Por la calle real: ¿Hasta cuando?

Por: Fortunato González Cruz…

Los venezolanos han puesto más, mucho más que los ucranianos en su revolución naranja, que los árabes en su primavera, que los chilenos en su resistencia y sin embargo siguen en el poder los responsables de la mayor tragedia que ha sufrido Venezuela en el siglo XX y lo que va del XXI.

Es evidente que los que tienen el poder no sienten dolor por este país, no se conduelen del sufrimiento de su pueblo, ni les interesa la quiebra de la democracia ni el fin de la libertad. Su capital está aquí pero no su interés, está en Cuba, como lo afirma  Moisés Naim: “La ayuda venezolana es indispensable para evitar que la economía cubana colapse. Tener un gobierno en Caracas que mantenga dicha ayuda es un objetivo vital del Estado cubano. Y Cuba lleva décadas acumulando experiencia, conocimientos y contactos que le permiten operar internacionalmente con gran eficacia y, cuando es necesario, de manera casi invisible.” Es obvio: para Cuba no hay prioridad más importante que seguir controlando y saqueando a Venezuela. Y La Habana sabe cómo hacerlo.”  El enfriamiento de las protestas luego del referendo revocatorio frustrado fue obra de Obama y las declaraciones del canciller ruso del pasado jueves que pretende enfriar las actuales son muestras de lo que se mueve en el ámbito del juego cupular.

La crueldad, el cinismo y la sumisión a Cuba del grupo gobernante son inverisímiles, como la actitud de la Fuerza Armada, instrumento de la brutal represión con la que pretende sostener en el poder a quienes han perdido el respaldo popular, los objetivos iniciales de un proyecto social, hasta la lógica de la política y se han puesto al servicio de un país extranjero. También pesan los temores de no saber qué hacer con tanta culpa a cuestas.

No queda otra alternativa que seguir adelante en la lucha por la Constitución e impedir la consolidación de la cubanización de Venezuela. Mantenerse dentro del espíritu del artículo 333 que impone el deber de luchar por la plena vigencia de una Constitución que es un pacto social que une, bien entendido y desarrollado por el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad. Como lo señala este importante documento “La dirección política democrática ratifica su estrategia única y medular seguida hasta ahora para lograr el cambio político: civil, constitucional, democrática, electoral y pacífica.” Y “Logrado el cambio y superado el actual Régimen, el liderazgo democrático asume el compromiso de asegurar la gobernabilidad mediante la conformación de un Gobierno de Unidad y Reconstrucción Nacional, amplio, pluralista e incluyente.”