José Gregorio Hernández

La verdad los hará libres

(Juan 8, 32)

Jesús expresa, «“yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos”» (Jn 13, 16). Las palabras: sirviente, amo, enviado y quien lo envía, indican no servilismo, porque en éste el hombre no despliega uno de los aspectos más imprescindibles de su persona: la autorrealización en libertad. Y Jesús lo convoca a ser dichoso, no arrastrado. La libertad marca la manera de ser del individuo, y éste está patentado en la experiencia de su equitativo hacerse. En libertad el hombre coopera con Dios recreando su ser; por eso, no debe atrofiarlo o consentir que lo hagan.

En el último día de la novena, (29-04-21), rogamos, «“Beato José Gregorio conduzca a Venezuela consagrada al Santísimo Sacramento, hacia la libertad”».

Pablo en el libro de los Hechos  de los Apóstoles 13, 13-25, honra a su pueblo Israel, exponiendo un recorrido histórico iniciado con el cautiverio en Egipto y concluido con esta afirmación, «“[…] Dios hizo nacer para Israel un salvador, Jesús”». Hoy pedimos comprender ante el Santísimo Sacramento la continuada brega por la libertad de un pueblo venezolano lesionado por la opresión, la demagogia, y, fundamentalmente, por el odio, adversario acérrimo de la reconciliación. Un pueblo en el que nació, vivió y sigue presente el Beato José Gregorio; al que sin inmoderaciones le demostró hondo respeto en el completo hacerse de su vida. Sirvió al venezolano como su fiel colaborador; con buenos modales y afianzado en sus cordiales costumbres. Demostró, como San Pablo, ser un verdadero patriota. Esta palabra la encarnó en su vida sin doblez y sin humillar; y por supuesto, no abandonó el trabajo por Venezuela, aunque atravesara situaciones hostiles. Se conservó en el país siendo un leal venezolano de fe y ciencia. Hombre según el corazón de Dios.

Se señaló, verdadero patriota, pues, en 1902, ante la amenaza de beligerancia a Venezuela, fue uno de los primeros en presentarse ante la convocatoria de defender su terruño. El salmista entona en referencia al rey David, «lo sostendrá mi mano y le dará mi brazo fortaleza», (Salmo 88). Ahora, ese dato histórico a secas no muestra la completa integridad de su ser venezolano (por eso, se ha citado el Salmo). Tal apunte ha de complementarse con estas atestaciones. La primera, de 1908, procede del Dr. Luis Razetti; a saber, «“[…] como individuo social, el Doctor Hernández es un carácter: practica el bien sin interés mezquino y sin hipocresía; sostiene sus convicciones con inquebrantable firmeza y jamás se ha desviado del camino que él cree seguir”»; y segunda, ¿cómo aclaró José Gregorio estos trazos de su vida? Se acentúa en la temática, Venezuela consagrada al Santísimo Sacramento, y tenemos que para 1906, Mons. Juan B. Castro, dictó una serie de conferencias nocturnas, referidas al año jubilar del Santísimo Sacramento en Venezuela. José Gregorio no asistió, porque evitaba salir de noche. No obstante, publicadas por el diario La Religión, las leyó y las obsequió a sus familiares y amigos.

El franco amor a Dios y a la patria, aunados fuertemente en José Gregorio, permiten entonar los versos del salmista coordinados a esta promesa del Señor, «“mi amor es para siempre y mi lealtad, más firme que los cielos”» (Salmo 88). Así, José Gregorio esclarece su apego a Dios y a la genuina libertad rubricada en sus manos, bajo la palabra de Cristo, «“si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos”».

En 1912 cierran la Universidad Central, por mandato de Juan V. Gómez. Nuevamente José Gregorio evidencia su calidad humana y generosa; pues, alguien le escuchó declarar, «“es […] una injusticia enorme, hasta una crueldad. A muchísimos jóvenes de familias de escasos recursos los inutilizan para la carrera y es difícil que puedan salir airosos con cualquier otro oficio, y muchas familias se han de ver al borde de la miseria debido a esa medida”».

Esto deriva la pregunta, ¿qué libertad hay, y hacia qué libertad está yendo el pueblo? No se trata de la libertad tanteada en las nociones. No es autonomía para agredir, (véase lo concretado por el Beato José Gregorio), injuriar, y hasta admitir, como si nada, el daño del otro. Mucho menos la libertad de los pavoneos. Ni aquella del pretexto para encarcelar y perseguir a quien, con verdad y justicia, reclama la soberana transparencia de los derechos y deberes del ciudadano. En ella se clama los indiscutibles privilegios del hombre, respaldados en el inseparable cumplimiento de sus responsabilidades. En esto se requiere aguda atención; el mismo Jesús, en el evangelio de este día, advierte, «“[…] el que comparte mi pan me ha traicionado”» (Jn 13, 18).

Al Beato José Gregorio no le distinguimos ciudadano ejemplar, sólo porque a alguien se le ha ocurrido; sino asimismo porque en su autorrealización, en su libre hacerse, tanto en lo individual como en lo común, alumbró higiénica armonía. En un encomio esbozado por su amigo, Dr. Santos A. Dominici, 25 años después de la muerte del Beato, aludiendo a su obra, Elementos de Filosofía, escribe, «“[…] la médula de su filosofía es la fe ardiente, la innata creencia en Dios; más nunca baja el autor de la excelsa cumbre para agredir a quienes como él no piensan”».

Este párrafo aclara, primero, el Beato José Gregorio, a ejemplo de San Juan Bautista, referido por san Pablo en el libro de los Hechos de los Apóstoles, supo reconocer humilde y sinceramente la primacía de Cristo, «“‘yo no soy el que ustedes piensan. Después viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias”» (13, 25); y segundo, la súplica, «“Beato José Gregorio conduzca a Venezuela consagrada al Santísimo Sacramento, hacia la libertad”», subraya que ésta no es exclusivamente una valoración conceptual; sino un afán de realización contemplado y vivido en las grandes o pequeñas cosas que el venezolano, con esmero, sacrificio y constancia, elabora.

María, Nuestra Señora del Carmen, san José; negar absolutamente al hombre la libertad es una barbarie, y negar en él, al menos el menor rudimento de su actuación según ella, es ingrato y apático. La verdad los hará libres, indica Jesús. Amén.

26-10-2024

Pbtro. Horacio R. Carrero C.