La arepa es mucho más que un simple alimento

Cada año, el segundo sábado de septiembre, un aroma irresistible se esparce por cocinas, parques y plazas de Venezuela y el muchos países del mundo. Es el olor de la masa de maíz tostándose, el sonido crujiente de la corteza dorada al partirse. Es el Día Mundial de la Arepa, una celebración que trasciende lo gastronómico para convertirse en un acto de afirmación cultural, un tributo a la humilde pero poderosa herencia que une a millones.

La arepa es mucho más que un simple alimento. Es un símbolo de la resistencia venezolana, un legado indígena que ha sobrevivido siglos y ha sabido reinventarse sin perder su esencia. En su forma redonda y dorada se encapsula la historia de un continente. Es el desayuno que prepara una abuela con manos llenas de memoria, el almuerzo rápido del estudiante, la cena que reúne a la familia después de un largo día. Es un plato que no conoce de clases sociales y que se ofrece por igual en la mesa humilde y en el restaurante gourmet.

Para la diáspora venezolana, la arepa se ha convertido en un pedazo palpable de la patria llevado en el corazón y recreado en tierras lejanas. Amasar, moldear y asar una arepa fuera de las fronteras originales es un acto de nostalgia, de resiliencia y de orgullo. Es una forma de decir “estamos aquí, y nuestra cultura es vibrante y sabrosa”. Es un puente que conecta generaciones y que permite a los más jóvenes saborear sus raíces.

Celebrar su día mundial, por tanto, no es solo exaltar un ingrediente. Es reconocer el poder de la comida como eje de identidad y comunidad. Es valorar la simplicidad genial del maíz, un cereal sagrado para las Américas, transformado en un vehículo para infinitas creaciones: rellena de queso, de carne mechada, de aguacate, un lienzo redondo que acepta todos los sabores y todas las historias.

En un mundo a menudo dividido, la arepa emerge como un símbolo de unidad. Es un punto de encuentro, una excusa para compartir. Por eso, en su día, el mejor homenaje es encender la budare, preparar la masa y ofrecérsela a un amigo, a un vecino, a un desconocido. Porque en cada mordisco a esa tortilla dorada, no solo hay harina y agua; hay tradición, hay hogar y hay un abrazo redondo que nos recuerda que las cosas más sencillas suelen ser las más extraordinarias.

¡Feliz Día Mundial de la Arepa! Que la disfrutemos, la compartamos y nunca dejemos de honrar su delicioso legado.

Redacción C.C.

13-09-2025