(Mateo 11, 2-11)

Antes de esta instrucción imperativa de Jesús, “vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo”, el evangelista en relación al Bautista afirma: “habiendo oído hablar de las obras de Cristo”. De hecho, él había enviado a dos de sus discípulos a preguntarle, “¿eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.

Por eso, la frase evangélica, título de esta reflexión, la defino “instrucción imperativa”, pues con ella Jesús envía a comunicar a Juan, preso en la fortaleza de Maqueronte por orden del tetrarca de Galilea y Perea, Herodes Antipas, un testimonio directo basado en su propia experiencia sensorial.

En este sentido, Juan no les mandó averiguar una que otra información. No quiere conformarse con meras aproximaciones a la verdadera identidad del Mesías. Recargarse en torno a ella de demasiados elementos hipotéticos.

Esto subraya que, respecto a Jesús, —por ejemplo, esperamos esperanzados su segunda venida—, no nos esforzamos por adquirir una definición siempre nueva. Sin monotonía, su actividad identifica totalmente su propia iniciativa divina; en efecto dijo, “mi Padre trabaja y yo también trabajo” (Jn 5, 17); de hecho, le ratifica a los discípulos de Juan:

“los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio”.

Este pasaje nos encausa a este interrogante: ¿Cuál era la intención del Bautista?

La solución al interrogante exige un examen cuidadoso para llegar al núcleo de la intención del Bautista.

Recordemos que Herodes Antipas tenía un antiguo interés por ver a Jesús, pues había oído hablar de su poder para realizar milagros y esperaba presenciar algún signo extraordinario, casi como un espectáculo. Sin embargo, la actitud de Jesús ante él es muy distinta de la que mostró frente a los enviados de Juan, pues a aquel mandó decir: “Vayan y díganle a ese zorro: hoy y mañana expulso demonios y realizo curaciones, y al tercer día termino mi obra” (Lc 13, 32).

En cambio, en el contexto de la pasión, cuando Jesús es enviado ante Herodes, y éste se burla por no complacerle en su afán por una señal prodigiosa, no le dirige palabra alguna (Lc 23, 6‑12). Ese silencio no es indiferencia, sino la manifestación del silencio mesiánico que cumple la profecía de Isaías 53, 7.

Sin duda, la respuesta de Jesús a la pregunta del Bautista revela de éste una anticipada profesión de fe en la guía divina según la esperanza del advenimiento del Mesías.

Así, en Él Vemos, “Verbo hecho carne”, igual que apreció Juan el Bautista, un sustento absolutamente fidedigno y fiel aun de la sucesión de los acontecimientos históricos, y de este modo enfatizo: El Enmanuel, Dios-con-nosotros, es por esto cercano a los pobres, y, sin embargo, con ello bajo ningún pretexto aseguramos que lo adaptamos con gran flexibilidad a los cambios de fortuna de sus seguidores y adoradores.

14-12-2025

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com