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lunes, agosto 24, 2026

La Aprendiz: Esta Navidad podría acentuarse la tristeza en los venezolanos. (Parte I)

Pascua venezolana 2017

“Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes. -Khalil Gibran.

Se aproxima diciembre, un mes, que, por tradición criolla, es sinónimos de fiesta, algarabía, comidas copiosas, reuniones familiares, brindis, aquí y allá, amigo secreto; compra de los “estrenos”, misas de gallo, gaitas y aguinaldos. Untiempo en el que se aprovecha la celebración cristiana del nacimiento de Jesús, para festejar con mucho ánimo. Sin embargo, este año, 2017 ha sido uno de los más difíciles que hemos tenido que enfrentar en nuestro paísy, sin duda alguna, se siente una atmósfera de abatimiento e incertidumbre.

La Navidad y lo que esta fecha representa, no se decreta. Nadie puede obligar a otra persona a estar alegre o con ganas de aplaudir, si está pasando por un mal momento. Los venezolanos hemos estado sometidos a una situación económica agobiante. El dinero apenas alcanza para mal comer. Las circunstancias obligan a permanecer en largas y humillantes colas que no siempre garantizan la obtención del alimento o, toca esperar por meses una bolsa con ciertos artículos de primera necesidad que no llegan con la periodicidad requerida. Las medicinas, escasas o desaparecidas. Desodorantes, toallas sanitarias, jabón de baño, pañales para bebés, si se encuentran, tienen precios astronómicos que la mayoría de los venezolanos no podemos costear. La inseguridad campea y se intensifica durante esta época porque los malhechores saben que se han cobrado los aguinaldos. No hay efectivo y los bancos solamente dan una cifra insignificante que, si acaso, alcanza para un caramelo. Si trata de adquirir algún bien, tendrá que armarse de mucha paciencia porque los puntos de venta están prácticamente inoperativos. Hacer transferencias… una opción, pero la mayoría de las veces falla internet. Y, por si fuera poco, hay una tristeza generalizada en el ambiente, muchas lágrimas derramadas, demasiados adioses por la gran cantidad de familias que han tenido que despedir a uno o a varios miembros. Los hijos se van a otros lugares del planetaen busca de una mejor calidad de vida. Incluso, padres tiene que alejarse de sus hijos para irse a trabajar lejos de su casa para de ayudar económicamente los que tienen que quedarse aquí.

Analizando el tema de la Navidad venezolana 2017, consultamos a la joven Ana Karina Rondón, (28 años) emprendedora, abogada y comerciante quien con una expresión de desconsuelo en su rostro dijo:”con el constante aumento del dólar, cruzando ya la barrera de los 50 mil bolívares por dólar es imposible para cualquier empresario reponer su inventario y mucho menos competir con precios. Ganamos en bolívares, pero el mercado, lamentablemente, esta dolarizado”. Estas navidades-asegura- serán tristes. Muchos hogares se quedarán sin la típica cena navideña por los altos costos de los alimentos y la escasez reinante. Cenar en familia no es solamente una tradición sino una necesidad para unir lazos fraternales, pero está muy difícil, porque los ingresos, si se tienen, no alcanzan. Comprar juguetes o ropa es un lujo al que pocas personas podrán acceder. Es decepcionante que la época más luminosa del año sea la más oscura, no solo por la falta de alimentos y medicinas, sino porque muchos hogares están rotos, desmembrados por la mal llamada revolución.

Son muchas personas las que sienten y piensan como Ana Karina. Las quejas sobre la convulsión sociopolítica se escuchan en todas partes y provienen de: amas de casa, profesionales, estudiantes, obreros, en fin, todos estamos sometidos a la misma carga emocional. Sin embargo, hay, quienes, a pesar de este panorama poco alentador, piensan distinto, se niegan a que les roben su Navidad y sostienen como Carmen Ruíz, maestra jubilada de 65 años de edad que“mientras haya vida y salud no hay que dejar morir la esperanza de una Venezuela libre donde la alegría propia de estas fiestas, vuelva a reinar.

Y ustedes, ¿qué opinan? Más comentarios en la próxima entrega.

Por: Arinda Engelke

arinditaengelke@hotmail.com

 

 

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