Por la calle real: Sobre la selección de alcaldes

Por: Fortunato González Cruz

En las elecciones de los gobernadores de los estados del 15 de octubre de 2017, quedó demostrado que el control de la población es muy fuerte, especialmente de los sectores más pobres de la población, y que funcionaron los mecanismos de registro como el Carnet de la Patria, de coacción mediante el monopolio de la distribución de productos alimenticios básicos a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción CLAP, el amedrentamiento de las milicias bolivarianas y de los colectivos motorizados armados, todo bajo la autoridad del Registro Electoral Permanente.

La dependencia de los sectores populares de los mecanismos gubernamentales de distribución de alimentos en medio de una gravísima crisis los hace en extremo vulnerables. Su subsistencia y la precaria alimentación de las familias dependen de manera dramática del acceso a la bolsa de comida, a la pensión, al empleo público, al favor del Consejo Comunal o del líder del PSUV de la localidad. Esto genera miedo y sumisión. El rechazo de la población al gobierno, que las encuestas ubican en un 80%, no tuvo expresión en las urnas, puesto que los mecanismos de control y amedrentamiento obligaron a la población, como en Cuba, a optar por sobrevivir. Por supuesto que hubo en esas elecciones de gobernadores otros elementos que es importante analizar, como la pérdida de expectativas de solución de los problemas reales de la población por la Asamblea Nacional, controlada por la oposición gracias a que el pueblo le dio su respaldo en diciembre de 2015.

Ahora se precipita una convocatoria a elegir alcaldes y se soslaya a los Concejos Municipales como antes a los Consejos Legislativos, la dirigencia política nacional desprecia los municipios porque le interesa más el poder nacional que es donde se bate el cobre. El resultado es un asfixiante centralismo, una férrea dictadura del centro del poder del PSUV y de los partidos de oposición que ahogan cualquier posibilidad de abrir espacios de libertad en los ámbitos locales, imponen desde Caracas todas las estrategias y todas las tácticas. La tiranía encuentra así su réplica. Nada de esto es nuevo, pero es más opresor.

A contravía de la élite centralista, apoyo los escasos intentos de rebeldía en los estados y municipios que se han atrevido a trajinar los fragosos caminos de la autonomía, a ejercer la soberanía en sus pequeños espacios, a intentar respirar sin las mascarillas que le impone esta edición polícroma de la dictadura. Con todos los riegos, con todas las dificultades y con todas las trampas, donde racionalmente sea posible, como en muchos municipios merideños, lo menos que podemos hacer los demócratas es volver a las urnas a intentar salvar los pocos espacios de libertad en nuestras ciudades y pueblos, en lo que puede ser una de las últimas oportunidades de ejercer nuestra magullada soberanía popular.