La contemplación sobre la canonización del doctor José Gregorio Hernández y de Carmen Rendiles constituye un vivo ejemplo de santidad que ha llegado a nuestras vidas con la fuerza de su humildad y su entrega desinteresada, recorriendo las calles de nuestro país.
 
Para nosotros, venezolanos, sus reconocimientos no son solo noticias de la Iglesia o peticiones de jerarcas eclesiásticos; son un recordatorio de que la santidad puede surgir en nuestro propio suelo, entre las calles y nuestras familias. Nos enseñan que podemos ser «santos de a pie», viviendo cada día con servicio y oración como acto de fe cotidiana.  
 
Es motivo de orgullo contar con los retratos en el la Basílica de San Pedro, donde se alzan como símbolos de superación ante la adversidad que como nosotros ellos también padecieron. Atravesaron momentos difíciles pero se levantaron gracias a la oración, la espiritualidad y la fortaleza que les brinda la eucaristía.  
 
Que los santos venezolanos nos inspiren a pedir un milagro para todo nuestro país, milagro de libertad, tranquilidad y ánimo renovado para seguir construyendo una vida en paz, especialmente en estos tiempos que demandan mucha oración.  
 
Tengo plena confianza en que la justicia divina llegará pronto a nuestro pueblo; justicia que no se manifiesta en caos, ni guerra, sino como el justo reconocimiento y recompensa a quienes merecen ser escuchados y hoy están oprimidos. Hoy podremos dormir tranquilos sabiendo que nuestro país seguirá prosperando bajo el cuidado de Dios y bajo el ejemplo de tantos santos que nuestras calles hacen posible cada día.  
 
¡Felicidades Venezuela! Que el legado de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles siga guiando nuestros pasos hacia un futuro lleno de esperanza y paz.
 
Pbro. Danny Xavier Peña Dávila
19-10-2025