¿Incrementos salariales para qué?

Por: Germán Rodríguez…

El salario mínimo es la cantidad mínima en dinero que debe pagarse a un trabajador por una jornada, establecida por ley y de cumplimiento en un país determinado. Se parte de la relación que existe entre el salario obligatorio y una cesta básica que permita cubrir las necesidades fundamentales y que adicionalmente alcance para ahorrar y poder acceder a vivienda, vestido, transporte, útiles escolares y recreación. Lamentablemente en el caso venezolano la política de salario mínimo se ha convertido en una estrategia politiquera y no en una medida económico-social para restituir el poder de compra del salario. Los efectos hasta el presente han sido desastrosos para la nación: incremento en el desempleo; salarios medios bajos como consecuencia del aplastamiento de las escalas salariales; aumento en el subempleo y la informalidad de la actividad económica; incrementos en los precios de los bienes y servicios para lo cual la ley de precios, costos y ganancias justas es absolutamente inútil y destrucción de la estructura privada de generación de empleo.

El incremento del salario mínimo y del bono de alimentación, declarado por el presidente Maduro, es el reconocimiento del fracaso de la política monetaria de estabilidad de precios, atribución conferida constitucionalmente al Banco Central de Venezuela. De acuerdo con datos del ente emisor, la inflación acumulada en los primeros seis meses del año alcanza la cifra de 176.20 %, información no publicada pero filtrada por técnicos del BCV. Teniendo presente la incidencia de los precios regulados en las encuestas realizadas por el BCV, podemos estimar sin cometer ningún error que la inflación para el periodo señalado está en realidad por arriba del 300 %. En este contexto era impostergable para la unión cívico-militar corrupta el incremento del salario mínimo de forma irresponsable, inconsulta y sin estudios para medir los impactos en los distintos sectores de la precaria economía nacional. ¿Tendrá la Casa de la Moneda tanto papel para imprimir la cantidad inmensa de dinero que se requiere para atender las necesidades de la estructura pública o es una nueva improvisación irresponsable de vender promesas?

Los ajustes de salarios realizados sobre la base mínima y el disfraz utilizando el bono de alimentación introducen perversiones malignas que afectan la seguridad social de la clase trabajadora. Se debe elaborar una estructura salarial sostenible, acordada con todos los sectores, entiéndase: trabajadores, patronos y el Estado.

Debemos entender que mientras más capital se invierta, manteniendo el nivel de producción de la economía total estable, se obtendrá mayor aumento en los salarios en un mercado libre, es decir, en un mercado de trabajo que no sea controlado por el gobierno o los sindicatos. Con estas tasas de salarios en dicho mercado, todos los que desean trabajo lo pueden obtener. En un mercado de trabajo libre siempre existe la presión hacia la plena ocupación. En realidad, la política de permitir que el mercado libre determine el nivel de los salarios es la única política razonable y exitosa de pleno empleo. Si las tasas de salarios sobrepasan dicho nivel, ya sea por medio de la presión y compulsión sindicales o por decretos gubernamentales, se desarrollará entonces el desempleo indefinido de una porción de la fuerza de trabajo potencial. En Venezuela, el peso del sector público en la estructura de empleo distorsiona las condiciones de pleno empleo y elimina la posibilidad del incremento salarial como consecuencia de mejoras en la productividad marginal del trabajo. En este marco el Estado pretende erróneamente recuperar el poder de compra del salario a través de una política progresiva de salario mínimo, que afecta la estructura de generación de empleo y el incremento de los precios de los bienes y servicios. Bajo el impacto de una inflación creciente, la burocracia gobernante adquirió el hábito de compensar periódicamente este hecho con aumento de salarios; las empresas se rindieron y el resultado es que las tasas de inflación son muy altas y el gobierno ante las presiones sindicales ajusta nuevamente los salarios, generando un círculo vicioso que deteriora a la economía en su totalidad, en consecuencia es previsible esperar que antes de fin de año tendremos otro ajuste en el salario mínimo para intentar indemnizar la inflación desatada.

Es una falacia pensar que al conceder una mayor cantidad de salario a los asalariados aumenta así las tasas de salario. La recuperación del “poder de compra” se podrá lograr si y solo si los ajustes no son financiados por expansiones monetarias, es decir, por emisión de dinero inorgánico. Este es el argumento del directorio del BCV, según el cual la inflación hace feliz a todo el mundo con la impresión de papel moneda.

La liquidez monetaria creció en lo que va de año en 1.700.000 millones de bolívares, cantidad inimaginable que justifica las presiones bestiales sobre los precios, como consecuencia de una expansión monetaria originada por la emisión descontrolada de dinero inorgánico. Es normal observar cómo en los bancos los depósitos efectuados diariamente por comerciantes modestos llegan en maletas, cajas y para empresas mayores en blindados; estas distorsiones son consecuencia del exagerado nivel de circulante en la economía, la primitiva estructura de conexión a redes electrónicas bancarias, restricción en el de uso de algunos medios de pago electrónicos y el desmedido crecimiento continuo y generalizado de los precios de los bienes y servicios. El otrora bolívar fuerte fue reconvertido en billetes de juego de monopolio. Vale la pena preguntarse entonces: ¿para qué incrementos de salario?

ULA – FACES

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