Por: German Rodriguez Bustamante…
La coalición en el poder en Venezuela luego de los acontecimientos del 03 de enero, pretende utilizar herramientas discursivas y de legitimación para limpiar su imagen o comprar la absolución moral por sus errores o escándalos. Se promulgan leyes, amnistías, indultos exprés o narrativas de justificación ideológica con el fin de borrar la culpa de sus cómplices, antes de que se inicie un proceso de rendición de cuentas, que termine llevándose a todos. En este contexto están dispuestos a realizar hasta lo impensable, siempre y cuando esto contribuya con su sobrevivencia. En el pasado el sistema de indulgencias se convirtió en una transacción económica y administrativa. Lutero denunció que se compraba la salvación en lugar de buscar la penitencia sincera. Los revolucionarios luego del desastre y el saqueo gestado en estos años, buscan el perdón total con el simplemente reconocimiento de pecados. Lamentablemente, para ellos las indulgencias no son perdones comprados, sino un don de gracia asociado a la conversión interior.
Con la declaratoria de arrepentimiento buscan justificar, perdonar o saltar sus errores, faltas o comportamientos éticamente cuestionables, aplicando un criterio mucho más flexible para ellos mismos, que para los demás. En estos tiempos de revolución el poder político abusó de la indulgencia, para favorecer a aliados o evitar castigos por corrupción, que produjeron una impunidad generalizada. En virtud de los hechos escandalosos de corrupción, robo y violacion sistemática de derechos humanos, inician una purga interna selectiva para conseguir el perdón de los venezolanos. En este proceso nadie está a salvo, la desconfianza se transmite a todos los niveles, cada quien intentando evitar ser el próximo a ser presentado ante el tribunal de inquisición. La obediencia y la tutela americana es incuestionable, la soberanía quedó en puro discurso totalmente maltrecha ante las evidencias.
El perdón moral es un acto íntimo, voluntario y profundamente ético. Requiere mucho más que la simple confesión, o la manipulación emocional oscura de un psiquiatra que intenta dar un consejo médico colectivo. La justicia exige que los infractores reciban el castigo que se merecen por el daño causado y de esta manera restaurar el orden social. Aunque la compasión busca liberar las partes del ciclo de hostilidad, priorizando la sanación sobre la retribución. Las faltas cometidas por quienes han llevado el control del país en estos 27 años, no se pueden olvidar, ni negar su gravedad sin que esto signifique el camino de la venganza. Pero el arrepentimiento debe ser sincero, la petición de disculpas públicas y la reparación del daño. La culpa no puede ser trasladada para liberarse del peso emocional y la condena social. Las agresiones recibidas por el pueblo venezolano exige una sincera reparación de faltas y condenas ejemplarizantes para los infractores, evitando repeticiones.
El traslado de la culpa a un chivo expiatorio circunstancial no puede utilizarse para esconder a los verdaderos responsables. Indudablemente en este marco, muchos son los involucrados pero la purificación simulada no puede servir, para lavar las culpas de quienes se quedan en el poder y desde allí intentan salvarse. La reconciliación sin impunidad busca reconstruir el tejido social y la paz, tras el caos y la emergencia compleja generada en estos años, pero exigiendo la rendición de cuentas, la verdad y la justicia como requisitos obligatorios. El olvido para mantener la estabilidad no puede ser un chantaje, vendiendo la tesis que la paz futura es posible siempre y cuando los derechos de la víctimas sean ignorados. Esto conduce a esclarecer de forma oficial los crímenes cometidos. Es fundamental conocer lo que ocurrió como paso para sanar el trauma colectivo. Investigando, juzgando y sancionando a los responsables de violaciones de derechos humanos. Evitando otorgar amnistías generales para crímenes graves.
El arrepentimiento debe llevar a la compensación de las víctimas de forma económica, psicológica, médica y social por los daños sufridos. De igual manera deben hacerse reformas a las instituciones policiales, militares y judiciales, para asegurar que los abusos no vuelvan a ocurrir. Son muchas exigencias que deben cumplirse para lograr un futuro inclusivo, sin venganza y con víctimas indemnizadas. En conclusión, la absolución de las culpas demanda acciones concretas para que puedan ser creíbles, aceptadas y verificables. Por un lado piden perdón, reconocen errores, pero por otro las libertades siguen sin ser restituidas, la liberación de los presos es un maratón de desgaste para los retenidos y sus familiares. Las señales de ese proceder son públicas y notorias,
Los casos de corrupción siguen apareciendo cual hemorragia indetenible, por todos lados florecen salpicando a la cúpula en el poder, no únicamente en el país, sino también a nivel internacional. Las cantidades sustraídas dejan a la imaginación corta, jerarcas señalados en variadas tramas, algunos de ellos en cargos oficiales, como ministros, embajadores, gobernadores, diputados, alcaldes, y gerentes de instituciones o empresas estatales, disfrutando de lujos y comodidades groseras. Otros son ex funcionarios gozando de retiros dorados opulentos. Muchos de estos personajes están teñidos de verde oliva. Mientras esto ocurre, los trabajadores venezolanos con salarios de hambre que hacen la vida miserable.
Estas indulgencias solicitadas a canto de arrepentimiento, requieren una reparación justa por los robos que acabaron con la estructura de soporte social del país. El dinero saqueado depositado en bolsillos individuales, deben retornar a las arcas del Estado y financiar obras públicas de envergadura que honren la deuda social en mora. La indulgencia moral colectiva pedida por la coalicion en el poder no puede justificar actos de discriminación o corrupción, Buscan con la misma y la aplicacion de fusilamientos al azar de cercanos, sean una causa buena para el arrepentimiento.
@germanrodri
25-05-2026
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