Este encabezado proviene del artículo, educación: realización de un ejercicio creativo, y con él busco enfatizar el desarrollo de la creatividad en la educación como arte.

En el desarrollo de esta temática propongo esta idea: la educación no desestima la diversidad de enfoques y estilos que la caracterizan, por eso el título incluye esta expresión: en el proceso educativo.

Es inevitable que, en este proceso, la aplicación de la teoría se ve desde distintas perspectivas en las que diversos expertos de la educación, a veces desde contextos muy disímiles, logran un “encuentro de pensamientos”.

Este “encuentro” es ya una primordial aplicación, porque la pregunta ¿qué es la educación?, lejos de dejarse en una retahíla monótona, más bien conduce a la dinámica de esta otra: qué tiene en común aquello que hicieron humana, intelectual, profesional, espiritualmente, los maestros, profesores, investigadores de ayer, y lo que hoy funda lo propio del quehacer de los maestros, profesores, investigadores.

Este hacer y quehacer abre un análisis educativo acerca de la educación; pero este análisis, además de ser una determinación teórica, a la vez es una práctica seria y concretamente docente que no teme romper con los desencantos, infraestructuras deterioradas, falta de recursos pedagógicos, carga administrativa excesiva, ausencia de formación continua, y, por supuesto, sin obviarlos, al mismo tiempo remediar la creciente deshumanización de hombres y mujeres.

En este sentido, tal práctica plantea un problema: la disyuntiva entre la igualación de oportunidades o de posiciones.

Esta disyuntiva en primer término comprende al maestro, profesor, investigador, alumno, desde preescolar hasta la universidad, situado en un mundo, en un contexto geográfico, en una historicidad, en una forma de educación que les garantiza la custodia responsable de esos factores.

Y, por supuesto, en las asignaturas en ella enseñadas por los facilitadores y cursadas por los estudiantes, desempeñan un aprendizaje como experiencia original de humanidad y no de subjetividades funcionales de este o aquel otro sistema.

En segundo término, tal disyuntiva desvela este preciso enfoque: la necesidad de garantizar una verdadera inclusión, especialmente en contextos vulnerables. Este enfoque pide comprender no sólo qué es la educación, sino asimismo cómo aplican sus inalienables principios quienes se dedican a ella.

Por ejemplo, la aplicación del principio de gratuidad, educación gratuita en todos los niveles del sistema educativo público, inmediatamente convoca a desentrañar en lo que los educadores hacen, el alcance y empleo de este otro: la corresponsabilidad, esto es, la educación cual responsabilidad compartida entre el estado, la familia y la sociedad.

Así, la disyuntiva entre la igualación de oportunidades o de posiciones aclara y enriquece la hipótesis inicial: la aplicación de la teoría en el proceso educativo.

  1. Heidegger reseñó óntica y ontológicamente el estar-en-el-mundo del sujeto humano. En el ámbito educativo, las oportunidades o posiciones deben orientarse a un estar-en-el-proceso-educativo de hombres y mujeres, no como instrumentos, sino como miembros constitutivos de la dinámica real de dicho proceso.

La aplicación de la teoría, fundamento, fines, contexto del acto educativo, apunta a una realidad, la humana, cuya tarea no es sólo enunciar el sentido del aprendizaje, sino descifrarlo en sus expresiones más prácticas y más viables.

30-10-25

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com