Por la calle real: Tiempo de esperanza y de amargura

Por: Fortunato González Cruz…

Llega Adviento entre lo dulce propio de este tiempo de esperanza y lo amargo de la crisis venezolana a la que no se le ve solución ninguna, frustrada como ha sido la voluntad popular expresada el 6 de diciembre del año pasado. Entonces la ya muy mala situación fue edulcorada con aquel triunfo popular que poco a poco se fue abatiendo al irse transformando con mayor velocidad y profundidad el sistema constitucional en un régimen  dictatorial. Hoy ya no queda nada de Constitución, ni de revolución socialista, ni Plan de la Patria. Solo una delincuencia instalada en el poder con el único objetivo de quedarse allí y saquear lo que quede. Atrás quedó el derecho del pueblo a revocar sus gobernantes, las elecciones de gobernadores, el desarrollo endógeno, la seguridad y la libertad. También el diálogo fue una burla y hasta el papa Francisco cayó en el lenguaje soez  de los voceros oficiales. A las malas noticias les acompañó una, una sola clamorosamente silenciada por los medios públicos: La elevación al Colegio Cardenalicio del Arzobispo de Mérida, ese faro de luz que alumbra desde los Picos Nevados a toda Venezuela y se dilata por toda América Latina.

La asombrosa reserva de optimismo y paciencia de los venezolanos aún soporta la dura prueba a que está siendo sometido, pero no sabemos cuánto más aguante. La Navidad con sus pesebres y adornitos, ya sin regalos ni brindis, seguro que será tiempo de alivio pero cargado de nubarrones. Habrán muchas gracias a Dios y seguramente más oraciones de súplica. Los venezolanos pediremos más luz para ver el camino, fortaleza para no doblar las rodillas ante los déspostas, que no se apague la esperanza.

Ruego porque la familia se reúna en torno al pesebre de cara a la dulzura de María, a la fe de San José, a la piedad de los pastores y a la ternura de aquel Niño que encarna la Divinidad, que se inmolará por nosotros para ser eterna la esperanza y la redención. ¡Feliz Navidad a mis apreciados lectores! Los tiempos duros son propicios para la unión, para sacar del fondo de nuestros corazones los mejores valores individuales y colectivos porque el año que viene posiblemente exigirá mucho más a todos y cada uno de nosotros para limpiar la casa, despejar el horizonte y hacer posible a los que vienen una patria nueva.