblo, así como lo hizo en tiempos lejanos, ahora nos exige a los sucesores de los apóstoles, la misión de acompañar nuestra gente,a encontrar buenos pastos y frescos manantiales. Aquí estamos de nuevo en este escenario público, que ha visto reunidos en varias oportunidades a sus estudiantes, campesinos e hijos de esta ciudad y de nuestros pueblos para manifestar públicamente que creemos en el evangelio de la vida y rechazamos la cultura de la muerte, que pasea a diario por nuestras calles, hospitales, escuelas, barrios y comunidades.

Hemos iniciado nuestra manifestación pública con esta caminata-procesión acompañados por la Virgen María, quien no sólo fue Asunta al cielo para quedarse allí, sino que ha bajadoa la tierra y ha querido también, cual madre desgarrada de dolor ante el sufrimiento de sus hijos,presenciar nuestra más sincera y pública oración ante el altar del cielo merideño y elevar hasta Dios las súplicas de todo un pueblo que ora con FÉ, pero exige con coraje y firme voluntad la LIBERTAD y respeto a la VIDA, a la DIGNIDAD de los venezolanos y el urgente restablecimiento de la DEMOCRACIA en toda nuestra Patria.

Nuestra Iglesia ha sido testigo de esta gigantesca lucha de toda la sociedad venezolana por lo que nadie debería luchar,  pues el don de la vida y la libertad son regalos de Dios a todos indistintamente de nuestra condición, nuestro color o nuestro partido político y de cómo pensemos; nadie debería mendigar a un hombre ni menos a un sistema político, vivir en paz, armonía y felicidad en su propio suelo patrio, pues son derechos inalienables que adquirimos desde el nacimimiento o del momento en que nos acoge nuestra identidad nacional y nos ampara la Constitución y las leyes.

Cuando desde la Iglesia les invitamos a salir a la calle con el propósito de celebrar una misa por la libertad de Venezuela, lo hicimos con la Palabra de Dios en la mente y en el corazón, y fue precisamente un trozo de la carta del apóstol san Pablo a los gálatas, parte importante de nuestra motivación para invitarlos a todos ustedes. Cito textualmente: “Para ser libres, Cristo nos libertó, manténganse, pues, firmes y no se dejen oprimir nuevamente, bajo el yugo de la esclavitud” (Gál 5,1). Y hoy, la Palabra de Dios nuevamente nos invita a trabajar por la reconstrucción de la libertad a la que hemos sido llamados, con nuestra única arma que es la verdad, la cual nos hará libres y nos servirá como gran aliada para destruir la mentira y la falsedad a la que nos arrastran las ideologías cuando se imponen de una manera brutal y dantesca, como la que hoy vivimos tristemente los venezolanos. Que sea la verdad la que nos conduzca por el camino y por sendas de libertad.

La Conferencia Episcopal Venezolana, en su última exhortación pide que los sacerdotes y obispos acompañemos a nuestra gente en estos momentos de dificultad y que lo hagamos con lo que nosotros sabemos ofrecer: misas, procesiones, oraciones, con los que la gente pueda sentirse identificada y que a la vez encuentren una respuesta con la cercanía que nos debe caracterizar como pastores en medio del rebaño que Dios nos ha confiado. Por tal motivo, surge la idea de una Misa por la Libertad de Venezuela. Nos duele ver a nuestra gente deambulando por las calles como hombres muertos, caminando con hambre y extrema necesidad, a los que no hay que preguntarles si han comido, basta ver el deterioro físico y la mirada triste que les acompaña.

Nos duele ver niños y jóvenes desertando de las escuelas, liceos y universidades, unos porque no tienen qué comer, o zapatos para ir a clases, otros porque junto a sus padres, o jóvenes solos, decidieron irse del país. ¿Es justo esto? ¿Se puede llamar a esta forma de sobrevivir ‘libertad’ y ‘democracia’? Me respondo a mí mismo: obviamente no. Por eso, hoy Venezuela decide, desde Mérida, salir a las calles, levantando su voz de protesta desde la fe y como siempre lo ha hecho, sin violencia, porque los jóvenes que han muerto dejando su pellejo pegado en el asfalto de nuestras calles venezolanas no se mataron entre sí, alguien que los adversaba seguramente lo hizo. Que Dios perdone a quien cometió estos crímenes, que gracias al mismo Dios son crímenes que no prescriben y en su debido momento quienes lo cometieron serán castigados.

