Jorge Bastidas (Faces-ULA): «Sí, los universitarios tenemos hambre»

Conversando hace días con un decano de la ULA, discutíamos sobre las acciones anticrisis que se deben tomar para minimizar el impacto organizacional de la diáspora universitaria. Dado el contexto, llegamos a la conclusión que el estado de anomia reinante en Venezuela y en nuestra ULA harían que la aplicación de esas medidas fueran en vano; pareciera que todo pasa por una renovación generalizada y por un cambio de paradigma. 
 
Otros colegas se incorporaron a la improvisada tertulia y algunos comentábamos, con asombro, como a los universitarios y sus autoridades nos da pena decir que pasamos hambre y aunque suene burdo, es un secreto a voces presente en todos los espacios de la universidad. El hecho de que los universitarios hagan cosas cotidianas, se levanten y se laven los dientes (con bicarbonato), se coloquen desodorante (limón caliente) medio coman (fororo ante la ausencia de harina), se desplacen (a pie) para llegar a clases o a sus puestos de trabajo, e incluso se entretengan, no atenúa la magnitud de la crisis que vivimos; es una realidad insoslayable. Es un despropósito científico pretender que ignorando los hechos éstos dejarán de existir.
 
 Unos comentaban como los profesores instaban a los estudiantes a abandonar los espacios universitarios por la falta de oportunidades; a ese nivel llega nuestra desesperación. Otros alegaban con tristeza como los profesores y personal ATO ya no pueden cambiarle el aceite al carro o incluso a la suela de sus zapatos. Así, pasamos de comprar los estrenos en diciembre a comprar cambures para desayunar puesto que nuestro sueldo equivale a comprar 2 pasteles diarios – ya no podemos ni desayunar. (El kilo de cambures equivale a un pastel).
 
Nuestra ontología cambió. Para nosotros la realidad académica se construye a partir de las proezas diarias que hacemos los universitarios para trabajar y no de las actividades previas al abordaje del proceso enseñanza-aprendizaje. Desde ver clases en el patio de las facultades, pedir la cola al busetero para subir, rezar porque pase la ruta estudiantil, llevar la hoja para la impresión de una constancia, hasta hacer exámenes por internet son parte de nuestras curiosas aventuras.
 
¡Sí, los universitarios tenemos hambre! admitamoslo ya. Existe el hambre al igual que la diáspora universitaria. En este sentido, *es menester que sea declarada la crisis de forma institucional y actuemos en consecuencia, sin otro interés que el de salvar ese bien intangible llamado conocimiento y que nos hace diferente como merideños*.
 
*Estamos jodidos*, ¿por qué no admitirlo sin pena y con humildad? Lo importante es lo que convengamos para reconstruir nuestra ULA, así toque rehacerla desde cero.  
 
 Si la ULA bicentenaria _»se salva y prospera,  tendremos derecho a ese bienestar porque lo habremos comprado con nuestro dolor»_ , con el sacrificio de los que se fueron con la esperanza de volver, con el sacrificio de nuestra libertad económica e individual a cambio de la libertad de miles de ciudadanos formados decentemente.
 
¡Libre pensadores, la lucha debe ser por ustedes!. Pero, primero abramosle la puerta para que ingresen miles de estudiantes y mantegamos abierta la universidad con políticas anticrisis consensuadas por todas las fuerzas vivas universitarias…
 
*Prof. JORGE  BASTIDAS*
*FACES-ULA*