Por la calle real: La dictadura aprieta

Por: Fortunato González Cruz…

La dictadura aprieta más y más en la creación de su circunstancia y elabora sus reglas en sentido contrario a las normas superiores de la Constitución. Para ello usa las instituciones del Estado que mantiene bajo su control. En ese papel de transformación pseudojurídica ha jugado un papel determinante el Presidente de la República, la Sala Constitucional y el Consejo Nacional Electoral y se ha llegado al extremo de derogar casi todo el orden constitucional definido por la Asamblea Nacional Constituyente que se reunió en 1999 a instancia del presidente Chávez. Razón tiene la Fiscal General  Luisa Ortega Díaz cuando afirma que el gobierno se cargó lo único que quedaba del legado de Chávez. Por supuesto que no se acordó que Maduro y este enorme fiasco revolucionario también es legado suyo.

Sobre este entramado con apariencia de legalidad busca legitimar lo que el pueblo venezolano rechazó y sigue rechazando: un estado comunal que ni es Estado ni es comunal. No es Estado, así con mayúscula, porque los estados son instrumentos que han creado las sociedades modernas para organizar, legitimar y limitar el poder, con un fin y unos objetivos, como lo hace la Constitución de 1999. Tampoco es comunal porque este ficticio y presunto estado que se pretende fundar no es más que un armatoste con algún viso de organización política de cara a una población sometida y a un escenario internacional indolente, es decir, la organización territorial y sectorial del PSUV.

En la cotidianidad se vive el mayor desorden jamás imaginado ni siquiera por los más pesimistas; porque el gobierno no es capaz de poner orden y porque además es lo que menos le interesa. No puede imponerse porque ni tiene suficiente fuerza ni el pueblo se ha dejado dominar. Por el contrario, cuando trata de imponerse recurre al atropello, a alianzas con delincuentes, al abuso de los instrumentos de represión que han causado mucho dolor. Al sentimiento de humillación ha agregado el de la indignación y tanta terquedad ha producido una rebelión que sacude a toda la población que solo desea vivir tranquila y que está convencida que para ello Maduro debe dar paso a una salida democrática, si es que aún le queda tiempo.

La última ocurrencia es una burla: convocar a una constituyente y luego elecciones de gobernador es una trampa tan grosera que es de suponer que no la creerá nadie. Dudo que a estas alturas haya alguien en la MUD y fuera de ella que crea en una solución electoral, lamentablemente.