Queremos aprovechar hoy la oportunidad de tener frente a nosotros a los representantes de diferentes partidos y movimientos políticos; ustedes tampoco no se equivoquen más, ni sigan experimentando ni negociando con el hambre y la necesidad de un pueblo como el nuestro; recuerden que el pueblo y su gente pasan factura sin mirar color o posición política. Venezuela ya se cansó de ser laboratorio de política donde cualquiera llega y experimenta sin medir las consecuencias; cuánto nos gustó cuando ustedes aceptaron esta invitación y se activaron a través de todas las redes y medios de comunicación, sabíamos que no podíamos perder este momento para pedirles que por favor nunca más engañen ni utilicen a la gente a su antojo, pensando sólo en intereses personales, porque el único interés y la única fuerza que hoy mueve a esta multitud son la fe y la esperanza, para seguir luchando por una Venezuela verdaderamente libre y democrática para siempre. Recuerden que no hay mejor almohada para descansar que una conciencia tranquila.

Mérida es y seguirá siendo la Ciudad universitaria, Mérida la académica e intelectual, Mérida Ciudad de los Caballeros, la de las Cinco Águilas Blancas de Don Tulio Febres Cordero, la de la gente amable y cordial. Tristemente, hoy por hoy, un grupo ha querido convertirla en un botadero de basura con oscuridad absoluta en sus calles y avenidas, y en algunos sitios, en bosque o selva, que lo que permite es mayor caos e inseguridad. No la dejemos morir.

Rescatemos a nuestra amada Venezuela desde su sitio más alto y más cercano a Dios por la altura de sus montañas. Todavía tenemos muchos recursos que rescatar y mucho trabajo por realizar.

A nuestros queridos hermanos en el exterior y las diferentes fronteras con nuestro país, les exhortamos a no perder la fe ni la esperanza, que volverán a nuestra patria, a sus casas con sus familias, a sus sitios de estudio y de trabajo, pero ustedes desde donde estén y a donde vayan, sigan trabajando y uniendo esfuerzos, voluntades y sacrificios por el rescate de la libertad y la democracia en Venezuela. Nunca negocien con sus valores y principios, demuestren de qué está hecho y formado un verdadero y auténtico venezolano, que tiene en primer lugar a Dios en su mente y en su corazón; muy pronto los veremos regresar a esta patria que siempre los esperará con los brazos abiertos y seguramente las fronteras se abrirán nuevamente para que ustedes regresen dispuestos a darle a esta patria lo mejor de lo mejor, como ella se lo merece. Ese día nos abrazaremos como acostumbramos hacerlo el 31 de diciembre, esperando que el año que viene sea mejor que el anterior, con buenas nuevas. Sabemos y estamos convencidos que vendrán tiempos mejores para todos los venezolanos.

No tengamos miedo, tengamos fe y confianza en Dios y en nosotros mismos. En los recorridos que hago por diferentes parroquias, la pregunta de nuestra gente es la siguiente: “Monseñor, ¿hasta cuándo va a ser esto?”. Y yo les respondo: “Hasta que el venezolano levante su frente bien en alto y se dé a respetar. Hasta que el venezolano entienda que no hay otro documento de identificación sino su cédula de identidad y no un carnet que humilla, manipula y frustra los sueños y las esperanzas de un país. Hasta que los venezolanos entiendan que no deben pelearse entre ellos por una caja de comida corrupta con la que se negocia el hambre y la necesidad de nuestra gente. Y hasta que el venezolano levante su frente con dignidad y diga convencido: ‘Se acerca el día de nuestra libertad y debemos luchar y trabajar incansablemente por rescatarla y conseguirla’”.

