Juventud que reconstruye: iniciativas sociales toman la palabra en Mérida

En la Cátedra Simón Bolívar de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes, las voces jóvenes no sólo expusieron ideas: contaron historias de resiliencia, organización y futuro. El encuentro, impulsado por la iniciativa JUnTOS con apoyo de la Unión Europea, reunió a líderes emergentes de proyectos sociales y emprendimientos que hoy buscan transformar realidades en la región andina.

Representantes de organizaciones como El Spot en Mérida, Apamate Fest, CONCIP Lab, Creando Juntos y Alma Mujer compartieron experiencias junto a actores institucionales como Uniandes, la Cátedra de Paz y la Cámara de Comercio en una jornada moderada por Lindys Vivas, coordinadora del programa JUnTOS.

Más allá del evento puntual, los resultados del proceso comienzan a ser medibles: desde 2023, JUnTOS ha desarrollado 693 actividades formativas en los municipios Libertador, Campo Elías y Rangel, con la participación de más de 3.000 jóvenes y adolescentes entre 15 y 29 años. Este trabajo ha permitido la conformación y fortalecimiento de equipos de liderazgo y espacios de participación juvenil en la región.

El concepto que atravesó cada intervención fue el de emprendimiento social: iniciativas que combinan sostenibilidad económica con impacto comunitario. No se trata solo de generar ingresos, sino de responder a urgencias concretas. Un ejemplo es CENACE, enfocado en ofrecer atención psicológica y psiquiátrica a precios accesibles en una región donde los indicadores de salud mental encienden alertas y siguen sin una respuesta suficiente desde lo público.

“Viene una nueva sociedad que va a demandar el papel protagónico de los jóvenes”, afirmó Gabriel Lozano, coordinador de CONCIP Lab, sintetizando el espíritu del encuentro.

De la emergencia al encuentro

Entre las historias que dieron rostro a estas iniciativas destaca la de Bárbara, de 17 años, oriunda de Mucuchíes. Su nombre no es nuevo para quienes han seguido procesos de articulación juvenil tras el desastre socionatural que afectó al páramo merideño en julio del año pasado. Entonces, participaba en espacios de diálogo con voluntarios de Cecodap. Hoy, su voz llega con una propuesta concreta.

Bárbara lidera junto a otras jóvenes el proyecto “Café Karaoke Dulce Cambio”, un espacio que mezcla cultura, emprendimiento y contención emocional. La idea nació de una necesidad compartida: crear lugares de encuentro sin etiquetas, donde jóvenes diversos pudieran coincidir.

“Estas ideas nacen de muchos jóvenes que estábamos separados por brechas… todos con una visión: tener espacios para estar juntos”, cuenta.

El camino no ha sido simple. La falta de infraestructura en Mucuchíes obligó a tocar puertas durante meses. Tras gestiones y mucho esfuerzo el grupo logró recuperar una cancha que, aunque deteriorada, ya era punto de reunión para niños y adolescentes. Allí comenzaron.

El apoyo de JUnTOS desde acompañamiento hasta recursos básicos como balones deportivos permitió activar dinámicas que hoy convocan a más jóvenes en una localidad con opciones limitadas para el esparcimiento y la formación.

Ahora, desde Mérida, donde inició estudios de Economía, Bárbara sostiene el vínculo con su comunidad de origen. “Hoy estoy acá, pero no me olvido de dónde soy. En Mucuchíes uno somos todos”, dice.

Un café, muchas voces

“Café Karaoke Dulce Cambio” no es solo un emprendimiento. Es un espacio donde cantar, compartir y ser escuchado forman parte de una misma experiencia. Además de ofrecer postres a precios accesibles, promueve la inclusión, el diálogo y herramientas socioemocionales para el autocuidado. Su presencia en redes (@eldulcecambiock) ha servido para amplificar el alcance y conectar con otras iniciativas.

En un contexto marcado por duelos prolongados y por el impacto de la salud mental en la vida cotidiana, propuestas como esta evidencian una transición: del diagnóstico a la acción, en manos de jóvenes que convierten limitaciones en oportunidades.

Más allá del discurso

Mérida ha sido históricamente un refugio de cultura, educación y encuentro. Hoy, también es escenario de reconstrucción desde lo comunitario. La esperanza en un devenir más próspero y justo es lo que no se pierde entre estas hermosas montañas.

Lo visto en la Cátedra Simón Bolívar no fue un evento aislado, sino una muestra de cómo el liderazgo juvenil está tomando forma, incluso en condiciones adversas. Con recursos limitados, pero con claridad de propósito, estos proyectos están abriendo caminos donde antes había silencio.

El reto ahora es que estas voces no queden solas. Que encuentren eco, manos que acompañen y miradas que apuesten por su continuidad. Porque, como quedó claro en la jornada, el futuro ya no es una promesa lejana: está ocurriendo en espacios pequeños, con acciones concretas y con jóvenes que decidieron no esperar.

Nota de prensa.

29-04-2026