El 12 de mayo de 1960 se celebró la solemne Consagración de la Catedral Metropolitana de Mérida, hoy día Basílica Menor de la Inmaculada Concepción. Escribe el Padre Eccio Rojo Paredes en el Boletín Eclesiástico que la Arquidiócesis publicara como recuerdo de dicho evento: “una de las más solemnes funciones que tiene la Liturgia es la consagración de los templos”, y como tal es rara, larga y solemne. Además agrega cuan excepcional era la misma en ese preciso momento: “desde 1867, en que Monseñor Boset consagró la Catedral, o sea, desde hace noventa y tres años, Mérida no presencia esta magnífica ceremonia”. Haciendo cuentas, son entonces 153 años al día de hoy; algo singular para no dejar pasar de alto.
Esta catedral nuestra es en efecto el tercer templo que se erige en el mismo lugar desde la fundación de la ciudad. El primero fue la Iglesia Matriz dedicada a San José. En 1786 es elevada a Catedral por el primer obispo Fray Juan Ramos de Lora, fundador también de la Casa de Estudios, quien a su vez cambia la dedicatoria a la Inmaculada Concepción. Este templo del cual no tenemos imágenes fue derribado en 1805 por el Obispo Santiago Hernández Milanés con la intención de construir una “magnífica catedral”, la cual no llegó a feliz término porque dicho proyecto quedó enterrado bajo los escombros del terremoto de 1812, y olvidado por las consecuencias de la guerra de Independencia. Habrá que esperar hasta 1842 cuando el Obispo Juan Hilario Boset comienza la construcción del segundo templo, más pequeño y modesto. El 29 de diciembre de 1867 logra concluirlo y realizar su consagración. Años más tarde, el terremoto de 1894 afectará este templo, mas no gravemente, lo que hará que el Obispo Antonio Ramón Silva, primer arzobispo metropolitano, realice una serie de reparaciones entre los años de 1895 y 1907, desde reconstruir el presbiterio y la fachada frontal hasta levantar una segunda torre. El tercer templo lo levanta el Obispo Acacio Chacón Guerra, sucesor del Obispo Silva como segundo arzobispo y luego llamado Arzobispo Constructor. En 1944 los techos del templo del Obispo Boset cedieron y se desplomaron parcialmente luego de un aguacero, hecho que motiva al Obispo Chacón a reconstruir la edificación. Para ello buscó al arquitecto Manuel Mujica Millán, quien tenía una exitosa carrera en Caracas, y le solicitó recuperar la idea del Obispo Hernández Milanés de una “magnífica catedral”. Y bien que lo hicieron ambos, acompañados por un equipo extraordinario de asistentes, maestros, obreros, carpinteros, herreros y artistas, y además con la benevolencia de una feligresía que contribuyó incesantemente en la fábrica de esta Catedral.
El 9 de octubre de 1958 se inauguró en el marco de las celebraciones del cuatricentenario de la ciudad, pero aún no estaba concluida la obra. Nueve días más tarde el Arzobispo Acacio Chacón Guerra celebró la primera Misa Pontifical ante la reliquia de Nuestra Señora de Coromoto traída especialmente para tal evento, “estrenando así él, como era de justicia, el templo que le había costado tantas fatigas, inquietudes y sacrificios” como escribe el Padre Rojo. Se esperó entonces hasta que los acabados finales junto a su decoración pictórica estuvieran completados en su totalidad para llevar a cabo la Consagración, la cual estuvo pautada para realizarse en dos días consecutivos el 25 y 26 de abril de 1960, pero que se llevó a cabo definitivamente el 12 de mayo. Este magnífico evento estuvo presidido por el Arzobispo Coadjutor, Mons. José Humberto Quintero, quien estuvo al frente de la dirección artística de los frescos y vitrales realizados en la Catedral, y años más tarde se convertiría en el primer Cardenal de Venezuela.
Escribe el Padre Rojo en el boletín recuerdo de la Consagración de la Catedral, una guía preparatoria de los fieles para la ceremonia, a modo de “clave” para comprender “la inteligencia de este rito”:
“En la consagración de las iglesias hallamos grandes analogías –según lo enseña San Pablo en su primera carta a los Corintios- con estos sacramentos (el Bautismo y la Confirmación): se dan en ella una serie de purificaciones con agua bendita, que evocan el Bautismo, y una serie de unciones con el crisma, que recuerdan la Confirmación. Intercalado entre estas ceremonias aparece el depósito de reliquias de Mártires en el altar mayor”.
La consagración se realizó entonces en cinco prolongados pasos: Primero, los Ritos Preliminares que incluyeron la preparación espiritual de los consagrantes y de las reliquias. Segundo, los Ritos de Purificación por medio de los cuales se realizó la bendición con la aspersión de agua bendita a manos del Obispo Quintero del exterior del templo, del interior, de la puerta, del altar, de los muros y el piso. Tercero, el Depósito de las Reliquias el cual consistió en la consagración del sepulcro donde se colocaron las reliquias de doce mártires. Cuarto, los Ritos Consagratorios, con los cuales el Obispo y acompañantes consagraron definitivamente por medio de la oblación del incienso y la unción del crisma, tanto el altar como los doce pilares del templo. Y finalmente el Rito Eucarístico que selló la Santa celebración mediante una misa con la participación masiva del pueblo merideño.
Para celebrar estos primeros sesenta años, Mons. Luis Enrique Rojas, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Mérida, oficiará un Te Deum el martes 12 de Mayo del 2020 en dicha Catedral, a puertas cerradas pero con la asistencia del clero merideño. Unámonos a su oración dando gracias por este patrimonio que se nos ha sido legado y pidiendo por todas aquellas personas quienes participaron y colaboraron. Que el Señor nos permita tener y cuidar esta Catedral, como bien lo han hecho los arzobispos sucesores a Mons. Chacón, desde Mons. Rafael Pulido Méndez hasta nuestro actual Mons. Baltazar Cardenal Porras Cardozo, por algunos centenares de años más.
Por: José Luis Chacón R.
jlchaconr@gmail.com
(Día 58 de cuarentena)