La Iglesia católica merideña decidió hoy dar un paso adelante con la gente en la calle, que fue convocada y en menos de quince días y con las redes sociales hemos logrado lo que no se había logrado en mucho tiempo, unir a los partidos políticos, a los gremios médicos y universitarios, a los grupos de apostolado y movimientos civiles, en fin, a la sociedad merideña en general, porque cuando hicimos la convocatoria, se realizó abierta para todos, sin distingo de credo, raza, ni posición política. Precisamente, si queremos vivir en paz, en democracia y libertad, debemos fomentar la unión entre todos, porque las diferencias no existen para alejarnos ni dividirnos sino para aprender los unos de los otros y ser constructores de esta patria que hoy tanto nos necesita unidos en la fe y en el amor.

Esta Misa es el grito de libertad de un pueblo que no aguanta más, que decidió hace tiempo no rendirse ni resignarse a vivir de la forma como hoy se sobrevive en esta sociedad. Esta Misa por la libertad recoge el sentimiento de un pueblo burlado, manipulado y frustrado, que hoy exige con voz potente sean respetadossus derechos más fundamentales.

Por tal motivo, hoy le pedimos en nombre de Jesucristo a quienes tienen presa, secuestrada y esclavizada a nuestra nación, que la liberen; nos cansamos ya de pedir la liberación de una persona en particular o de un grupo llamado ‘presos políticos’ o ‘presos comunes’, castigados injustamente, puesto que hoy liberan a uno o hasta a un grupo mayor, pero mañana arrestan a quien disiente y se le violenta hasta su derecho de inmunidad parlamentaria, y no tranquilos con esto, se le tortura y se somete al escarnio público, como sucedió con el diputado Requesens y otros más. Mientras Venezuela siga presa y secuestrada con todos sus poderes, estos hechos continuarán sucediendo. Por eso, hoy los venezolanos, desde Mérida, gritamos con voz fuerte: LIBERTAD, LIBERTAD, LIBEREN A VENEZUELA. Alguien me dijo que no debíamos decir “Liberen a Venezuela” sino “Liberemos a Venezuela”, y yo le respondí: “En ningún momento los que amamos la libertad la hemos apresado. Los que somos de Cristo, somos hijos de la libertad. Por tal motivo, pedimos que sea liberada”.

Todos los venezolanos merecen respeto, hasta los que no piensan como nosotros, e incluso aquellos que no comparten nuestra misma fe religiosa, pero todos coincidimos que quienes nos gobiernan han pretendido domesticar nuestra conciencia y hacernos creer que el régimen es indestructible, nos acostumbraron poco a poco a estar divididos para que pasemos las veinticuatro horas del día discutiendo entre nosotros y que se nos olvide reclamar nuestros propios derechos; al punto que se nos olvidó la civilización y caímos en la barbarie de un país sin ley y sin principios.

Hoy les proponemos que la Misa por la Libertad de Venezuela se siga celebrando en cada rincón de nuestra geografía y que traspase fronteras. Sigamos una agenda única donde todos nos sintamos comprometidos e involucrados, en la calle y con nuestra voz hagámonos sentir en todo el mundo, como sucedió en algún momento. Que esta Misa no termine aquí, sino que continúe viva en las calles, en los templos, y donde sea necesario, como forma de protesta y como oración desde la fe, por la Venezuela que todos nos merecemos y deseamos.

Hoy les estamos acompañando como clero en nombre del Cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo, Arzobispo de Mérida, quien nos ha apoyado en esta iniciativa desde que se la propusimos, su apoyo incondicional, sus sabios consejos y su aprobación para la Misa por la Libertad de Venezuela fue también una de nuestras grandes motivaciones para hoy estar aquí con ustedes y seguir con todos en esta lucha, la cual no tiene marcha atrás. Que la Virgen María en sus distintas advocaciones, de Coromoto (Patrona de Venezuela), Inmaculada Concepción (Patrona de los merideños), nos proteja con su santísimo manto.

Mérida 18 de agosto del 2018

 

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