Por: Ramón Sosa Pérez…
En octubre del año 15 me cupo la honra de la esperada entrevista con Don José, a quien ya conocía por su genial pericia en el arpa. Mis incursiones en la televisión de Tovar facilitaron compartir con un fajo artístico de excepción. Nomás escuchar los acordes del instrumento advertí que el sonido inusual mezclaba caprichosamente la cadencia paraguaya con aires llaneros. Con paciencia escuché la galopera “El Pájaro Campana” y entonces obvié la explicación.
Los temas daban trato preferente a compases sureños, de cuya fineza no escapaba el autor. Indagué y me hice del anecdotario que semanas más tarde fue temario de entrevista y la amistad fecunda que perduró hasta su deceso el 13 de julio de 2025. Nació en Las Labranzas, lindante entre Santa Cruz de Mora y los pueblos del sur, en una aldehuela de casas de tierra pisada, sitiada por cafetales y poblada por gente buena y labradora, de donde se infiere su nombre.
Antes de cumplir 15 años marchó a Caracas buscando nuevos horizontes. El muchacho trabajaba en los oficios más rudos porque tenía el compromiso de ayudar a la manutención de los suyos. En alguna ocasión se sorprendió ver a un hombre con aparejo de madera y encordado pero al verlo en una esquina, mayor asombro le causó oírlo “hacer música”. En adelante sería el impensado motivo para aprender. Tras la pesquisa se toparía a Cándido Herrera, Juan Vicente Torrealba, José Romero Bello y pronto José, el hijo natural de Elvira Zerpa, fisgoneó primero para aprender luego con aquellas luminarias del arpa nacional.
Por esos años, la diáspora actuaba en contrasentido y Venezuela era refugio de los forasteros que huían de su patria. Aquí les abrimos las puertas a miles y de Vigo, España, vino Víctor Pérez Fernández, ya Director del Ballet Latinoamericano. Fue la época del Retablo de Maravillas, de donde surgieron Danzas Tierra Firme, Danzas Venezuela, Danzas Latinoamericanas, Coral Venezuela, Teatro Guiñol y una lista que sumó a Yolanda Moreno “quien tanto debe al Maestro Joaquín”, como nos confesó Don José, arrellanado en su butaca tovareña.
Con Joaquín Pérez Fernández, José Zerpa fue a Argentina en 1962 junto a un grupo de talentosos artistas: Gudelia Castillo, bailarina del Show de Renny, Mery Cortéz, Adelia Cupido, Rubén Araque e Isidro Contreras, su hermano. La temporada fue exitosa en Chile, Paraguay, Uruguay y la presentación delirante en el Teatro Nacional de Buenos Aires. Unos se quedaron en el grupo y otros se fueron, como José, que marchó a Uruguay. Allí se casó pues su nombre invadía las marquesinas de Palermo, Montevideo y el Carnaval afrouruguayo de Candombe.
Conoció al Maestro Rubén Lena, exiliado en Venezuela y que en gratitud compuso un bello tema a Simón Bolívar. Lo mostró ante su hermano Isidro, excelente cantante, y José convino en que ambos harían la música, pero inexplicablemente en el registro nunca apareció Zerpa, lo que motivó un inopinado alejamiento familiar de por vida. Don José nos dijo, y así quedó asentado hace 10 años “doy gracias a Dios porque el Maestro Rubén murió sabiendo que la música del tema Simón Bolívar también me pertenece”. Su afecto al Maestro lo llevó a guardar silencio.
Don José Zerpa pasó años entre Nueva Esparta y Tovar, donde ejerció docencia musical por más de 20 años. Con su familia desplegó el periplo artístico para sus innumerables amigos. Se nos marchó “ligero de equipaje” el domingo 13 de julio de 2025, justo cuando organizábamos el homenaje por los 80 años de quien cantó con Los Olimareños, Los Chalchareros, el Turco Jorge Cafrune, Atahualpa Yupanqui y Mercedes Sosa. Agosto nos espera en Tovar. Aplausos de pie.
15-07-202514




