In memoriam: Pbro. Luis Enrique Bejarano Rodríguez

Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo…

Nació el 26 de julio de 1934 en la Vereda de Zaque-Gachetá, Colombia. Fue el tercer hijo de doce hermanos, de Egidio de Jesús Bejarano Díaz y María Rosa Tulia Rodríguez Herrera. Realizó los estudios primarios en la escuela de su pueblo. A los 17 años dejó estudios y casa paterna para trasladarse a Bogotá y trabajar en un almacén de artículos de cuero, propiedad del Sr. Jesús Rojas. Los domingos visitaba en Mosquera a sus compañeros que estudiaban en el Seminario Salesiano de dicha ciudad. A los 19 años ingresó en el Seminario salesiano y fue enviado al noviciado en el Aspirantado en La Ceja. Entre Bogotá y la Ceja cursó los estudios superiores de filosofía, e hizo profesión en la congregación de Don Bosco. Entre 1958 y 1967 estuvo en Bolivia, Argentina y en Chile, donde conjugó los años como maestrillo en diversas localidades con los estudios superiores de teología. Al final de ese período, gracias a las gestiones de Mons. Rosalio Castillo Lara, superior provincial, lo trasladó a la Inspectoría Salesiana de Venezuela. Los dos últimos años de teología los cursó en el Seminario Arquidiocesano Santa Rosa de Lima en Caracas.

Fue ordenado sacerdote por Mons. Francisco José Iturriza el 8 de diciembre de 1970 en la Iglesia María Auxiliadora de Sarría y en Boleíta en Caracas. Trabajó como coordinador de estudios en los colegios salesianos de Caracas (San Francisco de Sales de Caracas) y en el colegio San Luis de Mérida. En 1973 ingresó al clero de la arquidiócesis de Mérida siendo designado teniente cura del Perpetuo Socorro de El Vigía y en septiembre de 1974 fue nombrado párroco de San Antonio de Padua de Mucutuy y encargado de Mucuchachí y San José. En 1980, párroco en San Antonio de Padua de Tabay y el 20 de octubre de 1991, Mons. Miguel Antonio Salas lo designó como párroco de la Santísima Trinidad de Pueblo Llano.

Dinámico y emprendedor fomentó y trabajó con los Cursillos de Cristiandad y con la Legión de María, construyó y restauró diversas capillas en los pueblos del sur, al igual que las mejoras de los templos parroquiales y casas curales de Mucutuy y Tabay. Desplegó una intensa actividad pastoral en Pueblo Llano y por indicaciones de quien escribe esta crónica nos empeñamos en construir el hermoso templo parroquial de Pueblo Llano en sustitución de la pequeña y vetusta capilla existente. La solemne consagración del nuevo templo parroquial fue una fiesta en la que participó todo el pueblo luciendo sus mejores galas y las expresiones más típicas de la religiosidad popular. Se enamoró de esta tierra paramera y decidió dejar en una de las capillas laterales varias fosas para enterrar a los sacerdotes, reservando una para él pues quiso que sus restos estuvieran en la obra magna que se levantó con audacia y cooperación de muchos. Pasó luego a Chiguará como párroco en el 2002 cuando se confió a los Frailes Menores Conventuales la parroquia de Pueblo Llano.

Cargado de años pidió la jubilación y desde su casa en el barrio El Rincón de Mérida siguió prestando servicios a ese sector y ayudando eventualmente a sacerdotes que le solicitaban sus buenos oficios. El Padre Bejarano es el último testigo del grupo de sacerdotes colombianos que prestaron servicios en la arquidiócesis de Mérida, recordado por los feligreses con quienes convivió durante tantos años. Falleció al amanecer del 2 de septiembre de 2026 a los 92 años, 55 años de sacerdocio y 52 de ministerio sacerdotal en la arquidiócesis de Mérida. Sus restos serán velados en la parroquia Nuestra Señora del Rosario en la ciudad de Mérida y trasladados a Pueblo Llano donde recibirá cristiana sepultura en el templo parroquial. Descanse en paz a quien dejó en alto sus orígenes y formación para plasmarla con creces en los Andes merideños.

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