O el síndrome de la estupidez
Por: Fortunato González Cruz…
“No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.”
Quevedo
A todo el mundo le gusta hablar mal del gobierno y más a los venezolanos que lo tenemos en los genes. Quizás esa costumbre nos venga de los españoles que van para el cielo y van llorando. Es una práctica universal hacer crítica a los gobernantes y a los gobiernos en serio, es decir, mediante el análisis científico de sus personalidades y de sus actuaciones, y también burlarse de ellos, hacer chistes y disfrutar del buen humor a costillas de sus defectos, de sus ocurrencias o de sus errores. El mismo Chávez era de buen humor e hizo chistes de todos los colores, incluso procaces, hasta de sí mismo y seguramente, llanero y barines, gozaba con el buen chiste que le inventaba la gente.
La burla política es el argumento fundamental de obras literarias tan extraordinarias como el Quijote de Cervantes, y aquí en nuestra patria fue magistral el humor político de Andrés Eloy Blanco, de Miguel Otero Silva, de Julio Garmendia, de Aquiles Nazoa y en crítica política dura destaca Juan Vicente González quien es quizás el mejor ejemplo. En Mérida el más destacado en este género es Emilio Menotti Spósito en particular en su obra “Cantos Bárbaros”.
Quizás lo que pasa es que la plasta ha sido tan grotesca que el sentimiento de pena los abruma hasta llevarlos a perder el buen humor, esa cualidad tan venezolana de burlarse de todo. También esa cosa íntima de casi todo radical extremista el resentimiento, la compañía permanente de un complejo inconfesable, del fracaso como componente de una personalidad compleja y retorcida, la convicción del fracaso allá en el fondo del alma.
La crítica y la burla al político es lo más normal en una sociedad normal, y anormal donde la sociedad está enferma. También es sabido que lo que se diga con humor es mejor que lo que se diga en serio. Pero, por lo general, la autoridad no tiene sentido del humor. Es más, se pone estúpida, se incomoda; pierde la perspectiva y al molestarse tiende a reprimir y a castigar. Así han sido todos los dictadores.
Rodolfo Izaguirre escribió en “Ideas de Babel” un artículo titulado “La burla frente al poder, periodismo y humor, y brinda la siguiente anécdota: “El actor que montó un sainete en el teatro burlándose de Soublette enmudeció cuando el Presidente lo invitó a Miraflores para conocerlo. “No se asuste”, le dijo Soublette. “Venezuela no se ha perdido, ni se perderá nunca, porque un ciudadano se burle del presidente. Venezuela se perderá cuando el presidente se burle de los ciudadanos”. Por eso siento que en la hora actual, Venezuela está casi perdida”.
Al final, los letreros en las oficinas y en los espacios públicos muestran la ilimitada posibilidad de la estupidez.




