(Pío XII)
La expresión completa de Pío XII, él consagró la Iglesia Universal a la protección de San José el 08 de diciembre de 1870, de la cual surge el título de la reflexión de esta solemnidad, es: «Si quieres estar cerca de Cristo, te repito ‘Ite ad Ioseph’: ¡Ve a José!».
En realidad, José era un hombre con coraje, porque en medio de la incertidumbre en lugar de írsele en demasía la lengua, reflexionó con profusión las disposiciones a tomar; en efecto, el evangelio (Mt 1, 16. 18-21. 24) acentúa estas dos locuciones: pensó dejarla en secreto, y, mientras pensaba en estas cosas.
Ya estas frases subrayan la pertinencia del título, pues, instados por ellas podemos preguntar: ¿Dónde aprendemos a meditar, a comportarnos con serenidad y coraje ante situaciones confusas? ¿Dónde conocemos a Dios? Y ¿dónde aprendemos con tranquilidad a esperar en ÉL?
Estos interrogantes desprenden este significado: José fue invitado a colaborar en una gran tarea, no solo, sino cordial y fielmente acompañado; de hecho, el ángel del Señor le aseguró, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa; y un poco más adelante le hace aún más consciente de la faena de poder ayudar, cooperar, a la salvación del género humano obrada por Dios; en efecto, al momento las palabras del ángel fueron: Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Desde luego, José en dicho lapso no estaba con el corazón en otra parte; quizá, humanamente estresado, entristecido por los acontecimientos, y, aun así, no le restó importancia a las crisis, mirando hacia otro lado sin saber qué debía hacer; pues, el evangelista no nos dice que él era incapaz, al contrario, glosa: José, su esposo, que era hombre justo.
Él confiaba en María, y en ella todavía apreciaba que su confianza no estaba defraudada; y tal esperanza, no olvidemos nuestra misión de ser peregrinos de esperanza (Papa Francisco), antes de estar sustentada en meras cavilaciones y en una palabrería refinada en escuetas curiosidades, más bien lo estaba en una fe en Dios que llenaba acertadamente su entereza; en consecuencia, tuvo el coraje de perseverar a ser clarificado de la duda, a aliviar el desconcierto y el desánimo, y, por eso, a él también le ofrendamos estas breves frases referidas por Pablo a Abraham, es nuestro padre delante de aquel Dios en quien creyó (Rm 4, 17).
19-03-2025
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
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