Por la calle real: ¿Nos quebramos como pueblo?

Francisco González Cruz…

La revolución bolivariana ha puesto a prueba la condición humana de los venezolanos. Una prueba dura, atroz y criminal. Los venezolanos hemos sido sometidos de tal manera a una experiencia cotidiana que se puede tomar como un cruel examen de lo que somos como pueblo, como un colectivo con una cultura y unos valores positivos y negativos que son los que nos identifican. Transcurridos poco más de 500 años de la conquista española y el inicio de nuestro mestizaje, la cultura resultante de ese proceso histórico es violentada por ataques a sus valores más profundos, desde los familiares hasta los patrióticos, del lenguaje al conocimiento, de la moral a la religión, todo ha sido afectado por el proceso bolivariano. A poco más de 200 años de nuestra existencia como República se nos mueven las bases políticas fundacionales, desde el Municipio hasta la cúpula del Estado, desde las sagradas cenizas de El Libertador hasta el respeto a los héroes civiles. Nada se salva.

Los que se ilusionaron con Chávez ven cómo sus sueños terminaron en pesadillas; los que creyeron que un militar pondría orden allí tienen el caos como respuesta; los que creímos que el liderazgo nacional aprendería algo nos quedamos atónitos de tantas torpezas juntas. El pueblo más pobre y más ofendido que nunca, defraudado por unos y otros, con sus virtudes y vicios sometidos a prueba, no tiene otra alternativa que hacer su cola, soportar las humillaciones, sobrevivir ya casi sin esperanza; las clases medias apenas logran aprovechar la inercia de las pocas cosas que le quedan de los tiempos de bonanza; y los trabajadores, desde empresarios a obreros echándose el país a cuestas. Las élites, más y más parasitarias del rentismo, viven a pierna suelta con la acumulación de ahorros bien o mal habidos. Se desatan todos los demonios que el control social tenía bajo control, y se apela a todas las virtudes para soportar el peso de la cotidianidad.

Los venezolanos tenemos unas bases culturales que si bien no son sólidas para el orden y la disciplina lo son para la libertad, para la creatividad y para el emprendimiento, pero nos hace falta una ecología para la modernidad que eche las bases de un impulso inicial, o una sincronía que deliberadamente conecte a toda la sociedad. Ello requiere políticas consensuadas de largo plazo, lo que supone una élite política que logre acuerdos mínimos. A ello se acercó el Acuerdo de Gobernabilidad de la MUD que no pasó de otro papel de su sarta de ocurrencias. Se puede seguir el ejemplo del Perú y desde la provincia ir construyendo el país que no se ha podido hacer desde Caracas. Volver a lo local, generar procesos de modernización desde lo local. La Lugarización, como la propone el geógrafo Dr. Francisco González Cruz.

Pero hay tres problemas que impiden cualquier paso adelante: los partidos políticos y sus dirigentes, reproducción más dañina que los antiguos cogollos que se cargaron la democracia, carentes de programa que no van más allá de sus mezquindades. El centralismo, que ahoga cualquier iniciativa que surja desde la provincia incluso la dirigencia emergente que ha podido comenzar su andadura desde las elecciones regionales y locales. Y los militares, que de ejército libertador pasó a eso que vemos y que prefiero ni siquiera describir por pena. Pueblo hay que aun soporta hasta la desesperación, pero sin orientación política no habrá un camino.