En Riohacha del 23 al 28 de septiembre de 2024
Es una competición de fútbol once entre sacerdotes católicos dada desde hace ocho años, y este año correspondió a su novena edición. En ella participaron un total de 24 escuadras de Colombia, México y Venezuela, y algunas las conformaron en comunión con otras diócesis o vicariatos, asimismo los jugadores eran tanto diocesanos como religiosos.
Por Venezuela concurrió la Diócesis de San Cristóbal, (segunda intervención), constituyendo ella con la Diócesis de Guadalajara, México, las dos delegaciones del extranjero. Desde luego, la Diócesis de San Cristóbal fue reforzada por cuatro sacerdotes de la Arquidiócesis de Mérida y uno de la Diócesis de El Vigía.
A esta competición se le denomina “La Copa de la Fe”, y en realidad contiene un significado preciso: la competitividad deportiva, atlética, de los distintos equipos, su desenvolvimiento tanto en el terreno de juego como en la cancha, imposible y contradictorio fundarla totalmente sobre la voluntad humana, más bien totalmente sobre la de Dios. Así, los distintos jugadores, todos sacerdotes a excepción del director técnico y otros asistentes, debían competir convencidos de ser guiados y transformados por la fuerza de lo sagrado, y no ésta por ellos. Por supuesto, a la vez demostraron que el valor de lo divino no desmantela ni incomoda sus fuerzas físicas y mentales, y que, por consiguiente, ningún jugador considera inferior en talento futbolístico al otro, cuando cada uno ofrenda sus méritos personales al servicio de todo el plantel.
Este talento, apreciando el jugador y su particular posición en el terreno de juego, trabajo no fácil pero loable de cada entrenador, es sostenido por ellos mismos al encontrarle un sentido y una finalidad. Un “sentido”, porque el Evangelio es de misericordia pero exigente, y lleva a motivarnos no por Él número de los más o menos habilidosos, sino por la calidad de sus personas al momento de lidiar con las tensiones que nunca faltan. Y de “finalidad”, porque en el fútbol el jugador, como el papa Francisco define al misionero, (en efecto, la Diócesis de Riohacha celebra en este evento el centenario de su evangelización), no agota su calidad en una monótona “autorreferencialidad”, sino en una actividad inteligente y paciente: escucha y ayuda.
De este modo, ningún jugador impone su voluntad olvidando los nexos de fraternidad, al contrario, preocupados por justificar con tino su trabajo técnico y táctico, sin alterar exageradamente los normales límites de su humanidad y los del otro, con alegría y seriedad, dona sus propuestas y aptitudes para alentar y triunfar, ya que uno es indispensable para el equipo en la medida en que demuestra amistad y fortaleza con el fin de imponerse en un juego que divierte e involucra efectivamente tanto a las diócesis, al entrenador, a los suplentes, a los aficionados, y a quienes siguen su desarrollo a través de las redes sociales.
En conclusión, “La Copa de la Fe” enseña, tanto a los que tradicionalmente han participado como a los que por primera vez lo hacen, que el encuentro fraterno y deportivo con el otro a quien apenas estamos conociendo, no es el resultado de una ideología o de una mera casualidad, sino el de un logro común inspirado y labrado según esta exhortación paulina: “Los atletas se privan de todo; unos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita”.
28-09-24
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.




