La crisis energética en Cuba ha sido un fenómeno recurrente en la historia reciente de la isla, y en octubre de 2024, alcanzó uno de sus puntos más críticos. La fallida planta termoeléctrica Antonio Guiteras colapsó el 18 de octubre de 2024, dejando a gran parte del país sin electricidad y enfrentando apagones generalizados que duraron más de 20 horas al día en algunas zonas. Esta situación ha paralizado actividades económicas, suspendido clases y cerrado industrias no esenciales, afectando tanto a la economía como a la vida cotidiana de millones de cubanos.
Una de las principales causas de esta crisis es la falta de inversión en las plantas termoeléctricas, que constituyen cerca del 80% de la generación eléctrica del país. El deterioro de la infraestructura y la dependencia de combustibles importados han sido factores clave en la vulnerabilidad del sistema energético cubano. Durante las primeras décadas del régimen castrista, Cuba dependió casi exclusivamente de la Unión Soviética para satisfacer su demanda de energía. La caída de la Unión Soviética a principios de la década de 1990 marcó el comienzo de una grave crisis económica en la isla, conocida como el “período especial”.
Durante este período, la isla sufrió una severa escasez de petróleo, lo que expuso la vulnerabilidad de la economía cubana y su sistema energético. Los cortes de electricidad eran frecuentes y duraban hasta 12 horas al día, paralizando el transporte público y obligando a los cubanos a buscar alternativas como bicicletas y vehículos de tracción animal. Además, la falta de combustible también obligó a Cuba a adoptar un modelo de agricultura urbana y orgánica, abandonando los cultivos mecanizados y enfocándose en el uso de tracción animal.
Con la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela en 1999, Cuba encontró un nuevo aliado dispuesto a proporcionar petróleo en condiciones favorables a través del acuerdo PetroCaribe. Sin embargo, esta dependencia del petróleo venezolano también se convirtió en un arma de doble filo. En lugar de utilizar este periodo de alivio para diversificar sus fuentes energéticas, Cuba continuó enfocada en su sistema basado en combustibles fósiles. La falta de recursos financieros hacía imposible la adquisición de equipos modernos y el mantenimiento necesario en las centrales existentes, muchas de las cuales tienen más de 40 años de uso.
La crisis energética actual no es un evento aislado ni inesperado, sino el resultado de décadas de falta de inversión y dependencia de aliados externos. Los apagones prolongados han afectado tanto a la economía como a la vida cotidiana de los cubanos. La falta de electricidad ha llevado a que millones de personas soporten altas temperaturas sin aire acondicionado ni ventilador, y ha causado la descomposición de alimentos en los refrigeradores. Además, los cortes eléctricos han interrumpido los servicios de agua, el comercio, los semáforos y el internet.
Las soluciones para Cuba no son fáciles, porque ha pesar de la ayuda significativa que le dio Venezuela, especialmente con el presidente Hugo Chávez, no busco soluciones de largo plazo como el desarrollo de energías renovables o mejorar la eficiencia energética. El 95% de la matriz energética de Cuba de hoy es de combustible fósil, solo en el 2019 elaboraron un decreto ley para enfrenta el problema energético. Cuba ha tocado recientemente al gobierno de México buscando un nuevo mecenas, frente el agotamiento de la fuente petrolera venezolana.
El gobierno cubano ha responsabilizado al embargo estadounidense de la crisis energética, afirmando que, si se levanta el embargo, no habrá apagones. Sin embargo, la realidad es que la crisis energética en Cuba es el resultado de décadas de negligencia y dependencia de combustibles importados. La falta de inversión en las plantas termoeléctricas y el deterioro de la infraestructura han sido factores clave en la vulnerabilidad del sistema energético cubano.
Para encontrar una solución sostenible a largo plazo, Cuba necesita diversificar sus fuentes de energía y reducir su dependencia del petróleo importado. Esto requeriría inversiones significativas que Cuba actualmente no puede realizar sin apoyo internacional. Sin embargo, sus principales aliados petroleros, Venezuela y Rusia, atraviesan actualmente problemas económicos, políticos y geopolíticos.
En conclusión, la crisis energética en Cuba ha puesto en evidencia la necesidad de encontrar soluciones sostenibles a largo plazo. La falta de inversión en las plantas termoeléctricas y la dependencia de combustibles importados han sido factores clave en la vulnerabilidad del sistema energético cubano. Para superar esta crisis, Cuba necesita diversificar sus fuentes de energía y reducir su dependencia del petróleo importado, lo que requerirá apoyo internacional y un cambio significativo en la política energética del país.
Econ. Douglas C. Ramírez Vera
Profesor del IIES-ULA




