Artista María Teresa Gutiérrez. Su marca: Woolis @woolislana

En este año atípico, complicado, angustioso que hemos sobrellevado los venezolanos, donde la incertidumbre se ha enseñoreado por todos los rincones de nuestra inmensa geografía dejándonos perplejos ante acontecimientos que jamás pensábamos vivenciar, llega otra vez un tiempo que para los cristianos es como un bálsamo que alivia el dolor de las heridas sufridas por cada uno de nosotros durante la travesía de estos 12 meses del 2020 que no han sido nada fáciles. Pero, hoy es Noche Buena y mañana es Navidad.

Quizás existan pocas palabras tan significativas como “Navidad”. Evoca en las personas tradiciones y emociones ligadas a nuestro entorno familiar y de amigos entrañables. Nos inspira paz, armonía, exalta la solidaridad y las sonrisas se reflejan en los ojos. La pandemia nos obligó a taparnos el rostro con una mascarilla para no contagiar ni contagiarnos de un virus perverso que surgió de la nada, que ha cubierto la faz de la tierra con una estela de desdichas y muerte, pero nos queda la mirada descubierta que es el reflejo del alma y con ella demostramos nuestro mejor estado de ánimo.

La Navidad nos descubre el valor sagrado de la vida aquella que asumió Jesús, para salvarnos. En esta época del año, a pesar de tantas dificultades que enfrentamos, no faltará, aun en el hogar más humilde, la luz que despide la llama de una vela encendida para alumbrar el pesebre donde simbólicamente nacerá el Niño Dios.

Tal vez, en este año en el que somos más pobres económicamente porque todos hemos sentido la brutal inflación y los desbarajustes del caos en el que estamos sumidos, nos lleve a aceptar que no es lo material lo que más importa para ser felices, aunque por supuesto, ayuda y mucho, sino la certeza de que la verdadera fiesta navideña, está dentro de cada uno de nosotros y en lo que podemos ofrecer a los demás, aunque no tengamos ni  un dólar en el bolsillo. Como el valor de un abrazo, de un “te quiero”, del reconocimiento sincero de la importancia de esos otros seres en nuestras vidas, del acompañamiento silenciosos a un anciano que está solo, de una llamada para escuchar la voz del que está lejos, de jugar con un niño y acurrucar a tu mascota en las noches frías de diciembre. Son acciones que nada cuestan monetariamente pero que producen gran alegría y satisfacción. La fiesta verdadera hay que vivirla en el compromiso personal, en la solidaridad, en el respeto hacia los demás y manteniendo la fe y la esperanza en el provenir porque sin ellas es muy difícil seguir adelante por un sendero lleno de obstáculos, pero si tenemos coraje y voluntad no son infranqueables. Fe y esperanza, intangibles pero profundamente motivadoras, nos guían como faro de luz a un puerto seguro.

La piedra envuelta

Érase una vez un niño, de 8 años, que estaba muy preocupado porque no tenía nada que regalarle a su mamá. Su tía, una mujer sabia y bondadosa, le dijo: “No te preocupes, mi amor, hasta una piedra envuelta puede ser muy significativa porque le demuestra a ella, que tú la piensas y la quieres mucho”.

El niño se tomó literalmente esas palabras, se fue a la orilla del río que quedaba cerca de su casa. Con mucha parsimonia, buscó y buscó la piedrecita que le pareció más hermosa. Una que brillaba al sol, entonces la envolvió como pudo y le puso un lazo de color rojo. En la noche de Navidad se la entregó a su mamá. Ella, al abrir el “regalo” se emocionó mucho, besó a su hijo, lo abrazó y con lágrimas en los ojos, expresó: “Este es el obsequio más tierno que he  recibido”. El niño no cabía de contento. Hoy en día, la piedrecita, que es muy bonita, permanece sobre el escritorio de la madre porque es un excelente pisa papeles.

Este pequeño relato sirve para demostrar que no es necesario desesperarse cuando no se tiene cómo comprar un presente de valor. La intención, en este caso, es lo que cuenta. Hasta una piedra envuelta en papel de regalo, entregada con cariño, es una gran ofrenda.

Olvidar los rencores, perdonar y agradecer

El rencor corroe el alma, enferma al que lo siente. Con el rencor, sufre más el agraviado que el agraviante porque tal vez, este último ni cuenta se da del ultraje que infringe y anda por allí de lo más tranquilo, como si nada hubiera pasado. Así que, como dice Don Miguel Ruiz, el sabio médico tolteca: “No te tomes nada personalmente”. No permitas que la ira y el resentimiento te lastimen. Aprovecha la Navidad y siguiendo las palabras de Jesús, en la magnífica oración que nos dejó: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”…

Aprovechemos también para agradecer a Dios por lo mucho o poco que tengamos. Agradezcamos la luz del sol cuando el astro rey calienta las mañanitas frías de este mes encantador. Agradezcámosle a esa mamá, a esa tía, a esa abuelita, o a esa hermana que se  levanta tempranito para prepararnos un desayuno con una sonrisa  y los buenos días. A veces, en el agite diario, se nos olvida decir “gracias” y no reconocemos esas muestras de afecto, entonces, puede ser que cuando esa persona ya no esté con nosotros sintamos arrepentimiento por no haber valorado sus gestos de amor.

El equipo que conforma La Ciudad en la Radio y Comunicación Continua, quiere que cada uno de nuestros lectores y radioescuchas sean muy dichosos esta Navidad. Les damos las gracias por ese regalo de afecto que recibimos con sus demostraciones de cariño al estar cada día acompañándonos. Nosotros desde nuestra palestra y a pesar de las dificultades, les decimos ¡Arriba Corazones!

¡Feliz Navidad 2020!

Redacción: Arinda Engelke-Leo León. C.C.

Artista María Teresa Gutiérrez.
Su marca: Woolis @woolislana