La conspiración electrónica

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

Para el presidente Maduro aparece un nuevo anticristo, el nuevo “malo de la película”: según él y sus colaboradores existe una conspiración electrónica del dinero virtual, la cual es una variante de la moderna mitología de la teoría de la conspiración y del Nuevo Orden Mundial. Las grandes corporaciones de compensación financiera digital planetaria se confabulan para limitar las transacciones que realizamos los venezolanos por vía electrónica. Adicionalmente, desde un ordenador manejado en el imperio (no podría ser de otro lugar) se impone la tasa de cambio de referencia, sin que el gobierno pueda hacer algo para evitarlo, acción que obedece a una estrategia para crear una crisis económica inducida artificialmente por los mercados financieros internacionales.

Esta fantasiosa tesis de novela de espías esgrimida por el gobierno, cuya trama señala a la derecha venezolana y a sus colaboradores internacionales como los causantes de un gran apagón económico en el país, es la continuación del guión de siempre que endosa responsabilidades a terceros por la incapacidad de gestión y la improvisación de las medidas adoptadas. Maduro en su delirio enfermizo señala que todo forma parte de un ataque cibernético perpetrado desde el seno del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos para sabotear la economía del país. Aparece nuevamente la trilogía Cúcuta-Miami-MUD Today, quienes pasan a la guerra cibernética como táctica para intentar derrocar al gobierno revolucionario.

El gobierno no termina de comprender que las políticas adoptadas tienen repercusiones, en consecuencia los actores económicos toman posición ante las medidas con la finalidad de minimizar los efectos de las mismas y para beneficiarse de las lagunas dejadas. Las restricciones en el manejo del efectivo anunciada por la Superintendencia de Bancos (SUDEBAN) a partir del 01 de diciembre invitó a los actores a acumular efectivo fuera del sistema bancario, con lo cual los cajeros fueron y serán insuficientes para atender una demanda creciente estimulada por una inflación desbocada.

En un estado primitivo de soporte electrónico para el sistema de pago digital era previsible que la estructura colapsara; ante la ausencia de efectivo los consumidores utilizamos el dinero electrónico para realizar los pagos y en consecuencia la red se fundió. Las colas para realizar los pagos eran este fin de semana interminables, lo cual indica que la situación se va a mantener hasta que aparezca el nuevo cono monetario, en otras palabras hasta que salga la nueva familia de billetes.

Mientras el mundo evoluciona hacia nuevas formas de pago más rápidas, confiables y seguras, en Venezuela, por una visión anacrónica de un socialismo trasnochado, retrocedemos a sistemas de pago antiguos. El futuro necesita una banca más ágil y abierta, preparada para explorar opciones y gestionar un entorno que siempre tendrá un componente de incertidumbre e inestabilidad global, y se tendrá que adaptar a cambios y nuevas normas, a una mayor presión fiscal y a la situación política y social en cada momento. En este contexto, la capacidad de innovar es fundamental, y la tecnología se convierte en el facilitador que permite incrementar los servicios a los clientes y adaptarse a los cambios con la velocidad que exige el mercado. El gobierno revolucionario no propicia ni estimula el desarrollo de una banca que se ajuste a esa nueva realidad; por el contrario, la hace por improvisación o de manera deliberada, replegándose, anulando su competencia.

La percepción de la relación del cliente con el banco tiene un componente muy importante asociado a la prestación de los servicios bajo el concepto de oficina bancaria y en las facilidades inherentes a los medios de pago. Indudablemente con soportes tecnológicos tan frágiles los servicios prestados por los bancos en términos generales en Venezuela serán cada día peores. El gobierno de Maduro y su banda olvidaron que la economía está en el centro del modelo de convivencia y la desvincularon de los sistemas de protección social, de los pilares de Estado y el bienestar colectivo. Olvidaron la gerencia pública para alumbrar un modelo económico de igualdad, más eficiente y eficaz social y productivamente, que aporte recursos a nuestro Estado de protección social.

Apostamos a que tanta improvisación y tanto olvido no termine afectando al sistema bancario y financiero en su totalidad, hasta el colapso definitivo. Las crisis financieras se derivan de un conjunto de factores presentes en la economía y esperamos que la ligereza no cunda para evitar males mayores.

Los sistemas de pago constituyen una pieza básica para la actividad económica y financiera de un país y son la infraestructura a través de la cual se movilizan los activos en una economía. Intentar limitar la actuación del sistema de pago con restricciones gubernamentales produce las distorsiones presentes, por lo cual la idea de una conspiración es totalmente absurda. Lo que en realidad ocurre es una peligrosa ignorancia en materia financiera y de sistemas de información y comunicaciones. Lo que vivimos no es una película de espías y conspiraciones sino una amarga y triste comedia de equivocaciones.

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