***Ejercer la profesión en el país se hace cada vez más cuesta arriba. Rotativas prácticamente paralizadas y emisoras de radio y televisoras autocensuradas.
El periodismo por naturaleza resulta incómodo. La búsqueda de la verdad y lo que ello implica son su razón de ser. Servir de voz a quienes les cuesta elevarla también es parte de su responsabilidad. Los periodistas venezolanos tienen hoy poco que celebrar, a no ser por la gallardía y el coraje que demuestran esos profesionales que aún patean las calles del país cumpliendo con su deber.
Ya no están con nosotros aquellos periodistas de raza como Simón Alberto Consalvi, Oscar Yanes, Sofía Imber o Jesús Sanoja Hernández, entre otros, pero aún quedan algunos incisivos y perspicases como Nelson Bocaranda o Rafael Poleo.
Las actuales generaciones de periodistas venezolanos conviven en su mayoría en internet. Hace años ya que los más importantes periódicos nacionales dejaron de circular en su versión impresa por falta de papel. Algunos de los que sobreviven en ese formato son un bodrio. Radios y televisoras son ya en su gran mayoría simples vías de publicidad. Campea la autocensura.
La prensa venezolana lucha sin embargo y a pesar de los mil obstáculos que se le presentan a diario, por seguir investigando y escudriñando la realidad. Es su esencia interpretarla.
Del libro “La guerra del fútbol” del periodista Ryszard Kapuscinski: “No me cabía en la cabeza lo que vi a continuación. Uno de los enfermeros, bisturí en mano, iba de un herido a otro y les extraía las balas del cuerpo, como se sacan las pepitas de una manzana. El otro vertía tintura de yodo sobre las heridas y las tapaba con gasas…”.
Luis Alberto Morales
CNP 23.806
27 de junio de 2021


